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Litto Nebbia: "Hay una contradicción en los negocios de la música"

El artista advierte sobre los movimientos de un mercado que elimina formatos para luego reciclarlos a mayor valor. El rock como tercer escalón en la idiosincrasia musical argentina y su relación con Alberto Fernández: "Es un tipo muy culto, muy preparado", sostiene.

Lo primero que se escucha al llegar a Melopea es la inconfundible voz de Litto Nebbia, el prócer del rock argentino; el compositor inquieto e imparable. Pero no se lo oye través de sus más de mil trescientas canciones que recorren medio siglo de música popular argentina. Es su voz acá y ahora, en vivo y en directo, a través de las paredes, grabando nuevo material en el estudio que habita hace treinta años.

En el mágico mundo de Melopea no sólo se escucha detrás de las paredes. Las paredes hablan. De los discos de oro de Los Gatos y de los diplomas y reconocimientos por todo el mundo. De Yupanqui y de Goyeneche, de Rosario y de Buenos Aires. El hall de Melopea funciona como un museo vivo, como la obra de un artista en constante movimiento que no cae en el ejercicio excesivo de la nostalgia por más que sea muy atractivo lo que muestra el espejo retrovisor. “Soy un agradecido de la permanencia que tienen todas esas obras, pero al mismo tiempo siempre estoy tocando con la llama encendida, haciendo cosas nuevas”, explica Litto Nebbia, en lo más parecido a un manifiesto.

En Melopea no sólo se viaja en el tiempo y se proyecta el futuro. Acá se resiste. Se lucha. Las bateas de vinilos y compactos exhiben desde “Alma”, su último trabajo solista publicado en 2018, hasta los discos iniciáticos de Los Gatos, que pudo recuperar medio siglo después y remasterizar como él quería. No es su única batalla. El guerrero no se rinde ante el avance del streaming y la anunciada muerte del formato físico. Es un sobreviviente. “Hay una gran contradicción en los negocios”, sentencia. Y advierte que “a mí no me molesta porque soy profesional y me doy cuenta; pero la misma gente que hace treinta años te decía que el vinilo era cosa de viejos, una porquería que no servía, ahora te dicen que es lo mejor que hay. Y te lo cobran el triple”. Quien quiera oír, que oiga.

Con este mismo espíritu circular, inquieto y combativo está organizada su agenda. No hay dos conciertos iguales, parece. El inminente, el de este viernes 18 en el Torquato Tasso, lo presenta en formato íntimo, a piano, guitarra y con una carpeta con setenta canciones de su amplio repertorio de las que elegirá entre las más representativas y las escondidas. Y más allá, su participación en “Rock Argentino en estado sinfónico” (el 18 de noviembre en el Teatro Coliseo), y los últimos conciertos de la gira “Está en tus manos”, con Ricardo Soulé, Nito Mestre y Silvina Garré (30 de noviembre y 1° de diciembre, también en el Coliseo). Y para el año que viene, el desafío en el Lollapalooza. “Me da mucho gusto participar entre artistas muy nuevos”, se entusiasma.

Entre tantos proyectos, Nebbia trabaja, por ahora, en dos álbumes. Uno en clave rosarina, junto a Adrián Abonizio, inspirado en otros personajes claves de la ciudad que los vio nacer. En el otro, hace dialogar el concierto de 1979 donde estrenó “Solo se trata de vivir” con canciones actuales. “Siempre fui así, desde adolescente. Me entusiasma hacer cosas nuevas, participar con otros músicos, y disfrutar de las diferentes químicas que se generan en el escenario, cuenta el músico de 71 años

Periodista: ¿Cómo se combina el oficio de compositor, en tu caso tan prolífico, con el de intérprete?

Litto Nebbia: Me gusta meter en medio de mi repertorio canciones que no son mías, pero que tengo bien metidas en el alma y que me acompañaron en diferentes momentos de mi vida. Y decido hacerlas cuando estoy seguro de que puedo interpretarlas a mi estilo. Si canto “Toda mi vida”, es inútil que la quiera hacer como Goyeneche, y juego la armonía. Lo mismo cuando hago alguna de las zambas bellísimas de Leguizamón/Castilla, llevo la letra y la melodía a mi interpretación.

P.: Esa interpretación ya es un género en sí mismo. Hay un estilo Nebbia dentro del cancionero popular.

L.N.: Tengo un estilo, sí, y es algo bravo de conseguir. La gente me pregunta de dónde saqué mi forma de cantar y es algo que traía de chico, desde los seis años, ya hacía tururú, jugaba con las melodías. Y desde siempre estoy prendido para escribir, pero hay algunas canciones que tardo más que otras, pero porque trato de darle cierta elevación, otro registro espiritual o artístico, que lleva más tiempo.

P.: ¿Dónde está la última resistencia hasta que la canción está lista?

L.N.: Las letras son un misterio. Por lo general me cuestan más, pero me pasó en muchísimas canciones, que letra y música salieron en el momento, lo que yo le llamo a tiempo reloj. “Solo se trata de vivir”, “Vals de mi hogar”, “El otro cambio, los que se fueron”, salieron así, de una. Yo termino agotado, porque parece que me lo transmiten de algún lado y tengo que estar alerta, porque si no me lo voy a olvidar.

P.: Es increíble como canciones que trascienden el tiempo y el espacio hayan salido en un puñado de minutos…

L.N.: Es muy extraño, recién cuando termino de escribir la canción, y releo lo que escribí, me doy cuenta de por qué camino fue lo que quise decir. Porque la música tiene un terreno más abstracto, podés divagar, cambiar de tono; pero con las letras no, son cosas personales que van derecho a la bobina. No estoy jodiendo, lo que digo es lo que me pasa adentro.

Nebbia

Una de esas canciones que salieron de un tirón es “Solo se trata de vivir”. Surgió en 1979 en medio de una guitarreada durante su exilio mexicano, en una residencia estudiantil en San Luis Potosí. El tema le bajó en tiempo reloj, como dice Litto, y la cantó unas cuantas veces para que no se le escape. Al día siguiente, la estrenó en un concierto en una universidad en Aguas Calientes, y a partir de entonces la canción viajó por el mundo. Hace un año, descubrió que hay un registro de aquella primera vez. Y Litto no pudo con su genio. Empezó a imaginar un álbum allí, pero editar el concierto sería poco original. “Armé un disco nuevo, la mitad con ese recital de 1979, y la otra mitad con canciones de 2019. Mi idea es que escuches 40 años, y que no encuentres diferencias de calidad, de intención ni de estilo”, se entusiasma el autor.

P.: Es una época de aniversarios redondos y en diciembre se cumplen 50 años de “Beat N°1”, el primer álbum de Los Gatos con Pappo en la formación. ¿Qué motivó a ese cambio de sonido?

L.N.: Era algo que pasaba en todo el mundo. Ya habían aparecido los grandes violeros, con Hendrix a la cabeza, y la guitarra pasó a tener un lugar decisivo en las bandas. Nosotros veníamos de tres discos más pop, y cuando lo llamo a Pappo todo el grupo dio un cambio. Ciro Fogliatta, que tocaba el órgano eléctrico, se compró un hammond terrible, y Moro, baterista divino, la batería con doble bombo.

P.: Al poco tiempo se terminaron Los Gatos y comenzaste a incursionar en otros géneros, como el folklore o la fusión. ¿El rock te asfixiaba?

L.N.: Lo que no quería era quedarme componiendo encerrado en un tupper, en un departamento, me gusta conocer otras culturas y otros lugares. Pero era bravo, cuando proponías algo nuevo te querían liquidar. El ortodoxo, que está en cualquier género y generación, te pega de cualquier lado, y a mí me daban los folkloristas y los rockeros. Ahora es todo un poco más amigable, por suerte.

P.: ¿Por qué creés que perduran las canciones de los inicios del rock argentino?

L.N.: Hay canciones que quedaron grabadas en el corazón de la gente, que pasaron de generación en generación, y me parece que eso tiene un valor muy bueno. Fue fundamental el boca en boca que siempre acompañó al rock, y las reediciones de los discos por toda América. Vaya donde vaya se conocen todas las canciones, me hablan de Charly, de Spinetta. Creo que al pasar los 50 años, el rock argentino ya ocupa con solidez un tercer lugar en lo que es la música original de nuestra idiosincrasia. Siempre lo fueron el tango y el folklore, y ya es hora de ubicar al rock en ese lugar.

La noche del 11 de agosto, Alberto Fernández, candidato del Frente de Todos, celebró su amplio triunfo en las PASO en una cena en la casa de su ídolo, que con el tiempo se convirtió en su amigo. Desde entonces, Litto no lo ve, algo entendible en una agenda complicada de ambos pese a conocerse desde hace más de veinte años, en los que forjaron una relación en base a simpatías musicales y políticas. A Litto le cayó bien de entrada, incluso le enseñó a tocar algunas de sus canciones. “Es un loco por la música más que por mí, se tomó el trabajo de saber las canciones con sus tonos”, cuenta Nebbia, algo incómodo por el autobombo. “Muchos dicen que son tonos raros, pero no. Hay que sacarlos, y a Alberto le gustan realmente las canciones y las toca bien”, agrega.

P.: ¿Que te significa como artista ser el principal referente del posible presidente?

L.N.: Yo no soy muy objetivo porque somos amigos hace mucho tiempo, y porque mis relaciones afectivas siempre tienen algún tipo de ligazón con la música, más allá de la profesión o a qué se dedique cada persona. Creo que la unión viene por el milagro que tiene la canción. Y en mis canciones hablo mucho de las relaciones humanas, de cosas que en algún momento te pasaron o te pueden llegar a pasar. Alberto es una de esas personas, y para mí es una satisfacción enorme; puede ser raro para la gente, pero yo lo veo como un amigo.

P.: ¿Es un orgullo que esté del lado político en el que vos siempre te manifestaste?

L.N.: A mí lo que me gusta es que se supone que está perfilado para ser presidente, y lo avalo no porque le gusten mis canciones solamente. Es un tipo muy culto, muy preparado me parece que eso está bárbaro. La música de nuestro país siempre estuvo medio abandonada en la relación con los políticos. Siempre noté que los políticos cuando tienen que referirse a una música, eligen artistas excesivamente masivos y la hacen pensando que en ese público van a tener potenciales votantes. Y sabemos que no es así.

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