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"Luto tropical": una muestra que celebra la expresión brasileña

El arte y la vida real se entrecruzan para mostrar los tiempos que se avecinan en los vastos territorios del pulmón de América que es el Amazonas, según se evidencia en los trabajos plumíferos de Zé García.

La galería Pasto cumple siete años y, para celebrar el aniversario, presenta “Luto tropical”, una muestra brasileña, potente como suele ser el arte de este país. La curadora Paula Borghi llegó desde Río de Janeiro con ocho artistas, Fernanda Grigolin, Mônica Ventura, Raquel Nava, Thelma Vilas Boa, Thiago Honório, Traplev, Verena Smit y Zé García; además invitó a tres argentinos, Ariel Cusnir, Estefanía Landesmann y Loca.

La exhibición se abre con una pared cargada de arte plumífero ensartado como una joya en unos restos de muebles de estilo, ruinas en realidad. Los fragmentos de sillas, mesas, entre otros muebles luso-brasileños de maderas nobles, son despojos que el artista encontró abandonados; al igual que las plumas, restos que aparecen en la selva tropical cuando las aves mueren o recambian su plumaje. Las obras de Zé García rescatan el origen, se escuchan las resonancias de los materiales que emplea. En el caso de las plumas, la diversidad de una fauna que se está perdiendo mientras sobrevuela, amenazante, el fantasma de la muerte y el viento de las catástrofes. El arte y la vida real se entrecruzan para mostrar los tiempos que se avecinan en los vastos territorios del pulmón de América que es el Amazonas. Las bellas maderas de color caoba proyectan sensaciones sombrías si se piensa en las consecuencias de la deforestación. De todos modos, el dramático contenido queda oculto detrás del atractivo y la belleza de una obra sumamente estetizada. La instalación se llama “Luto tropical”.

El texto curatorial comienza por explicar el sentido del luto, término que se asocia al concepto que Sigmund Freud describe en su libro “Duelo y Melancolía”. Allí aclara que el luto es una de las expresiones, reacciones y costumbres del hombre frente a la muerte. Siguiendo siempre las ideas de Freud, la curadora destaca la condición temporaria del duelo y en consecuencia, del luto. Una instancia que, por honda que sea la pena, será superada. En síntesis: la vida continúa. Y Freud lo dice con sus propias palabras: “La realidad pronuncia su veredicto: el objeto ya no existe más, y el Yo se deja llevar por la suma de satisfacciones narcisistas que le da el estar con vida y desata así su ligazón con el objeto perdido”. Cuando Freud se refiere al “objeto”, habla de aquello que ha muerto o desaparecido.

Entretanto, el tema y a la vez la utópica aspiración expresada en “Luto tropical”, consisten en reunir fuerzas para superar un duelo por demás prolongado. Paula Borghi le pone fecha a la muerte. Cuenta que el duelo comenzó hace cinco siglos, “específicamente el día 12 de octubre de 1492, cuando Colón ‘descubrió’ América”. Y agrega entonces: “Hay estudios que plantean la teoría de que “el primer siglo y medio de ‘conquistas’ corresponde al exterminio del 95% de los pueblos originarios. Cierto o no, el porcentaje de esas muertes es resultado, sobre todo, de enfermedades oriundas del hombre blanco (como la viruela), de las guerras y de la esclavitud. Se trata de uno de los mayores genocidios de la historia mundial, de la construcción y desaparición de nuestra identidad, o en otras palabras, del principio del fin de lo que somos hoy en día”.

De acuerdo a esta propuesta, América, liberada de las inhibiciones que impone el duelo, tales como la incapacidad de amar, bien podría despertar y experimentar la plenitud de las experiencias vitales. El planteo de la muestra aspira a superar el luto y es evidente, a valorar la vida de los escasos refugios intocados que posee esta tierra con sus habitantes incluidos.

Las referencias al luto afloran con fuerza en las calabazas de Mônica Ventura pintadas de negro con signos grabados en restallante dorado a la hoja. En la oscuridad de estas piezas cargadas de erotismo, resuena no sólo la búsqueda del oro de América, sino además el encuentro con la cultura afro-amerindia de los ancestros de Ventura. La creatividad de los brasileños está presente en las “Almohadas pedagógicas” de Traplev, unas bolsas de tela diseñadas con formato de almohadón y dispuestas sobre un sillón que contienen, libros, diarios, revistas, fotocopias, entre otras publicaciones.

Cusnir presenta una significativa puerta, “X”, que consiste en dos hojas talladas en guayubira con bisagras. ¿Es una metáfora de la posibilidad de ingresar a un nuevo ciclo histórico? La curadora se cuestiona a sí misma acerca de la situación de estar muerto que implica la insensibilidad frente al sufrimiento, y señala: “Morimos de a poco y muchas veces sin darnos cuenta”. Lejos de resignarse, concluye diciendo que tal vez sea el luto la acción más pertinente para resistir a tantas muertes, pero también para “hacer del fin un nuevo comienzo”, como suele suceder

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