Opiniones

Los motivos por los cuales confiamos en Lacunza, un ministro distinto

Está lejos del loquero de opiniones de aquellos economistas, que concurren a los canales de TV. De bajo perfil por elección y no por temor, defiende sus ideas sin llegar a improperios.

Hace unos años estábamos con Martín Redrado en el hotel Del Comahue -en el centro de Neuquén – esperando que nos pasara a buscar Julio Ramos, el recordado director y dueño de Ámbito Financiero, para visitar uno de sus emprendimientos periodísticos en el interior: el diario La Mañana de Neuquén.

Mientras tomábamos un café en el lobby del hotel y hablábamos del intenso trabajo que veníamos desarrollando en la Comisión Nacional de Valores -él como Presidente y yo como su vocero- le propuse crear una Fundación de informes técnicos financieros para cuando dejáramos la entidad del mercado de capitales. La iniciativa le interesó de inmediato y prometió que cuando llegáramos a Buenos Aires íbamos a ponernos a trabajar en su conformación.

Pasó un año de su asunción al organismo y Martín -reconozco su habilidad para lograrlo- fue nombrado, en Londres, presidente de los Mercados Emergentes por los instrumentos que aplicó en la plaza financiera, que revolucionaron el mercado de capitales en la Argentina, y que me permitieron posicionarlo a través de los medios periodísticos del mundo como el “Golden Boy”, apodo que le impusiera el Washington Post en una entrevista que lograra con su corresponsal en Buenos Aires. Esa entrevista le valió para abrirse camino hasta ser elegido por las autoridades de la Stock Exchanges de Nueva York, como un ejemplo de evolución como economista y especialista en el mercado de valores, para invitarlo a hacer sonar a las 9 de la mañana la campanilla de apertura, en una rueda de la Bolsa de Comercio de Nueva York.

Fue un acto emocionante porque fue la respuesta del éxito alcanzado por la CNV en el mercado emergente argentino.

Redrado y quién esto suscribe estuvimos desde 1991 hasta 1994 en la CNV, año en que Martín denuncia al exministro de Economía, Domingo Cavallo, por el rescate anticipado del Estado de las acciones en poder de los jubilados de YPF y se armó un escándalo de proporciones político económicas que llevó a Cavallo a pedirle a Menem la renuncia de Redrado después de dos semanas de resistencia mediática al frente de la CNV.

De la CNV a la Fundación Capital en 30 días

Martín consiguió alquilar una casa muy paqueta en la calle Sinclair, cercana a los bosques de Palermo, y desde allí nos pusimos a trabajar intensamente. Él ocupaba una oficina de la planta baja y yo una de las tres que estaban en el primer piso.

Al principio, los medios nos publicaban muy poco o casi nada de lo que dijéramos porque -según un director de un diario económico muy importante- existía la sospecha que nuestra intención de crear la Fundación era para debilitar la política económica de Cavallo.

Cuando se dieron cuenta, con el tiempo, que la opinión de nuestros economistas trasvasaban las fronteras económicas y financieras y que Redrado ganaba prestigio internacional de los medios a tal punto de ser consagrado por la revista económica norteamericana Forbes, como uno de los 100 mejores dirigentes del mundo para dirigir los destinos del Siglo 21, aceptaron su error y comenzaron a revisar y valorar la riqueza opinativa y profesional de todo el plantel profesional.

Hernán Lacunza se incorpora a la Fundación Capital

El primer economista que se instala físicamente en la Fundación fue Guillermo Corzo, especialista en temas del Mercosur que provenía de la CNV.

Mientras tanto, Carlos Pérez, que era gerente del Banco Quilmes se ocupaba, como colaborador externo hasta que se convenció que iba por mejor camino, incorporarse a la Fundación porque los informes que publicábamos en los diarios del interior y exterior del país, y llegaban a ONG, entidades bancarias, empresarios, periodistas, gobernadores, embajadas y centros del mercado de capitales, eficientizaron el rigor técnico económico y marcaron una tendencia mundial.

Pérez trajo a Hernán Lacunza y se potenció el equipo. Ambos renegábamos los lunes por las pésimas campañas de Racing, corazón futbolístico que compartíamos contra el “Rojo” de Independiente que le hice conocer a Redrado cuando tenía 14 años, y trabajaba para su padre Félix -que compraba espacios televisivos y radiales desde su Agencia Publika Internacional, transmitiendo fútbol- como “notero” de vestuario y luego como comentarista de conexión de partidos de primera división, en distintas canchas del país.

Todos los lunes a las nueve de la mañana nos juntábamos para analizar lo que había sido publicado por los medios de comunicación. Ampliábamos el debate radial, gráfico y televisivo y el rebote informativo adquiría una presencia vital para analizar el objetivo del próximo fin de semana.

Lacunza era un economista distinto. Equilibrado, que hablaba poco en un “think tank” lo suficiente conocido, y respetado por el Fondo Monetario Internacional. En una de las visitas, el FMI concurrió a la Fundación para conocer el mercado financiero argentino.

Confiamos en Hernán Lacunza por su capacidad, su gestión prolija, su honestidad, sus declaraciones coherentes. Está lejos del loquero de opiniones de aquellos economistas, que concurren a los canales de televisión repitiendo fórmulas fracasadas en gobiernos anteriores. De bajo perfil por elección y no por temor, defiende sus ideas sin llegar a improperios y a la desvergüenza pública. Muestra lo que es: un buen economista y una gran persona.

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