Espectáculos

Los fantasmas de Landet en el fantasma del CAyC

Ricardo Ocampo, su nuevo titular, se propone crear una plataforma experimental en algunos aspectos semejante a la de Jorge Glusberg.

Waldengallery, un proyecto de Ricardo Ocampo, abrió la semana pasada en el histórico espacio que durante 30 años ocupó el Centro de Arte y Comunicación, CAyC, en Viamonte 452. Dirigido desde 1968 por Jorge Glusberg, el CAyC mantuvo vivo el arte argentino aquí y en el exterior, aun en los difíciles años 70, cuando comenzó a ganar en el mundo la fama que todavía perdura. Con la misma llamativa arquitectura de tres niveles remodelada por los arquitectos Manteola, Sánchez Gómez, Santos, Solsona y Viñoly, aunque en abierto contraste con el negro uniforme que utilizó Glusberg, no sólo en toda la superficie del CAyC sino también en sus trajes de Armani, la Waldengallery se destaca hoy por ser íntegramente blanca, salvo el piso. La blancura vuelve abstracta aquella antigua arquitectura con escaleras caracol abiertas al vacío.

La propuesta de Ocampo, director hasta 2015 de Document Art Gallery y fundador de Waldengallery el año siguiente en La Boca, consiste en crear una plataforma experimental en algunos aspectos semejante a la del CAyC, con muestras de artistas locales e internacionales de distintas generaciones, charlas, proyecciones, performance y la creación de su propio sello editorial: Yulinda. Glusberg había planeado un centro donde se cruzaran las expresiones conceptuales y los nuevos lenguajes tecnológicos. Con su inagotable energía logró atraer a los personajes más brillantes del circuito local e internacional, y de este modo posibilitó que varios de nuestros artistas se insertaran en la arena mundial. En primer lugar estuvo el Grupo de los 13, luego llegaron los integrantes de la Nueva Imagen y muchos más.

Los grandes intelectuales, filósofos y pensadores, además de quienes tejen y destejen la gloria de los artistas y ayudan a forjar carreras internacionales, multiplicaban sus viajes a Buenos Aires. El arribo de la democracia potenció este despliegue cuyo único antecedente fue el Instituto Torcuato Di Tella. El gobierno Kirchner, sin embargo, implicó la llegada de la caprichosa gestión de Torcuato Di Tella en la Secretaría de Cultura. Di Tella reconoció que estaba “en medio de un circo, con la jirafa y otros animales”, además de la gente de firme arraigo, cuya influencia todavía perdura en los jurados y los cargos de los museos. En este contexto comenzó una caza de brujas por la dirección del Museo de Bellas Artes, cargo que entonces ocupaba el ya polémico Glusberg. El resto es historia conocida.

En uno de los pisos de Walden hay una muestra de José Luis Landet. Unas pinturas abstractas flotan en medio de la superficie alargada, otras están suspendidas en las paredes. Al hablar de su propia obra, Landet cuenta que trabaja con la ficción. Ha creado un personaje imaginario y a partir de él elabora una historia que aparece representada en la exposición. El texto “Asedio fantasmal” de Tania Puente, habla de “Vivir con los fantasmas”, expresión utilizada por Derrida para definir el lapso que existe entre la vida y la muerte. “‘Vivir con fantasmas’ –señala Puente- es una operación que evoca el formato circular de un uroboro…” Es decir, la figura reitera el diseño de la serpiente que se come la cola y trae el recuerdo del símbolo de la eternidad. Tomando en cuenta la infinitud de los círculos que pinta Landet en medio de luces extrañas, Puente observa que “los tiempos de sus obras suelen ser distantes e inciertos”. Anacrónicos, para utilizar el término de Didi Huberman.

Hay en la sala un muro con una extensa serie de puños. Landet explica que son calcos del puño de su padre que fue un obrero. El catálogo es un facsímil (imaginado por Landet) del imaginario artista argentino Carlos Gómez (1945-2014). “Gómez toma decisiones independientes, existe”, aclara no obstante, Landet, como si quisiera darle vida. “Es la relación de imagen sobre imagen, capas, en donde se mezclan muchas subjetividades (porque ya somos muchos los que hacemos a Gómez: mi padre, Marcos Kramer, Gastón Arismendi, Natalia Cristófaro) y hacen una nueva imagen, negra, única”, concluye. En el facsímil se cruzan la propaganda comunista, el paisaje romántico y el atrapante relato manuscrito escrito con tipografía mayúscula donde figuran las ideas de Gómez sobre la patria y su concepto sobre “la mano de obra: el eslabón principal (Sic) de la vida”.

Allí, el flamante espacio blanco alberga el arte, la expresión política y el vuelo de la imaginación sin frontera alguna de un artista que reflexiona sobre la vida real.

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