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Los millennials, la generación que trae aire fresco a la comunidad coreana de la Argentina

"Millennial" no es solo un encuentro de orientación vocacional ni una jornada universitaria, señala la Asociación de Profesionales Coreanos de la Argentina (APCA), es simplemente "un espacio donde los jóvenes pueden escuchar a referentes".

Cuando se lanzó la primera edición, una fría tarde de sábado de 2017, cientos de jóvenes se acercaron al Instituto Coreano de Flores. La idea entonces era la misma que este año, pese a que el tercer encuentro se haya celebrado con una creciente convocatoria y en el auditorio de un elegante hotel: “La experiencia es el mejor modo de aprender”. “Millennial” no es solo un encuentro de orientación vocacional ni una jornada universitaria, señala la Asociación de Profesionales Coreanos de la Argentina (APCA), es simplemente “un espacio donde los jóvenes pueden escuchar a referentes”, con la premisa de “ser más valientes que sus padres”, de “innovar y romper con la lógica”.

En nuestro país residen unos 30.000 coreanos (unos 10.000 menos de los que había antes de la crisis de 2001), según informó el cónsul Sang-chol Song. Vive aquí la segunda comunidad más grande de Sudamérica, solo detrás de Brasil pero mayor en términos porcentuales, si se tiene en cuenta que se radicaron allí unos 50.000 pero en una población cinco veces mayor. La Argentina es un país tan exótico como intrigante. Sin embargo, como graficó la presidenta de APCA, Mi Hee Kim, durante un almuerzo ofrecido a la prensa, “parecerían dos partes de un mismo rompecabezas”. Piezas que, pese a lo diferentes que parecen, encajan con un poco de inventiva criolla y persistencia coreana.

Ese es uno de los rasgos que Kim no deja de mencionar como los atributos más sobresalientes de su cultura: “Trabajo duro, sacrificio y esfuerzo”. Es lo que convirtió a esa pequeña nación, obligada a resistir entre los colosos Japón y China, en una minipotencia tecnológica actual, la cuna de Samsung y LG, una de las repúblicas con mayor coeficiente en el Índice de Capital Humano del Banco Mundial, que estima cómo las mejoras en los resultados actuales de salud y educación incidirán en la productividad de la próxima generación de trabajadores. Ella cree que es un buen modelo para tomar: “Pese a las crisis, en la Argentina hay mucho por hacer”, repite.

Kim arribó a estas tierras cuando era niña, en una de las olas coreanas que suelen salir a nutrir y nutrirse del mundo (hay 7,5 millones viviendo en el extranjero, cerca de un 15% de la población) y recaló en la localidad bonaerense de Ramos Mejía, de la que aún conserva recuerdos y viejas amistades del colegio primario.

Se recibió de odontóloga en la UBA en 1988, donde ahora dicta clases. Conferencista internacional, preside la asociación de profesionales desde 2003 y encontró en los jóvenes la inspiración que motorizó “Millennial” como un vehículo hacia una educación y un modo de vida distintos, convencida de que “el futuro es Latinoamérica” y para desterrar el mito que las nuevas generaciones de coreanos deben ir a Estados Unidos en busca de un futuro mejor.

Kim cree que es posible que los alumnos argentinos den el salto al nuevo mundo, pero siempre y cuando se modifique el rumbo de la educación hacia las nuevas habilidades y exigencias. En su opinión, no se trata tanto de presupuestos millonarios sino de avizorar un poco más allá, en imaginar cómo será el mañana en un mundo en constante transformación, en preparar nuevas respuestas a la amenaza de las nuevas tecnologías y la robótica sobre los empleos actuales.

En “Millennial”, los referentes que hoy miran los jóvenes son la influencer gastronómica Karina Gao o el profesor de cine y artes Domin Choi. Se inspiran en testimonios como el de Pascal Mensah, el joven ghanés que dejó África cuando era un chico junto a su familia adoptiva, se recibió en Harvard y vino a vivir a la Argentina para experimentar de primera mano “cómo vive un gaucho”. “Pascal tiene una inteligencia increíble, realmente increíble, pero a veces me pregunto qué hubiera sido de él si no hubiese tenido esa oportunidad y ese contexto”, reflexiona Kim.

Su desafío es generar ese ambiente en el que los jóvenes debatan sobre su futuro sin los mandatos del pasado y disfrutando de lo que les gusta. Sin olvidar el sacrificio y el rédito económico, pero enfocados en su deseo de superarse. “Todo eso debe desprenderse”, explica, “desde algo que los apasione”.

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