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La soberanía política frente a la “rapiña”

 El lunes 7 comenzaron las conversaciones entre la Argentina, con el ministro de Economía a la cabeza, y los fondos buitre y su representante legal con sede en Nueva York, Thomas Griesa, quien ha designado un intermediario para este fin, el ya famoso Daniel Pollack. En una discusión que pinta para largo, donde ambas partes manifestaron la volutad de seguir avanzando en ese marco de diálogo, la Argentina expuso, como lo viene haciendo desde hace largo tiempo, ante Pollack, la necesidad de que se reponga la medida suspensiva sobre el esquizofrénico fallo de Griesa que, hoy por hoy, obstaculiza la posibilidad de los bonistas que sí ingresaron a los canjes de 2005 y 2010 de hacer efectivo su derecho a cobrar el depósito por sus títulos con legislación estadounidense y europea que la Argentina ya realizó y que se encuentra paralizado en el Banco de Nueva York, por mandato del juez.

En ese contexto, donde el país volvió a ratificar su volutad de terminar de normalizar su situación financiera -secuela del default de 2001-, en condiciones justas, equitativas y legales para el 100% de los bonistas, adentro y afuera del país el "juicio del siglo" ha abierto importantísimos y necesarios debates. Así, la OEA, la ONU, el G-77+China, el Mercosur, la Unasur, la Celac, el Parlasur, entre otros actores de la comunidad internacional, han puesto de manifiesto, en consonancia con el planteo argentino, la necesidad de avanzar en marcos regulatorios que pongan límite a la capacidad predatoria del capital especulativo internacional que vulnera la soberanía de las Naciones y el bienestar de los pueblos.

Fronteras adentro, ayer se conoció la declaración del Foro del Pensamiento Económico para el Proyecto Nacional, que tengo el honor de integrar junto a un nutrido grupo de prestigiosos colegas de las ciencias económicas y sociales. Entre ellos, Alejandro Rofman, Mario Rapoport, Andrés Asiaín, Alejandro Romero, Eduardo Vior, Ernesto Mattos, Salvador Treber, Hernán Brienza, Mariano De Miguel, Guillermo Wierzba, Eduardo Crespo, Pedro Báez, Mariano Beristain, Roberto Arias, Alejandro Vanoli, José Sbatella, Héctor Hugo Trinchero, Hernan Letcher, Claudio Scaletta, Artemio López, Mara Laudonia, Juan Pablo Enríquez, Federico Bernal, Diego Rubinzal, Martín Burgos, Mariano Kestelboim, Juan Fal, Agustín Crivelli, Alejandra Fernández Scarano, Rafael Selva, Sebastián Carbonetto Köln, Horacio Rovelli, Ricardo Rotsztein, Nicolás Tereschuk, Graciela Treber, Roberto Hilson Foot, Hernán Soltz, Rodrigo López, Ignacio Vila, Iciar Recalde, Edgardo Rodríguez del Barrio, Julia Strada, Pablo Mareso, Andrés Pizarro, Federico Castelli, Gerardo De Santis, Gastón Navarro, entre muchísimos otros que, con justa razón, se enojarán conmigo por la tiranía de los caracteres que me impide nombrarlos como merecen.

Con todos ellos coincidimos en la necesidad de seguir avanzando en la abolición definitiva de aquella "dependencia financiera que derivó en gobiernos condicionados", producto de la deuda externa que significó "uno de los principales dispositivos de sometimiento al capital financiero interno e internacional". En ese sentido consideramos que "el kirchnerismo representa un esfuerzo emergido de nuestra sociedad por romper con esa dependencia cultural, económica y financiera", donde "la estrategia de desendeudamiento permitió recuperar el control de la política económica." Entonces fue posible "recuperar áreas estratégicas de la economía nacional" como YPF, "herramienta para reconstruir nuestra soberanía energética", así como incrementar "la obra pública, la inversión en educación y la protección social, institucionalizando las paritarias en defensa del salario y garantizando el avance de una redistribución progresiva del ingreso nacional".

Es contra esas conquistas que, con "la complicidad del sistema judicial norteamericano" -entendemos- apunta un "fallo absurdo, reñido con la ley y los contratos" que es de imposible cumplimiento en tanto "contiene el germen de demandas potenciales por parte del 92,4% de los bonistas que ingresaron a los canjes de 2005 y 2010 y pone en riesgo la reestructuración". Por eso alertamos también sobre "los caranchos locales" que "exigen nuestra rendición incondicional a los buitres". Afirmamos que "lo peor que le puede pasar a la Argentina no es el fantasma del default técnico que se busca instalar", de modo que "si los buitres quieren empujarnos a un curioso default técnico, aún cuando Argentina sigue cumpliendo los compromisos contractuales", el país seguiría "viviendo y trabajando con lo propio, y fortaleciendo sus vínculos con la región y con el mundo emergente, como lo viene realizando desde el año 2003" donde "la falta de acceso a los mercados internacionales privados de crédito no fue impedimento para generar las condiciones económicas que permitieron a millones de argentinos mejorar su calidad de vida".

En base a ello, "apoyamos los esfuerzos del gobierno nacional", sostenidos con una firmeza inédita en nuestra historia, donde la genuflexión ha sido la regla y la defensa de la soberanía, la excepción.

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