Espectáculos

Lita Stantic: una apuesta permanente al cine de calidad

A lo largo de una trayectoria de casi 60 años, ya lleva estrenadas más de 30 películas.

Lita Stantic lleva casi 60 años en el cine y más de 30 películas como productora, siempre arriesgada, siempre tranquila, y con un único vicio, el cigarrillo. Con ella (y muchas veces, gracias a ella) filmaron Adolfo Aristarain, Alejandro Doria, María Luisa Bemberg, Pablo Reyero, Pablo Trapero, Lucrecia Martel, Gabriel Lerman y otros. Ahora es el turno de un viejo amigo, autor de películas singulares: el poeta Gustavo Fontán, que el jueves estrena “La deuda”. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Cuánto hace que se conoce con Fontán?

Lita Stantic: Hace años, inclusive escribimos un guión que por ahí debe andar. Recuerdo más el título que la historia: “A veces me quería”, sobre una relación no del todo compartida. Ahora vino con este guión, que me gustó, tiene pocos personajes, encabezados por Belén Blanco, una actriz excelente, y todo transcurre en una noche en Avellaneda. El mayor problema fue rodar de noche, pero la municipalidad nos ayudó. Al bingo donde transcurre una escena lo conocí cuando era un cine. ¡Enorme! Según el administrador, tenía más butacas que el Gran Rex. Y dos cuadros de Berni. Todavía puede verse parte del superpullman. Bueno, el jueves estrenamos.

P.: ¿Tendrán una buena salida?

L.S.: Elegimos las salas que nos dan un buen horario, lo que no es fácil. Antes estabas en todos los horarios, hoy te puede tocar a las 13 y a las 23. Tampoco se cumple la cuota de pantalla. Hoy el éxito, para un independiente, es llegar a los 10.000 espectadores. En 2001 “La ciénaga”, con un distribuidor independiente y una directora entonces desconocida, alcanzó 132.000 espectadores.

P.: Hablando de 2001, ¿cómo fue hacer “Un oso rojo” en pleno corralito?

L.S.: Empezábamos un lunes y justo el viernes anterior se anunció el corralito. Matías Mosterein me llamó, “Lita, pasa esto”. Dije “Sigamos adelante”. Involucramos dentro de la misma cuenta bancaria a otras personas, así cada una retiraba una parte de lo que necesitábamos. Todo estaba muy acotado, nos costaba pagar, inclusive cargar nafta, a veces Sica (el sindicato de técnicos) no nos permitía salir a filmar porque había manifestaciones medio violentas, fue todo muy loco. Pero en medio de esa locura, Adrián Caetano, el director, resolvía las cosas con seguridad, resultaba fácil trabajar con él. Es muy expeditivo, y se portó muy cariñoso conmigo, me agradeció haber seguido. Eso es importante. Como productora, me decido cuando me interesa el libro, el director, y llevarme bien con el director. Hubo películas que ya estaban prácticamente armadas y me dije “no quiero discusiones”, porque preveía que no me iba a llevar bien. Yo trabajo con gente tranquila y organizada, como fueron, por ejemplo, Eduardo Mignogna, Alejandro Doria, María Luisa Bemberg.

P.: Usted empezó jovencita y en buenas épocas.

L.S.: Mi primer trabajo, apenas salí del secundario, lo conseguí por un aviso del diario. Entonces los diarios estaban llenos de avisos de trabajo. ¡Y resultó ser en la contaduría de Argentina Sono Film! Seríamos 8 chicas y un contador, y arriba el famoso doctor Juan Carlos Garate, que al principio me daba un poco de miedo. Yo soñaba conocer a Leopoldo Torre Nilsson, pero nunca fue. Quien iba seguido a ver las recaudaciones era Eduardo Borrás, porque justo ese año, 1963, se estrenó “La patota”, que fue un éxito enorme, pero la mayor ganancia era para Tinayre y Borrás, que tenían el 75%. Los de Sono lo miraban con envidia. Con el tiempo, ya por mi cuenta, fui jefa de producción de “Mosaico”, “La Raulito”, “Sola”, “Contragolpe”, y otras que ahora no recuerdo. Me acerqué en estos últimos años a Martínez Suárez, a ver si me contagiaba la memoria. También estuve en “Operación Masacre”, de Pablo Cedrón, muy generoso, muy loco. Filmamos los fusilamientos en la propiedad de una mujer políticamente opuesta a él, pero él era seductor y la convenció. Años después vino a verme su hija, Lucía Cedrón. Tenía un guión muy interesante, muy bueno, lo siguió trabajando, y lo hicimos: “Cordero de Dios”.

P.: ¿Cómo conoció a María Luisa Bemberg?

L.S.: Yo trabajaba con Alejandro Doria y la cruzábamos en el laboratorio. Justo cuando terminamos “Los miedos” ella me llamó por teléfono, me dijo que estaba preparando su primera película, “Momentos”, que quería hacerla con la empresa de Doria, y que ella podía poner el dinero. El no quiso, entonces le dije “me voy a trabajar con María Luisa”, Después nos asociamos. En diez años, los años que más trabajé en mi vida, hicimos cinco películas de ella, también “El verano del potro”, “Fútbol argentino”, y servicios de producción para dos miniseries francesas, la primera con Juan Luis Buñuel, que era divino, un ser humano fantástico. María Luisa siempre decía que tenía poco tiempo. No paraba. ¿Por qué? “Empecé tarde”, contestaba. Siguió inclusive cuando ya estaba enferma.

P.: La única que no hicieron juntas fue “De eso no se habla”.

L.S.: Porque yo estaba preparando mi propia película como directora, “Un muro de silencio”. Fui desarrollando un libro, largo tiempo. Me encontré con Graciela Maglie, íbamos escribiendo. Gabriela Massuh hacía una especie de chequeo. No pensaba dirigirla, pero me preguntaban, porque es una historia bastante personal. Todo lo que tiene que ver con Julio Chávez y Soledad Villamil refleja lo que viví con Pablo Szir, la escena del bar, por ejemplo. ¿Si hacer algo así ayuda para cauterizar las heridas? Puede ser, no sé.

P.: Cerremos con una obra gratificante: “Café de los maestros”.

L.S.: Se debe fundamentalmente a Gustavo Santaolalla. El juntó a los viejos tangueros en el Colón, contrató a Miguel Kohan para que los filmara, grabó el disco, y consultó con Walter Salles, que dijo “hablen con Lita”. Así rodamos unas tres semanas más. Es conmovedora esa película, porque todavía estaban un montón de seres increíbles, algunos muy viejitos, ya, como Horacio Salgán, Mariano Mores, Virginia Luque. Es una película bella.

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