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Los secretos de Marcelo Gómez, el hombre que forjó a Del Potro

Gran formador de leyendas del tenis argentino, el entrenador asegura que el exitismo domina y que quien no sale campeón "no existe", criticando el resultadismo actual. Además, en una extensa entrevista con Ámbito, contó su historia con Del Potro y cómo lidia con las nuevas generaciones.

“Este mundo es muy exitista: si no sos campeón, no existís”. Entre mates y un numeroso grupo de niños que juegan al tenis, Marcelo Gómez planta bandera y desarrolla uno de sus postulados filosóficos básicos. El “Negro”, histórico formador de Juan Martín Del Potro, no cree sólo en las victorias, sino en el camino que llevan a ellas y en el desarrollo de los chicos.

“El triunfo es parte de un proceso apuntado a ganar el día de mañana”, elabora Gómez en una extensa charla con Ámbito en un apacible hotel de Tandil. “Lo que vale es el proceso, no el resultado en sí, pero es muy difícil en este mundo exitista. Los padres no están preparados para tener un deportista de elite, siempre hay altos y bajos. Hay que tener paciencia, es un trabajo a larguísimo plazo”, indica.

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El “Negro” es un prócer en Tandil. Con casi cinco décadas de vida, lleva más de tres ligado al tenis. Cuando su carrera como jugador llegó a un techo, encontró en la docencia una forma de vida, o más bien, de ser. Por eso, se considera “más un maestro que un entrenador”.

Su rol de formador le exige involucrarse tanto con el deportista como con la persona, que el chico construya un carácter tanto como un estilo de juego. “Para el que recién empieza, perder es la muerte. Nosotros hablamos mucho con ellos y no le damos tanta importancia al triunfo ni a la derrota. Si ganás no sos el mejor del mundo, pero si perdés no sos el peor”, explica.

Gómez y Tandil están sólidamente unidos. Su historia incluye haber sido alumno directo de Raúl Pérez Roldán, el patriarca del tenis en la ciudad serrana. En el mismo Club Independiente donde entrenó asentó su primera academia. Actualmente, Tandil Tenis se ubica en el Club Uncas, emplazado en las sierras, en el Manantial de los Amores.

Las referencias a sus experiencias con Mariano Zabaleta, Juan Mónaco y Del Potro son permanentes. No las únicas, porque en su currículum tiene a muchos de los mejores jugadores, tanto de su ciudad como del país. Una de las tantas anécdotas con “Delpo” se refiere a cómo deben trabajar la forma en que un preadolescente se repone a la adversidad.

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“Lo hacíamos jugar dos categorías más, por ejemplo a los 12 enfrentaba a chicos de 14, y hasta los 14 años nunca había ganado un torneo. Fue un gran aprendizaje que le dimos, siempre luchó contra los más grandes. Creo que es lo que hoy lo hace distinto, porque era más fácil que jugara en su categoría, gane y listo, pero no, perdía. Buscábamos ese roce”, recuerda. Muchos ponderan la resiliencia de la “Torre”.

El excapitán de Fed Cup (2016-18) distingue la función de formador como la que más le atrae. Su proyección le permitirá a un joven ser jugador de tenis: “Nuestra habilidad es descubrir lo que tenemos que hacer en ese momento, porque más adelante es tarde”.

“Si viene un chico de 10 años, yo le veo las condiciones y a partir de ahí empiezo a imaginar cómo sería dentro de ocho o diez años, cómo me gustaría que juegue, cómo son sus características naturales y qué tengo que potenciar o adaptar”, detalla.

El trabajo que hizo con Del Potro englobó varias de estas apuestas. Según recuerda Gómez, ya se observaba a temprana edad que sería muy alto, por lo que debió trabajar en su movilidad. Además, fue el responsable de adaptar su estilo a canchas rápidas.

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La experiencia como docente le permite al “Negro”, ese que tanto aprecio le tiene la ciudad del tenis, reconocer que la formación cambió con los años. Las tecnologías cambiaron los modos y conspiraron contra los objetivos, pero el secreto está en reinventarse. “Hoy es mucho más difícil”, critica, serio, sin dudar.

“Tenemos una forma, una filosofía de trabajar, nos basamos en la humildad, el esfuerzo. Hoy esos pilares están bastante complicados, sobre todo la humildad, en el sentido de que hoy un pibe sólo quiere jugar con los buenos”, advierte el exintegrante del equipo de Desarrollo de la AAT.

Actualmente "los chicos son más demandantes y todo lo quieren ya, no tienen paciencia para esperar”, juzga. En ese sentido, puntualiza que “un jugador está en un nivel y antes se esforzaban por pasar a otro. Hoy no, sólo quieren salir de ahí. Quieren los mejores implementos, porque ven que otros los tienen, y todo eso ha complicado la forma de trabajar y nos obligó a evolucionar. Es un desafío nuevo”.

Su historia personal ilustra las diferentes épocas: “Antes mandábamos a Mónaco a hacer 20 pelotas de drive y de revés contra la pared y lo hacía; hoy hay que explicar por qué, para qué sirve. Nos empujaban los chicos. Juan Martín me llamaba un domingo a las 10 de la mañana para hacer unas derechas. Y teníamos teléfono fijo. Todo eso ya no está”.

El triunfo es parte de un proceso apuntado a ganar el día de mañana. Lo que vale ese proceso en sí. Si ganás no sos el mejor, pero si perdés tampoco sos el peor" (Marcelo Gómez).

Pese a que recorrió miles de kilómetros con Del Potro y acumuló la confianza y logros suficientes (juntos llegaron al Top 50), Gómez decidió no continuar como entrenador de su pupilo y dejó todo en las buenas manos de Franco Davin. Los viajes, la lejanía y tantos años de relación hicieron lo suyo. Hace ya más de diez años que sólo se dedica a su academia de Tandil, salvo el período en la AAT.

“Este es mi lugar en el mundo. Creo que acá tenemos un buen método de trabajo. Lo empezó Raúl Pérez Roldán, fue mejorando, y se combinó con chicos que quisieron jugar, que creen que pueden y que tienen espejos muy grandes”, elucubra sobre el por qué su ciudad es considerada la capital del tenis.

Al “Negro” lo saludan todos. Muchísima gente le pide fotos y le hace algún comentario. Especialmente los chicos, esos por los que invierte todo su tiempo y sabiduría. “Hay que apostar por las bases”, suelta. Pocos saben al respecto como él. Y los apellidos que forjó en la historia grande del tenis nacional dan fe de ello.

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