Opiniones

Macri y un cambio de estrategia tardío

Las campañas políticas y las decisiones en torno a la estrategia de comunicación guardan un correlato con el manejo del recurso de la información, el más valioso de todos. En ello se reconoce la necesidad de conocer al destinatario del mensaje, tanto como comunicar en forma oportuna.

Con los resultados electorales en mano resulta más fácil destacar errores y aciertos de campaña, pero a Mauricio Macri, como nunca antes, cuesta perdonarle haber desconocido en la primer etapa de campaña (al menos hasta las PASO) quien era su votante, como también la demora en corregir su estrategia.

Se dice que para que el recurso de la información sea útil, además debe ser oportuno, es decir que llegue en tiempo y forma. De nada sirve conocer algo con certeza cuando ya es tarde para la toma de decisiones.

Macri, no solamente intentó el camino del falso populismo, que no convenció a quienes pretendía conquistar, al tiempo que perdió el apoyo de quienes originalmente convalidaron el proyecto de Cambiemos, sino que tardó en reaccionar ante la fallida estrategia.

Derrotado ante el lapidario resultado de las primarias obligatorias, la evidencia demostraba que debía intentar un cambio de discurso, volver al votante desencantado tanto por la crisis económica como por la crisis de valores de un gobernante que impulsó el aborto, la agenda de género, y una serie de medidas que equivocadamente daba la espalda a una mayoría que lo eligió presidente hace cuatro años. Macri comprendió esta necesidad, y el repunte de votos le dio la razón, pero fue demasiado tarde.

Más de un año de erosión política ante un debate que lo dejó mal parado respecto de su posición sobre el aborto (mientras decía que estaba a favor de las dos vidas, sus actos parecían indicar lo contrario) resultó imposible de contrarrestar en apenas dos meses. Cuando finalmente logró comprender que la mayoría de la población es “celeste”, pero sobre todo la gran mayoría de sus potenciales electores, fue demasiado tarde.

No importa cuánto esfuerzo hizo para manifestarse a favor de la vida en estos últimos tramos de campaña, que resultó poco convincente, pero sobre todo inoportuno. La mejora en términos de votos fue contundente, potenciada en un mensaje coherente con la figura de aquel candidato que llegó a la presidencia, sobre todo ante una polarización tan fuerte, en la que el candidato opositor eligió el color verde, resultando aún más obvia la necesidad de Macri de no haber abandonado al celeste en primer lugar, y de manifestarse claramente provida en última instancia.

Es posible que si Fernández se hubiera manifestado también a favor de la vida, o al menos neutral, habría cosechado una victoria superior, incluso a la de su compañera de fórmula en su segundo mandato, porque en última instancia dentro del peronismo prevalece un gran porcentaje de militancia provida, que obligó a la exmandataria a pedir la baja de pañuelos en los tiempos post-debate, consiente del costo político que le significaría mostrarse de un color u otro.

Alberto Fernández, por su parte, hace gala de su imagen de “vieja escuela” que rechaza tanto asesoramiento como training para enfrentar un debate. La crisis económica le valió una ajustada victoria, ante un contendiente desgastado pero sobre todo, lento para retomar el camino que nunca debió abandonar.

La economía argentina perfila a convertirse en el eterno desafío de todo gobernante, pero en clave política, la crisis de valores es más fácil de enfrentar: con el solo requisito de entender la voluntad de la mayoría de la población (luego del debate sobre el aborto, quedó harto probado) y obrar en consecuencia. Hoy esa mayoría se encuentra desatendida por la casi totalidad de la dirigencia política: el macrismo porque lo asumió tarde, y el peronismo porque aún no lo termina de entender, o no quiere hacerlo. Sin embargo, la voluntad popular tarde o temprano se hace valer en las urnas, y mientras tanto lo que significó la oportunidad perdida para Macri, es una pelota que sigue picando.

(*) Presidente + VIDA

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