Opiniones

Las encuestas de cara a las próximas elecciones

No es el momento de descartar metodologías sino de tornarse más inclusivo aún y seguir aprendiendo de estos complejos fenómenos sociales.

La brecha entre los resultados de las últimas elecciones primarias PASO y los pronósticos que daban la mayoría de las encuestas generó un gran interrogante: ¿por qué utilizando las mismas metodologías y herramientas que en 2017 esta vez las encuestas no lograron anticipar los cambios ni cuantificar las preferencias del electorado?

En las últimas PASO se presentaron particularidades distintas a los de procesos del pasado. Entre las más relevantes, los analistas destacan:

  • La importancia que tuvo el “rechazo” como driver para la elección, el cual implica una mayor dificultad para la medición
  • La gran variabilidad que tuvo el voto en relación a las últimas dos elecciones. Los datos son contundentes: en 2015 Cambiemos ganó en 80 municipios de la Provincia de Buenos Aires, en 2017 lo hizo en 113 y en 2019 solamente en 43.
  • El voto de último momento o “poco convencido” fue determinante en los centros urbanos. ¿Se pudo haber “escondido” ese voto en la tasa de no respuesta que todo estudio presenta?

Un aspecto a tener en cuenta es que, en los análisis sobre la opinión pública, el carácter “construido” o la interpretación de información juega un papel muy relevante. En otras palabras, para la construcción de un “buen dato” y de números “acertados”, no basta con una rigurosa medición. Los mapas sociales dinámicos, los climas de época, las sugestiones y convencimientos dominantes en determinado momento histórico plantean un desafío siempre cambiante.

Para reducir el impacto de esas “dinámicas” y lograr una mejor representación de la realidad es fundamental combinar metodologías y complementar diferentes técnicas de recolección de datos. Claramente, cada metodología tiene sus ventajas y desventajas, y ninguna es definitiva.

  • El Interactive Voice Response (IVR) toma fuerza con la inmediatez de una contienda electoral, la urgencia de un político en campaña y la necesidad de toma de decisiones rápidas; los tiempos con los que permite trabajar es factor clave, principalmente en el spring final de una campaña, y sus costos suelen ser “accesibles”. La desventaja principal es la limitación de la penetración telefónica y su carácter de autoadministrado, que impide un control pormenorizado de consistencia. Estos factores pueden mitigarse trabajando con operadores telefónicos y ampliando el universo a la población con telefonía móvil, aunque tampoco generan una situación óptima.
  • Las encuestas domiciliarias o presenciales permiten cuotas estrictas y contacto directo, y una llegada a todos los estratos. Sin embargo, depende de la predisposición del público para detenerse a responder para transmitir su simpatía partidaria, representando así un sesgo. Asimismo, en la práctica no se logra el acceso a todo tipo de urbanización, representa costos elevados y tiempos lentos.
  • En cuanto a las encuestas online, logran muy buenos resultados con el público acostumbrado al entorno digital, pero todavía no pueden asegurar una cobertura homogénea en el total de la población. Además, sus tiempos pueden no ser tan previsibles como se necesita para la toma de decisiones durante una campaña electoral.

De dos grupos poblacionales que apoyaron la fórmula peronista, el nivel socioeconómico bajo no tiene buena penetración de líneas telefónicas fijas. El otro grupo fueron los jóvenes: ¿podemos lograr una buena cobertura de ellos con alguna metodología que no sea online? Además, la no respuesta nos brinda el desafío de desmarañar ese voto que no es fácil de ser declarado por el encuestado: ¿tenemos que pensar en incluir incentivos?

El gran aprendizaje que nos dejaron las PASO del 11 de agosto es que, en determinado contexto, determinada combinación de metodologías, herramientas y análisis puede lograr un alto nivel de precisión; pero en sólo dos años después, volverse ineficiente.

No es el momento de descartar metodologías sino de tornarse más inclusivo aún y seguir aprendiendo de estos complejos fenómenos sociales. El porvenir de la consultoría política exige no olvidar la necesidad de combinar metodologías y saberes como forma de hacer frente a la “liquidez” actual de la sociedad y sus subjetividades oscilantes y escurridizas.

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