Economía

Lo que se dice en las mesas

¿Quién cotiza un dólar a $25? Desdoblamiento, inflación y demás yerbas. Éxodo hacia las beach parties. De la que se salvó Botín. No se olviden de poner en la carta a los Reyes Magos algo de metal.

Con mucha gente del mercado fuera de la City, operando vía algún dispositivo, los encuentros informales, principalmente en el Este uruguayo, Pinamar y algo en zona norte marcaron el tenor de los comentarios políticos y financieros. Un conocido financista comentaba en el Este que había ido a ver clientes a Miami y para su sorpresa ahí le cotizaron el peso a u$s0,04 cuando acá está en u$s0,026. Contó que fue a comer a Maya’s Grill, en la Lincoln Road, y le tomaron los pesos a $25 por dólar. ¡Habrá que hacer cuentas! La inflación sigue siendo tema del verano mientras los estrategas electorales evalúan el desdoblamiento de las elecciones. Si Buenos Aires lo hace será toda una señal. Para los analistas, no muy buena para el oficialismo. Diciembre parece dar más del 2,3% para los privados, aunque algunos destacan que hubo una desaceleración inflacionaria sobre el fin de año. ¿Dónde? En fin, en las mesas tiene el “norte” en que la inflación empiece a dar por debajo del 2% a partir de enero. Si no, habrá problemas. Sobre todo para la tasa del BCRA, que está a full con la aspiradora. En un asado un importante ejecutivo alimenticio contó que el tenor de la recesión se veía en la fuerte caída de ventas de una conocida gaseosa de segunda marca.

Escapando de la infernal City de 40° de térmica, un grupo de operadores se embarcaron hacia el Este para ir a la fiesta de Memory en los Jardines de la Fontana (una más de la agenda de las beach open bar parties) y aprovechar el combo de la Toscana-Margarita-Black Rose, pero no sin antes comentar en el pre-embarque la suerte que tuvo el Santander en no comprar el banco italiano Carige (en 2014) que ahora cayó bajo el control del BCE. Está claro que a los españoles no les va muy bien cuando salen de compras: el caso del BBVA en China y Turquía o el Sabadell, con TSB en el Reino Unido. Mientras consolaban a un colega que había comprado bitcoin a u$s19.000 a fines de 2017 (hoy cotiza a menos de u$s3.800) a pesar que aún el mercado no termina de digerir si la burbuja tiene chances de inflarse nuevamente, todos comentaban lo que ayer había subido el papel la compañía biotecnológica Celgene, casi el 21%, en medio de un océano rojo en Wall Street, al conocerse la oferta de compra del grupo farmacéutico Bristol-Myers Squibb por u$s74.000 millones.

El oro operó ayer a u$s1.294 la onza. Bien lejos del récord que alcanzó en setiembre de 2011 (u$s1.895) tras la crisis financiera de 2008. Tocó mínimos en 2015 (u$s1.095). Desde entonces ha deambulado entre los u$s1.200 y u$s1.300. En un año que se vislumbra complicado algunos pocos como el célebre columnista de la CNBC, Jim Cramer (“Mad Money”), le ponen fichas al oro como refugio. Para Cramer lo peor de la decisión de la Fed sobre las tasas es que parece ignorar la seria debilidad de la economía estadounidense. Dijo: “Me siento impotente como en 2007, cuando avisé de que la Fed debería empezar a aflojar su tono agresivo para evitar una catástrofe financiera”. Cramer señala que la economía se ha estado enfriando desde octubre, como lo demuestra la caída del gasto del consumidor y de las grandes empresas por lo que, de seguir así, nuevas subas de las tasas solo pueden acabar provocando una desaceleración muy desagradable. Si la Fed y Powell mantienen su actual discurso, Cramer tiene clara su estrategia de inversión: comprar oro y en particular las acciones de la minera RandGold. “Tarde o temprano, la debilidad será innegable y la Fed tendrá que cambiar de rumbo”, espera Cramer, afirmando que probablemente Powell recule “en los próximos cuatro meses” y, cuando lo haga, “te arrepentirás si has vendido tus acciones porque el mercado rebotará realmente rápido” pese a que, en estos momentos, “las posibilidades actualmente no favorezcan demasiado a los que mantengan acciones en cartera”. Y es que pese al mal 2018 que tuvo el oro, el caos bursátil y una Fed más “dovish” (laxa) son los principales fundamentos que justifican la compra del oro y su vuelta a ser considerado un activo refugio.

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