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Los peruanos claman por el fin de la crisis

La mayoría parece respaldar al presidente, Martín Vizcarra, en su decisión de cerrar el Congreso invocando a la Constitución. Pero no hay unanimidad.

Lima - En el Mercado de Surquillo, entre platos de ceviche, puestos de frutas y carnicerías, los comerciantes y clientes comparten un anhelo: que la disolución del Congreso peruano traiga tiempos mejores, pues sienten en sus bolsillos los efectos de la corrupción y las pugnas políticas.

“Nos afecta la crisis política, sobre todo a las personas que tenemos comercio, porque hay inestabilidad, incertidumbre. Definitivamente esto nos afecta”, dice el comerciante Orlando Villanueva, de 55 años y con dos hijos estudiantes.

“Ojalá que esto ayude a solucionar la situación que estamos pasando en los últimos tiempos”, comenta Fiorella Bellido, estudiante universitaria de Comunicación de 20 años, que trabaja a tiempo parcial en un puesto de venta de achuras.

El presidente Martín Vizcarra disolvió el lunes el Congreso, invocando sus facultades constitucionales, para acabar con los recurrentes choques de poderes derivados de las obstrucciones de la mayoría fujimorista, que además amparaba a connotados funcionarios y magistrados investigados por corrupción.

Más allá del ámbito político, la crisis no se ha traducido en caos ni tensiones y todas las actividades se desarrollan normalmente en el país, lo que puede percibirse en el popular Mercado Número 1 de Surquillo, en la zona sur de Lima.

“Lo mejor que ha hecho el presidente es cerrar el Congreso”, dice la ama de casa Jesús Lizana mientras compra verduras y frutas. Vizcarra, un provinciano con poca experiencia política, ha conseguido niveles récord de popularidad al enfrentar con energía al Congreso, que mantuvo arrinconado a su antecesor Pedro Kuzcynski hasta forzarlo a renunciar hace 18 meses.

Su popularidad se percibe en los pasillos del Mercado de Surquillo, situado al costado de una autopista urbana que divide los distritos de Surquillo y Miraflores, al que acuden cada día centenares de personas a comprar toda clase de alimentos y utensilios para el hogar.

“No ha sido con golpe como lo hizo (en 1992 Alberto) Fujimori, con salida de tanques”, destaca Domingo Melchor, de 55 años y quien se gana la vida pintando casas, sobre la disolución del Congreso.

“No tengo casa, no tengo nada, pero los sinvergüenzas de los congresistas están de lo mejor. ¿De qué se van a quejar?”, agrega Lizana, madre de cinco hijos.

En cambio, Victoria Valverde, que con delantal rojo atiende un puesto de venta de pollos, es crítica de la decisión del presidente, pues teme que traiga “consecuencias económicas y desempleo”.

“Tenemos tantos peruanos que no tienen trabajo. Ahora las empresas no van a querer invertir acá”, dice Valverde, de 57 años y madre de dos hijos, quien además lamenta que las tiendas próximas al edificio legislativo y al Palacio de Gobierno permanezcan cerradas desde el lunes debido al reforzamiento de la vigilancia policial.

La economía peruana ha crecido sostenidamente el último cuarto de siglo, permitiendo salir de la pobreza a miles de familias. Sin embargo, las inversiones extranjeras y públicas, claves para la creación de empleo, están estancadas desde que hace tres años estalló el escándalo de la constructora Odebrecht, que salpica a cuatro expresidentes.

Agencia AFP

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