Política

Macri y su mesa: la mira en el FMI y los silencios K

El Presidente presidió una reunión de Gabinete y luego otra con la mesa política grande de Juntos por el Cambio. Un lema de batalla: "el derecho a la pelea". El Fondo pasa de amigo a sospechoso visitante. Alberto F. y las estrategias tras el silencio de Cristina. Carrió y la moderación en la nueva era.

“El Gobierno tiene que entender que en economía se cometieron errores muy graves. Macri lo tiene asimilado, pero lo tiene que empezar a reconocer públicamente”. La frase no partió de un opositor sino de uno de los integrantes de Juntos por el Cambio que ayer se sentó en la mesa del despacho presidencial en la primera reunión oficial de la mesa política tras el cachetazo de las PASO.

El ambiente, juran algunos presentes, fue de análisis sin sobreactuaciones. Sobre todo moderando cualquier intento de exitismo descontrolado por la marcha del sábado pasado. Un macrista describió esa demostración como un buen incentivo para levantar el destruido ánimo del oficialismo y ayer en esa mesa política grande hubo un alerta sobre el tema: “que nadie piense que hay una relación proporcional con el voto”.

Ese llamado a la moderación es, en realidad, una estrategia por mantener el músculo lo más despierto posible con el PRO, los radicales y Elisa Carrió para el tiempo que queda hasta la elección.

En razonamientos de ese tipo se mezclaron Carrió (muy serena y optimista, de acuerdo al relato interno), Rogelio Frigerio, Marcos Peña, Gerardo Morales, Luis Naidenoff, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Federico Pinedo y Miguel Pichetto.

Todo el movimiento de campaña de Juntos por el Cambio gira en torno a las andanzas de la delegación del FMI en el país y el resultado que tenga esta revisión de metas. Por eso ayer un ojo oficialista estaba puesto en la reunión del Fondo con Alberto Fernández.

¿Qué es lo que cree el Gobierno sobre la estrategia de Alberto F.? En primer lugar se cuestiona el discurso, que es uno de los temas más complicados de manejar para el candidato peronista que debe equilibrar entre la moderación y las presiones de la interna. “Un día habla para La Cámpora y Cristina y otro para el establishment”, razonaba con este diario uno de los visitantes de la Rosada. Creen que el objetivo último del Alberto F. es que el FMI termine bloqueando el desembolso de u$s5420 millones, al menos hasta que este confirmado un nuevo Gobierno. Esa opción sería lapidaria para la confianza del sistema.

Si ese ejercicio existe o no y si la dureza del candidato peronista se debe a tensiones en la interna o convencimiento personal constituye un interrogante central y esencial de la política de estos días. Es decir, en eso se define el tono que ira tomando el nuevo gobierno de Alberto Fernández, si es que las urnas confirman lo que dijeron las PASO. Y un alimento estratégico de esa incógnita es el estudiado silencio de Cristina de Kirchner. Otros en el kirchnerismo no mantuvieron ese silencio (que para el oficialismo “aturde”) y metieron la pata (y mucho) como el ya conocido caso de Felipe Solá y el regreso de la Junta Nacional de Granos, justo cuando Alberto F. había ganado en las principales plazas del agro.

Otro elemento clave de esos razonamientos es la reivindicación que se hizo ayer en la Rosada del “derecho a la pelea”. La mera mención es, quizás, una muestra clara de la debilidad, pero actúa en el Gobierno como disparador de dos definiciones finales, elaboradas entre radicales tras la reunión:

“El mejor Macri candidato, es el mejor Macri presidente trabajando para sacar la incertidumbre económica”, dicen, quizás no comprendiendo la epopeya que eso significa.

Y una final que proclaman quienes están acostumbrados a perder elecciones y sobrevivir en las bancas del Congreso: “El balotaje es la garantía de no concentración de poder. Una cosa es que gane en primera vuelta y otra muy distinta en balotaje”. Hacia allí apuntan los cañones.

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