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Leiva: "Es difícil entender una canción sin abismo"

Es uno de los artistas más convocantes de España. Se presenta este sábado en Museum Live. La composición como campo de guerra mental.

“Después de superar mi límite mental, he vuelto a remontar de repente...”, canta Leiva en “No te preocupes por mí”, la canción que forma parte de “Nuclear”, es disco que este sábado presentará en Museum Live ante 2 mil personas. Y en esa frase, el artista expone su condición natural: el juego de los opuestos. Acción y contracción. Sístole y diástole de la canción.

Un devenir que lo deja expuesto en sus composiciones. No es casualidad, por caso, que el tema que le sigue se llame “Maniobras suicidas”. “Siempre estoy buscando el abismo. Una canción sin abismo es difícil de entender”, asegura el artista en diálogo con Estilo A.

En “Nuclear”, su cuarto disco solista, Leiva realiza un viaje primitivo hacia los orígenes de la canción. Un trabajo que lo llevó desnudarse un poco más a través de una serie de notas de voz. Y de vos. Porque, en concreto, el cantautor lo que muestra es una parte vital y elemental de cómo ese tema final tuvo un principio que, otra vez, lo vuelve a dejar en un plano de exposición. “‘Lobos’, por ejemplo, tiene un impacto rock y terminó siendo una canción rabiosa, pero la concebí como un tema lento. Las cosas no nacen con un concepto. Las cosas nacen sonando horrible”, asegura.

Periodista: Más allá de no tratarse en lo concreto de un disco sobre el amor, nunca está ausente el corazón. ¿El amor sigue siendo algo épico?

Leiva: No concibo la vida sin tener una compañera, es algo muy importante en mi vida. Tuve la fortuna de que me criaran bajo un manto de amor y termina siendo un recurso literario muy bestia porque es algo de lo que no tienes control, que te sorprende y te puede sobrepasar. Te da seguridad pero a la semana siguiente te da inseguridad.

P.: ¿Y qué tanto necesitás el filo a la hora de componer? ¿Es una búsqueda?

L.: Me creo que no. Que siempre busco el equilibrio. Pero siempre me empujo al filo. Hay un punto de masoquismo. Se me tienen que mover cosas y tengo una manera de relacionarme con esto que es un poco dañina.

P.: En muchas de tus canciones se reflejan estados sombríos que pueden relacionarse a la quietud y una consecuente depresión. Pero da la sensación concreta de que es más parte de una cuestión de euforia.

L.: Claro. Exceso de euforia. Es una manera interesante de definirlo. En las canciones hay un grado de intensidad y creo que para poder escribir hay que tener una mirada aprensiva y exagerada. Son unos cuantos adjetivos que me definen. Desde el confort y el equilibrio es difícil de escribir.

P.: ¿Las canciones propias siguen impactando como la primera vez?

L.: Una canción deja de representarte muy rápido. Es una foto de un momento vital. Por eso hay que aprovechar la gira porque en ese momento tiene una emoción que con el tiempo va a ir perdiendo. Hay que disfrutarlas porque es cuando las canciones se defienden mejor y con más verdad.

P.: ¿Las notas de voz que acompañan al disco responden a los tiempos en los que vivimos?

L.: En estos tiempos donde la gente muestra la intimidad a lo bestia me parecía interesante mostrar mi intimidad musical. Mostrar de dónde viene una canción y cuál es su primer retrato. Me hacía mucha gracia esto de editar el primer disco de la historia grabado en un teléfono. Y sí, creo que esa desnudez, esa imperfección, es muy importante para explicar “Nuclear”.

P.: Como contrapunto temporal, el disco también cuenta con una gran historia epistolar entre una amiga tuya que de chica se carteaba con un niño inglés que, luego de pedirle una foto, dejó de escribirle y que, con el correr de los años, se enteró de que terminó siendo el artista que interpretó al gigante en “El gran pez”, de Tim Burton. ¿La carta sigue siendo otro lugar vivo para el amor?

L.: Mi mejor amigo trabajó toda su vida en el circo. Y me he pasado la vida escribiéndole cartas. Es una de las grandes pérdidas de los tiempos. Con el paso de los años ganamos muchas cosas y perdimos otras. Escribir una carta de tu puño y letra no tiene nada que ver con mandar un mail. Siempre está la misma tipografía y de esa manera se despersonaliza.

P.: En esa línea, ¿qué te pasa con los cambios en el lenguaje?

L.: No me gusta que en mi mirada hacia lo nuevo se imponga la nostalgia. Pero sí, hay un punto en el que el lenguaje de antes me conmueve más. Pero hay que avanzar. Veo a un youtuber y no lo entiendo, pero no quiere decir que considere que está mal. Veo que es un canal de comunicación brutal. Yo a la edad de los chicos en vez de tener un casco virtual, jugaba a la pelota. Pero no sé si eso que hice es mejor o peor. Lo importante es que hay que estar siempre con los tiempos que corren y no añorando lo anterior.

P.:-Vuelvo al disco. Le entregaste a Enrique Bunbury una de las frases más bestiales del trabajo. ¿Por qué?

L.: Porque la escribí para él. Sólo había una persona en el mundo que podía hacerla. Tiene un universo muy particular en su voz, que tiene oscuridad…

P.: Y épica…

L.: Totalmente. Es genial que entre ahí. Tanto él como Ximena Sariñana le aportaron otra dimensión y la hicieron más grande.

P.: Muchas de tus canciones tienen referencias directas a nombres propios, lugares y fechas. ¿No te preocupa la idea de cantar en un futuro algo que ya no es?

L.: Lo hago porque pertenezco a la generación que se enamora de relacionarse con las referencias. Siempre pensé que quizá podía quedar desfasado. Pero no. Me encantan las referencias. Se puede colocar una imagen muy importante. Y es algo que me enseñó Joaquín Sabina. “Nunca digas en la carretera, tienes que decir en cuál”, me recomendó una vez.

P.: Cuando empezaste a venir al país, llevabas 200 personas. Este sábado te presentarás para 2 mil. ¿Cómo evaluás el recorrido?

L.: Me gusta pensar que la carrera en Argentina es la más justa que tengo. Me enorgullece. Llevo 15 años viniendo. Todos los años los teatros en los que me presentaba fueron creciendo. Hay una fidelidad que me conmueve.

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