Política

Macri optimista, Vidal en el centro y un pedido de Netanyahu

El Gobierno no se obsesiona por el promedio en el país. Buenos Aires en el centro del problema. El dilema de la diferencia entre boleta enganchada o no. Juego internacional desde Buenos Aires.

Mauricio Macri le cuenta exultante por estos días a su círculo intimo la conversación que mantuvo con Benjamin Netanyahu, hace una semana. El primer ministro israelí lo llamó para agradecer el decreto que crea el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de terrorismo y que por vía directa deja clasificado allí a un brazo de Hezbollah como organización terrorista. Netanyahu le habló ese día a Macri en el perfecto inglés que acostumbra y terminó la charla con un pedido que vuelve a cruzar a su país con el islam: quiere que Macri interceda para que la Conmebol también invite a Israel a jugar la Copa América. “Si invitaron a Qatar, por qué no estamos nosotros?”, reclamó Netanyahu. Macri bromeó con el tema y no prometió nada.

El espíritu que habita estos días la Casa Rosada pasa en lo formal por esos ánimos de euforia. Macri analiza números, revisa informes escucha y se zambulle casi sin protestar en cada gira de campaña que le organizan. El oído siempre estas más atento a Nicolás Dujovne con quien tiene línea directa como no sucede con el resto de los ministros, salvo Peña obviamente. Ese dato no es romántico sino absolutamente real: hace tiempo que Macri hizo instalar un teléfono punto a punto, sin intervención siquiera de secretarias, entre su despacho y el del ministro de Hacienda. Es una suerte de teléfono rojo como el que funcionó entre Washington y Moscú y que evitó un par de guerras.

Fuera de los temas del círculo íntimo, Miguel Pichetto se ganó el sitial de oro en los anecdotarios presidenciales. Macri comenzó a dialogar con él la posibilidad de incorporarlo a la fórmula 90 días antes que se hiciera pública la decisión. No hubo entonces improvisación en medio de las preocupaciones electorales, sino un largo proceso para ajustar alianzas, chequear peronismos provinciales y, finalmente, comunicarle la novedad a los amigos. Fue el propio Macri quien levantó el teléfono para comunicarle a los radicales la decisión. Es decir que, como se intuía, cuando la UCR reunió a su Convención Nacional en Parque Norte para habilitar la continuación de Cambiemos y la incorporación de terceros al oficialismo, la decisión de sumar a Pichetto ya estaba tomada. Lo sabía Enrique Nosiglia, entre otros, y eso explica que no se hiciera demasiado problema con esa reunión partidaria y partiera sin estrés alguno a Europa a celebrar su cumpleaños en familia. Punto en contra para Leopoldo Moreau que, se asegura, mandó a esa cumbre radical algunos infiltrados para animar desde afuera una troupe de protesta cuando allí no se estaba decidiendo nada.

Sea por postura o convencimiento el optimismo es la regla por estos días de todo contacto desde la Rosada hacia afuera. Mientras tanto sobre la mesa de arena grande se revisan estrategias casa minuto y es allí donde se reconocen los problemas.

La estrategia decidió dividir el país en regiones o nodos. Hacia ellos Macri irá en campaña junto a Pichetto. Hubo ya un ensayo de ese movimiento cuando el Presidente terminó la cumbre del Mercosur en Santa Fe y se reunió con colegios y representantes de esa provincia y Entre Ríos.

Cuando se trate de desembarcar en provincias la fórmula se dividirá. A Juan Schiaretti Macri lo visitó solo junto a Juliana Awada. Logró allí la foto íntima y cálida que el gobernador no le había regalado a ningún otro candidato presidencial. Quizás la más fría fue con Alberto Fernández: en la oficina de la gobernación, a más de un metro de distancia y sin un solo café sobre la mesa. No es un secreto esto: lo reconoció el propio Fernández a la salida del encuentro, Pichetto hizo lo propio esta semana en Neuquén y Tucumán.

Macri conservará en lo que resta de la campaña total, es decir más allá de las PASO, el ejercicio de alimentar el valor agregado que le dan sus relaciones internacionales. Al mismo tiempo se tomó la decisión de no mover al Presidente del país, al menos hasta octubre. Es un juego contradictorio que deberán resolver Fulvio Pompeo y Jorge Faurie.

Hasta ahora la agenda indica que ni siquiera viajará a Nueva York para pronunciar su último discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas. La práctica de las relaciones actuales con los Estados Unidos pone dudas sobre esa decisión. Todo dependerá de la campaña, tal como recomienda Jaime Durán Barba e incluso el propio Donald Trump.

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