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Los cambios estructurales son indispensables

El sistema financiero argentino se encuentra ante una serie de desafíos después de haber transitado un año difícil como 2018, y demostrado que se encuentra bien capitalizado, sólido, con una elevada liquidez y en pleno cumplimiento de los contratos, hoy necesita desarrollar su potencial.

El principal objetivo es crecer teniendo en cuenta que en la Argentina el ratio de crédito/PBI es de sólo 14,8%, muy por debajo de lo registrado en países de la región, en torno a 42%. En nuestro país la mitad del crédito se dirige a empresas y la otra mitad a individuos.

Del crédito de las compañías, la mitad está en pesos (3%), la otra en dólares (3%), y las pymes sólo representan el 1,3%. Para lograr ese propósito se necesita la materia prima que son los depósitos, por eso hay que recuperar el valor del peso. Es importante que la tasa de política monetaria sea positiva en términos reales y vemos que el Banco Central está trabajando en ese sentido.

Pero también hay cambios estructurales que son indispensables para que aumente el nivel de bancarización y uno de ellos es la reducción de la presión impositiva. Quien está bancarizado está en desventaja frente a quien no lo está.

La carga sobre los contribuyentes argentinos es muy superior a la del resto de los países latinoamericanos, y esa situación redunda en una pérdida de competitividad de las empresas locales, a las que cada vez les resulta más difícil acceder a los mercados. Tributos como Ingresos Brutos, y el Impuesto al Crédito y Débito Bancarios (conocido como impuesto al cheque) y tasas municipales de Seguridad e Higiene, generan distorsiones y no contribuyen al crecimiento.

Como resultado de esta situación, el uso de dinero en efectivo es muy elevado en una economía del alto nivel de informalidad, y representa otro de los desafíos del sistema financiero. En cifras, las extracciones en efectivo por mes son $200 mil millones por cajero automático y $200 mil millones por cajas de sucursales. Por mes, los retiros alcanzan aproximadamente u$s10.000 millones o u$s120.000 millones anuales, llegando al 30% del PBI. Parte de esa cifra enorme no vuelve al circuito formal, sino que alimenta la economía en negro de nuestro país.

Si bien el uso de medios electrónicos de pago está creciendo, todavía se puede mejorar. Los pagos con tarjetas de débito y las transferencias inmediatas a través de home-banking o desde las aplicaciones móviles en el celular demostraron ser seguras y fáciles de utilizar. En cuanto a las nuevas tecnologías, los bancos están dispuestos a competir con las Fintech.

La inversión de las entidades en desarrollos es muy fuerte, pero creemos que necesitamos competir en igualdad de condiciones, con los mismos requerimientos teniendo en cuenta que se tratará de la misma responsabilidad: el manejo del dinero de los usuarios del sistema financiero.

Los bancos, en tanto, avanzan en todo el mundo con alianzas estratégicas con grandes compañías de tecnología. Sabemos que es el mundo que viene y las entidades están trabajando para ello.

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