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Limar diferencias para unirse, el difícil desafío de los euroescépticos

Los grupos parlamentarios anti-UE se alzaron con 171 de las 751 bancas en la Eurocámara y, en caso de unirse, podrían representar la segunda fuerza.

Bruselas - Pese a su progresión contenida en las elecciones a la Eurocámara, las fuerzas euroescépticas, desde los conservadores hasta la extrema derecha, tendrán complicado forjar un frente común durante los próximos cinco años, según los analistas.

Los tres grupos parlamentarios considerados como euroescépticos de derechas se alzaron en su conjunto con 171 de los 751 eurodiputados en juego, impulsados por las victorias de Matteo Salvini en Italia y Marine Le Pen en Francia.

De federarse en un grupo, podrían representar la segunda fuerza de la Eurocámara, por detrás del PPE (180, derecha proeuropea) y por encima de los socialdemócratas (146), pero sus diferencias en cuestiones como Rusia alejan esa posibilidad.

“La extrema derecha no será lo suficientemente grande para bloquear la legislación. Y, vista su desunión, siempre necesitará una de las grandes fuerzas para hacer algo”, según Pelle Christy, de la consultora Euraffex.

El caleidoscopio político que constituyen los partidos euroescépticos en Europa está repleto de contradicciones, como la política migratoria, y de viejas rencillas que vuelven estas potenciales alianzas muy volátiles o incluso imposibles.

En 2014, la formación del eurófobo británico Nigel Farage, actual jefe de filas del Partido del Brexit, rechazó cualquier alianza con los nacionalistas de Marine Le Pen, denunciando una postura poco clara sobre el antisemitismo.

Jean-Yves Camus, especialista de la ultraderecha en la Fundación Jean Jaurès con sede en París, tampoco vislumbra un “grupo único”. “Las líneas son demasiado divergentes y (Le Pen) suscita todavía cierta desconfianza”, apunta.

Para Steven Blockmans, del Centre for European Policy Studies, “existen demasiados intereses nacionales divergentes, políticas económicas y sociales radicalmente diferentes, así como opiniones diametralmente opuestas sobre Rusia”.

El partido nacionalista conservador Ley y Justicia (PiS), en el poder en Polonia, rechaza por ejemplo también aliarse a la ultraderechista francesa por su posicionamiento cercano al presidente ruso, Vladímir Putin.

Estas diferencias “representan un escollo para la formación y el mantenimiento de un grupo parlamentario europeo coherente en otros asuntos como la migración”, resume Steven Blockmans en una nota.

Si el campo euroescéptico se amplía a los 13 eurodiputados del primer ministro húngaro, el populista Víktor Orban, cuyo partido Fidesz se cuenta entre los 180 escaños del PPE pese a estar suspendido, las diferencias son más evidentes.

El éxito de Salvini en Italia reposa de hecho en gran medida sobre la promesa de que los solicitantes de asilo que lleguen a su país desde el norte de África puedan ser reenviados a otros países de la UE, algo que Orban rechaza de plano.

La cuestión ahora es conocer qué compromisos podrían asumir una vez en la Eurocámara, máxime cuando la implicación pasada de los ultraderechistas en la actividad parlamentaria fue, a juicio de los analistas, tibia.

“No podemos decir que los diputados del Frente Nacional [actual Agrupación Nacional, de Le Pen] hayan bloqueado mucho”, según Sébastien Maillard, del Instituto Jacques Delors, que subraya su capacidad limitada para interferir.

Esto podría incitar al partido de Viktor Orban a continuar en el seno del PPE, el mayoritario de la UE y en el que también se encuentran pesos pesados de la política europea como la canciller alemana, Angela Merkel.

“Orban hará todo lo posible para seguir en el PPE e influir en las contradicciones internas” del grupo, donde su violenta retórica antimigración también tiene sus adeptos, estima el politólogo Marc Lazar.

Vistos sus enormes resultados a nivel nacional, al dirigente húngaro “no le interesa para nada” implicarse con Matteo Salvini y Marine Le Pen, apunta Jean-Yves Camus.

Agencia AFP

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