Opiniones

Los chicos en los colegios, no en los acampes

¿Qué futuro le espera a un niño que, en lugar de concurrir a la escuela, acompaña a su madre a una manifestación, acampe o al evento que lector pueda ubicar en su imaginario?

Durante la última semana los acampes en la avenida 9 de julio convirtieron el tránsito en un verdadero caos. Es claro que los cortes de calles generan importantes costos a quien debe movilizarse pero, en la locura cotidiana en la que nos hemos acostumbrado a vivir, pasa desapercibido un hecho mucho más costoso: en toda manifestación, o específicamente en los acampes de la última semana, encontramos niños acompañando a sus madres.

Los niños tienen el derecho a ser educados, sus padres la obligación de respetarlo y el Estado debería tener el poder de policía para que así sea. ¿Qué futuro le espera a un niño que, en lugar de concurrir a la escuela, acompaña a su madre a una manifestación, acampe o al evento que lector pueda ubicar en su imaginario?

Es claro que muchas cosas están muy mal en nuestro país, pero si no salvamos a los niños la Argentina no tendrá futuro. Estamos hablando de un país donde el miércoles 11 de septiembre aquellos niños que participaron de los acampes no perdieron un día de clase, sencillamente porque hemos llegado al absurdo de recordar a Domingo Faustino Sarmiento no dictándose clases. ¡Qué ironía ¡¿Qué diría Sarmiento al respecto?

¿Quién duda que ordenaría, en un lenguaje, por demás explícito, eliminar inmediatamente el feriado escolar del 11 de septiembre? Me lo imagino a Sarmiento afirmar que preferiría que no hubiese ningún acto en su memoria; es más, que ni siquiera un niño argentino recuerde su existencia, antes que privar a un niño de un día de clases.

Comparemos esta realidad con la de otras tierras. Por ejemplo Holanda, un país en serio, en el cual el Día de la Liberación del régimen nazi, uno de los acontecimientos más importantes de su historia, es Feriado Nacional tan sólo una vez cada cinco años.

Sin intención de continuar mortificándonos, sino para contribuir a tener conciencia del punto donde hemos llegado, recordemos un evento reportado por el New York Times en mayo de 2018. El hecho sucedió en Alemania, en el aeropuerto de Baviera, un par de días antes de comenzar las vacaciones escolares.

La tentación de comprar vuelos baratos, días antes del receso escolar es obviamente importante por la diferencia en el precio de los pasajes una vez iniciadas las vacaciones. Esta conducta viola la ley alemana, la cual establece las causas que habilitan a un niño a faltar a la escuela. A partir de 1919, excepciones tales como enfermedades u ocasiones especiales deben ser justificadas con nota de un doctor o una carta de los padres, y requieren la aprobación del colegio.

En el evento de referencia, la seguridad del aeropuerto detuvo a familias que pretendían partir con sus hijos de vacaciones. Los padres fueron denunciados a las autoridades locales, lo cual pudo ocasionarles multas que ascienden hasta U$S1.200. Es claro que en Alemania la educación es importante y, por cierto, las leyes están para cumplirse.

El hecho que los chicos estén en los colegios no es garantía que se estén calificando para desarrollarse exitosamente en su vida adulta. Pero de estar desvinculados de ellos, no existe chance alguna. Es necesario que los padres comprendan que, por más justo que entiendan sea su reclamo, el daño que les están haciendo a sus hijos al privarlos de concurrir a la escuela es aún de mayor relevancia. De no ser así, el Estado tiene la obligación defender el derecho de los niños a ser educados. Ello es, por lejos, mucho más importante que intentar liberar al tránsito en la principal arteria de la ciudad de Buenos Aires.

(*) Rector de la Universidad del CEMA y Miembro de la Academia Nacional de Educación. / Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA

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