Economía

Las Bolsas con fe y con esperanza (y mucho cuidado)

Esquivar la recesión económica depende de que la pax comercial no haya arribado tarde (y se mantenga).

Un acuerdo es un acuerdo. En tiempo de guerra y disputas, la intención vale. Ya sea en el terreno del comercio o del brexit. El mundo está exhausto de librar batallas sin encontrarles sentido. El crecimiento se escurre entre tanta fisura, y ya rivaliza con la anemia de la última crisis financiera. Si el presidente Trump empujó adrede la confrontación con Beijing -y la mantendrá como política hasta la elección de noviembre 2020-, está claro que también precisa una amarra para soportar el temporal del impeachment, la brusca retirada de Siria y, sobre todo, de una inoportuna recesión al acecho. Y su par chino Xi Jinping necesita lo mismo. La venganza es un plato que se sirve frío, y China se enfría (la economía, no la política al calor de la tenaz rebeldía de Hong Kong), pero Beijing no puede correr el riesgo de los platos rotos. A tragarse el orgullo, pues, y no tentarse por el mal momento de la Casa Blanca. Así se forjó la tregua comercial, la tercera, que no será la vencida pero evita un doble traspié, les concede respiro a los EE.UU. y a China y al mundo, aunque sea un arreglo de ocasión. No muy distinto es el origen del pacto que el primer ministro británico Boris Johnson suscribió con la Unión Europea (UE). Al exalumno del Eton College lo corría la fecha límite del 31, a la UE el fastidio por acabar con el cuento del brexit y la buena pipa. Ambos hicieron concesiones para poder garabatear sus firmas sobre el papel. Se sabe: el sábado, el Parlamento rechazó la iniciativa y empuja a un nuevo pedido de extensión. Lo que vale, sin embargo, es comprobar que el abismo no es una alternativa que se privilegie en la hoja de cálculo. No se quiere el choque frontal. Ni el brexit duro. Ambos sinos -y peor, una recesión- asustan hasta los huesos. Cuando asoman, se desensilla y surgen los acuerdos de último minuto. Sin que la sangre llegue al río.

¿Cómo conciliar que 2019 sea el peor año en diez para la economía global y que Wall Street se pavonee en las alturas? ¿Cómo resisten las Bolsas del mundo la sequía de los indicadores, la abundancia de los conflictos geopolíticos y los malos pronósticos (de todo tipo)? Con fe y con esperanza de que no habrá error de cálculo. Con posiciones livianas, y ausencia de nuevos flujos (que recalan en los casilleros defensivos desde donde tal vez podrían sumarse en un futuro soleado). Con el cuidado de no pisar más allá de los récords (no hasta conseguir argumentos sólidos). Con suma fe en la Fed. Flexible y vigilante a partir de diciembre y, desde julio, embarcada en una secuencia de poda de tasas que ya hilvanó dos recortes y promete el tercero, la semana próxima. No sólo la Fed es amiga: docenas de bancos centrales se empeñan en la tarea de relajar las condiciones monetarias a modo de prevención. Y si el problema no es el tenor de la política, sino la calidad de la infraestructura, la Fed de Powell también hace trabajos de plomería. Que no es un quehacer menor: la última vez que redujo la tasa de fed funds -a un tope de 2%-, la tasa de los repos (pases) se disparó a 10%. Tremendo. Desde entonces, el banco central inyectó más de 200 mil millones de dólares, y ya se comprometió a suministrar 60 mil millones de dólares más por mes. Se aclara que esto no constituye una reedición de la expansión cuantitativa -el famoso QE-, pero la confusión sobrevive, y por cierto no perjudica. La liquidez extra, vertida overnight, repercute en el tramo corto de la curva de bonos y se lee (erróneamente) como una descompresión de los riesgos de recesión. Pero hay también un as genuino bajo la manga, la utilización de la política fiscal. Mientras Trump ya la quemó en los EE.UU. con su natural precipitación, Europa la conserva intacta. Y un BCE dividido como nunca en materia monetaria pontifica que no hay otro camino. El superávit alemán es, bajo esa óptica, la próxima gran cantera de estímulo.

¿Qué puede salir mal? O mejor dicho, ¿qué más que no se sepa? Hay una recesión industrial en las gateras, otra en la rentabilidad de las empresas (despunta el tercer trimestre consecutivo de caída interanual en el S&P 500) y esquivar la recesión económica depende de que la pax comercial no haya arribado tarde (y se mantenga). Pero la Bolsa repara en el vaso a medio llenar. En las cosas que podrían salir bien, y arreglarse o mejorar. No hay euforia ni burbuja. Apenas la sana efervescencia del agua mineral.

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