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Las fachadas de De Zuviría, un retrato ominoso de la ciudad

Durante 30 años y en casi 200 imágenes ha perseguido una misma fotografía en los barrios de Buenos Aires, pobretones pero dignos.

“Indicios de la vida urbana”, la muestra antológica de Facundo de Zuviría curada por el francés Alexis Fabry que presenta el CCK, pone en evidencia el estilo de un artista inconfundible. Durante casi 30 años y a través de 200 imágenes, De Zuviría parece haber perseguido una misma fotografía: una fachada de los barrios de Buenos Aires, mayormente pobretones pero dignos. La estructura constructivista se reitera en los frentes con un idéntico encuadre frontal y la misma reiterada simetría. En el centro del muro rectangular hay una puerta y a ambos lados, los cuadriláteros que conforman las ventanas.

Si bien el diseño casi abstracto es el soporte de las fotos, cada época posee marcadas características. Las imágenes de los años 80 son más narrativas, hay vidrieras con personajes dibujados, brillos, reflejos y glamour. No obstante, “Turcos asesinos” de 1988 es un antecedente de la “Siesta argentina”, la serie en blanco y negro donde el drama de la crisis financiera de 2001 queda a la vista. El “Mercadito” amarillo ostenta la tendencia a la abstracción, característica tan argentina que De Zuviría acentúa en la actualidad. El color desaparece en la “Siesta argentina”, las fachadas de los comercios con las persianas cerradas brindan un testimonio silencioso del mundo clausurado y opresivo al que ni siquiera los graffitis logran infundir vida. La ineludible referencia a la situación económica, social y política del país, expresada en ese universo inmóvil, arrastra hasta el presente la memoria del espectador. La quietud metafísica de los negocios vacíos en ese sueño diurno de la siesta se contrapone al hermetismo y la obscuridad de una “noche” ficticia, creada al intensificar las sombras en medio de la claridad del día. La serie significó para el artista el ingreso al MOMA neoyorquino.

“De Zuviría vagabundea, deambula por una Buenos Aires sembrada de indicios y signos, en un estado de disponibilidad extrema, con los sentidos al acecho. Sus paseos y las fotografías resultantes dibujan sobre la ciudad un segundo plano onírico: lo que todavía existe pero ya habla al pasado”, observa Fabry. El texto de un erudito en la materia rinde cuenta de la nostalgia que logra capturar la lente. Y allí mismo, en las breves copias de tamaño postal y otras de pequeño formato, se perciben tantas cosas que la ciudad ha perdido.

“La tacita”, los sombreros de “Elvira” y los oropeles de las vidrieras decoradas del suburbio movilizan al que mira. Las fotos de las vidrieras están fechadas en la década del 80, pero parecen venir de un pasado lejano, difícil de volver a ver. Los carteles y letreros de tipografía antigua aparecen como rastros de una cultura perdida. Las fotos poseen una condición atemporal y, la excelencia del oficio sirve, ante todo, para poner en evidencia el catálogo de emociones que suscita la ciudad.

La muestra culmina con la serie “Frontalismo”. Las viviendas de la sufrida clase media argentina en el umbral de la pobreza están frente a una ciudad amenazada y enrejada que se protege de la violencia. La repetición de estos escenarios de similar apariencia es sistemática. “Siempre fotografié las fachadas de frente, buscando en esas líneas simples y austeras los rasgos definitorios de su esencia, una suerte de argentinidad manifiesta en nuestros frentes urbanos”, señala De Zuviría. Con estas palabras expresa el deseo observado en el inicio de este escrito: la voluntad de capturar una misma foto que transmita “esa suerte de argentinidad”. En una vitrina figuran libretas de apuntes, la serie experimental “La secuencia decisiva”, con diversas tomas en secuencia rápida de cruces peatonales y semáforos, y los libros. Ediciones Larivier supo acompañar la carrera del artista con sus publicaciones. “Siesta argentina” es un libro desplegable al estilo de los biombos chinos que tiene como antecedente el catálogo con forma de acordeón que Richard Avedon presentó en el Metropolitan de Nueva York. Dedicado a Buenos Aires, el libro vuelve a comenzar cuando se termina. De este modo se potencia una obra conceptual y se acrecienta la marea de dudas que dejan flotando las imágenes. Antes que nada, si lo que se exhibe es el fin o el principio de la “siesta argentina”.

La última publicación, “Frontalismo. Algunas tipologías urbanas de Facundo de Zuviría”, también está dedicada a los frentes. Es una suerte de catálogo personal de fachadas de viviendas, tiendas y construcciones que aspiran a “la máxima objetividad en la representación”. El ensayo “La textura pública de la ciudad” de Adrián Gorelik, habla sobre la crisis de las tres últimas década provocada por el impasse de la modernidad urbana.

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