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Los Schoklender: 30 años de una historia de horror y codicia

• El macabro asesinato de sus padres los llevó a las primeras planas.
• Hoy, otra vez son noticia

En medio del escándalo por lavado de dinero y fraude en el que se acusa al exapoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, las figuras de Sergio y Pablo Schoklender vuelven al primer plano. Igual que hace 30 años, pero con distintos motivos. Si bien el pasado de estos polémicos personajes, en líneas generales, es conocido por todos, los hechos actuales sirven para recordar en detalle lo sucedido hace tres décadas.

Ajuste de cuentas, discusiones por cuestiones de dinero, una madre alcohólica, drogadicta y hasta abusadora son las hipótesis que giraron en torno de la noche del 29 de mayo de 1981. Aquel día la familia Schoklender había ido a cenar para festejar el cumpleaños número 23 de Sergio, el mayor de los hermanos. En su casa del barrio porteño de Belgrano lo esperaba Pablo, en aquel entonces con 20 años, quien estaba peleado con sus padres y había decidido no ir al festejo. Juntos planearon el desenlace de aquella noche trágica: mataron a sus padres con saña.

La primera víctima fue la madre, a la que atacaron por la espalda con una vvara de acero, luego se dirigieron hacia el cuarto donde dormía el padre

-un ingeniero industrial exitoso al que se lo habría vinculado con el tráfico de armas del Ejército y la Marina-. Con otro golpe con la misma vara lo atacaron para luego ahorcarlo con su propia camisa. Los cuerpos con las cabezas destrozadas fueron envueltos en bolsas de nilon y escondidos en el baúl del Dodge Polara de la familia.

El hilo de sangre que colgaba de aquel auto, estacionado en la avenida Coronel Díaz, pronto se transformó en un enorme charco de un color bordó intenso que llamó la atención de uno de los vecinos. A las pocas horas llegó la Policía, todo parecía estar claro. Los cuerpos pertenecían a Mauricio Schoklender y a su esposa, Cristina Silva; en la casa de la familia no había nadie, sólo su hija menor, Ana Valeria; sus hermanos, los principales sospechosos para los investigadores, estaban prófugos.

Mientras la noticia se hacía pública, los hermanos huían camino a Mar del Plata. Allí, según los registros de la época, hicieron gastos extraños, contratos con agencias de publicidad y hasta adquirieron caballos. Pero la libertad no les duró mucho, lejos del remordimiento, entre gastos de lujo, en restoranes y clubes nocturnos, Sergio se separó de su hermano menor y se fue hacia el norte. A 20 kilómetros de Mar del Plata fue reconocido por uno de los vecinos que lo denunció y pronto fue detenido.

Pablo, por su parte, vivió una verdadera odisea, envuelta de aventuras. Primero llegó a la ciudad santafesina de Rosario para luego terminar en Tucumán. En la localidad de Ranchillos fue detenido cuando planeaba escaparse hacia Bolivia.

Como hermano mayor y protector, Sergio declaró ante la Justicia y se hizo cargo del crimen de sus padres. En marzo de 1985, cuatro años después del asesinato, fue condenado a prisión perpetua y en primera instancia su hermano fue absuelto. Un año más tarde la cámara de apelaciones revocó la absolución de Pablo y le impuso la misma pena que a su hermano mayor. Pero antes de que lo detuvieran el menor volvió a escapar. Estuvo prófugo casi 7 años y fue capturado recién en 1994 con una falsa identidad en Bolivia.

Sergio pareció haber elegido otro camino muy diferente al de su hermano menor, cumplió su condena y un año después que Interpol detuviera a Pablo, salió en libertad (1995). En prisión se recibió de psicólogo y abogado y también dedicó sus tiempos de cárcel para escribir un libro en el que cuenta lo que pasó aquella noche: «Esta es mi verdad». Una vez en libertad, ya como un hombre diferente se unió con las Madres de Plaza de Mayo y se convirtió en el apoderado de la Fundación. Como abogado defendió a los hermanos Da Bouza, historia similar a la suya quienes también fueron condenados a prisión perpetua.

Pablo tuvo un perfil menos público que su hermano mayor. En 2001 salió en libertad y también escribió un libro contando su verdad: «Yo, Pablo Schoklender» que luego sirvió como guión de la película «Pasajeros de una pesadilla» dirigida por Fernando Ayala en 1984 en la que actuó Federico Luppi. El misterio que todavía ronda en torna a la familia Schoklender es la hermana menor, que cambió su identidad y perdió todo contacto con sus hermanos.

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