Economía

Los récords golpean la puerta (a cuenta de una promesa de paz)

Mañana la Fed alumbraría la tercera baja de tasas en un contexto diferente, con la economía en el brete pero los mercados flameando en las alturas.

Las guerras de comercio no se ganan fáciles ni rápido, a pesar de la famosa sentencia del presidente Trump. ¿Qué prueba mejor que recoger los dividendos de la paz cuando su concreción es aún una promesa? Wall Street aporta la evidencia. El S&P 500, el viernes, superó su máximo de cierre y quedó apenas a un punto de su récord intradiario, aunque aflojó después y no pudo mantenerse. El Nasdaq 100, en cambio, coronó el avance con su mejor marca histórica absoluta. La Bolsa está de pie, y no se contenta con la estabilidad, embiste con energía como si diera por inaugurado el rally estacional de fin de año. Conste que el horizonte permanece sombrío. Las sorpresas económicas favorables de septiembre revirtieron en octubre (Citi Economic Surprise Index). El Índice de Incertidumbre de Política Económica –medido con el rigor de la academia– no deja de escalar, aunque obra un “dato” clave –la voluntad de los presidentes Trump y Xi Jinping de anudar un pacto comercial “fase uno” el mes próximo– que Wall Street, por lo visto, pondera de manera distinta, y más constructiva. El mundo se sacude con una oleada interminable de protestas masivas –que revelan descontento en todos los rincones del globo, y tal vez una sociología en vertiginosa mudanza– pero eso importa poco y nada. Basta que la oficina del representante comercial de los EE.UU. –Robert Lighthizer– deslice que se producen progresos en la negociación con los chinos de un acuerdo comercial acotado para que las acciones hinchen su cotización. Los temas más espinosos quedan para una etapa ulterior (la “fase dos”), y ello acrecienta las probabilidades de éxito en el corto plazo. Desde agosto –cuando se supo que se retomarían los contactos bilaterales– la Bolsa se embarcó en una excursión a contramano del pesimismo reinante. Le fue muy bien, obligó a revisar posiciones, pero todavía puede sumar sorpresas positivas (y recorrido).

La Fed ayuda. Es contención cuando la confianza flaquea y lubricante cuando, como ahora, se recupera. Dos rebajas de tasas sirvieron para aliviar la travesía en el desierto durante la tormenta. Mañana alumbraría la tercera en un contexto diferente, con la economía en el brete pero los mercados flameando en las alturas. Si la guerra de comercio obligó a proveer soporte monetario; la paz en ciernes le debería permitir cumplir su promesa tácita, gatillar un recorte por última vez y dar las hurras hasta una nueva emergencia. ¿Y cómo lo tomarán los mercados? El fin de la baja de tasas es la mejor señal de que no se trata del fin de ciclo. No se necesita más asistencia (como el desempeño bursátil sugiere). Y hay que ver el bosque, no el árbol. Es un escuadrón de bancos centrales el que abrió los grifos, no sólo la Fed. Sus efectos demoran, no terminan de derramarse. El BCE, por caso, comenzará en noviembre con una nueva etapa de expansión cuantitativa. Y si falla, la presión para usar la política fiscal a fondo vendrá del BCE y será difícil de contrariar.

Trump dice que confía en un arreglo con China (“ellos lo necesitan malamente”) que se podría firmar en la cumbre de APEC el 11 de noviembre en Chile. Beijing calla o consiente, según qué dichos sean, y otorga. La tregua ya empezó en los hechos, y una reconciliación modesta está metida en los precios. Sin embargo, Trump puede poner más carne en el asador, y darle alas al acuerdo (y zafar un poco del ahogo del impeachment y otras desventuras). No se piensa en una distensión duradera. Nadie creerá en un acuerdo definitivo, desde ya. Pero si recorta los aranceles que subió en la disputa será una realidad de mayor compromiso contante y sonante. Y no está en los cálculos. Trump no hará grande a los EE.UU., pero puede potenciar el mercado bull, y ofrecerlo como “proxy” a la opinión pública y a los votantes.

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