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Macron cede con los tributos a la nafta y congela la luz y el gas, pero persiste la crisis

Los sectores más radicalizados del movimiento contestatario consideraron insuficientes las medidas oficiales. El Gobierno teme que la revuelta se expanda.

París - El Gobierno de Emmanuel Macron anunció ayer la suspensión de varias medidas fiscales para intentar superar la crisis provocada por las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia, que han derivado en violentos enfrentamientos, pero las medidas fueron consideradas insuficientes por los rebeldes, que convocaron a nuevas movilizaciones.

Acorralado por una crisis que alcanzó su punto más alto el sábado, con escenas de violencia grave en pleno centro de París, el Ejecutivo hizo algunas concesiones para calmar la furia de los manifestantes, que ya dura tres semanas.

Fue el primer ministro, Edouard Philippe, el encargado de anunciar las tres medidas con las que el Gobierno espera “restaurar la paz y la serenidad”.

El plan, que fue pactado el lunes a última hora durante una reunión de crisis mantenida por Macron y sus ministros más cercanos, incluye la suspensión durante seis meses del alza de un impuesto a los combustibles. El plan original, ahora desactivado, apuntaba a aplicar desde el 1 de enero, con un criterio ecológico, un impuesto a las emisiones de carbono, que supondría un aumento de 6,5 centavos de euro por litro de gasoil y de 2,9 centavos por litro de nafta.

Otras medidas anunciadas por el Gobierno para apaciguar el país incluyen el congelamiento de las tarifas de luz y gas durante el invierno y el abandono de un plan para endurecer las revisiones técnicas de los autos antes del verano.

Las medidas generarán una pérdida de cerca de 2.000 millones de euros para las arcas públicas, equivalente a 0,1 punto porcentual del PBI. Esto sin contar que el movimiento de los “chalecos amarillos” ya ha tenido un impacto “severo” en la economía.

El alza del impuesto a los combustibles fue el detonante de las protestas de los llamados “chalecos amarillos”, un movimiento atípico, que nació a mediados de noviembre en las redes sociales, sin líder ni estructura y que cuenta con el apoyo de más del 70% de los franceses.

“Ningún impuesto merece poner en peligro la unidad de la nación”, argumentó Edouard Philippe, quien llamó a los “chalecos amarillos”, que convocaron a nuevas protestas para el sábado, a manifestarse “en calma”.

El alza del impuesto a los combustibles no se aplicará “antes de ser discutido entre todas las partes implicadas”, precisó Philippe, quien anunció una concertación nacional entre el 15 de diciembre y el 1 de marzo para “completar” y “mejorar” estas medidas. “Si no las encontramos, sacaremos las conclusiones”, añadió, dando a entender que el Gobierno podría simple y llanamente abandonar el aumento de esa tasa.

Macron, blanco de todas las críticas desde la primera jornada de manifestaciones el 17 de noviembre, recibió ayer a un miembro de los “chalecos amarillos” en el Palacio del Elíseo. Pero el jefe de Estado más joven de la historia de Francia, de 40 años, cuya popularidad ha alcanzado su nivel más bajo (23%, con una caída de 6 puntos a raíz de esta crisis), según una encuesta Ifop-Fiducial, no tiene previsto pronunciarse sobre el tema en lo inmediato, indicó la Presidencia.

Aunque un grupo de manifestantes, que consideró “satisfactorias” las medidas del Gobierno, levantó el bloqueo de un depósito en Brest (oeste), otros mantienen la pulseada.

“Intentan dormirnos. Quieren que nos vayamos a nuestras casas, pero no nos vamos a mover de aquí”, dijo Lionel Rambeaux, un soldador, en un piquete a la salida de la ciudad de Le Mans (oeste).

“Los franceses no quieren migajas”, dijo Benjamin Cauchy, una de las figuras de los “chalecos amarillos”, que han ampliado sus reivindicaciones. Piden, entre otras cosas, un aumento del salario mínimo y un aumento de las pensiones.

La oposición mantenía la misma línea. “Muy poco y demasiado tarde”, estimó el vicepresidente del partido conservador Los Republicanos, Damien Abad.

Mientras tanto, los llamados a manifestar el sábado, en la cuarta jornada de protestas nacionales convocada por los “chalecos amarillos”, se mantenían en las redes sociales.

Éric Drouet, uno de los portavoces más visibles de los “chalecos amarillos”, llamó a los franceses a “regresar a París” el sábado y congregarse “cerca de los lugares del poder, los Campos Elíseos, el Arco de Triunfo y la plaza de la Concordia”, frente a la Asamblea Nacional.

El ministro del Interior, Christophe Castaner, anunció que desplegará más fuerzas de seguridad el sábado, después de que la oposición estimara que se subestimó la violenta movilización del último fin de semana.

El Gobierno teme también una extensión de las protestas a otros sectores. Ayer se registraron incidentes frente a colegios secundarios en la región parisina. En Marsella (sureste), diez establecimientos están bloqueados.

Agencias AFP y Reuters

LAS CLAVES DEL MOVIMIENTO DE LOS “CHALECOS AMARILLOS”

El movimiento de los “chalecos amarillos” nació a fines de octubre, desvinculado de cualquier partido político o sindicato y organizado exclusivamente a través de las redes sociales.

Su detonante fue la suba de los precios de los combustibles decidida por el Gobierno de Emmanuel Macron, que debía entrar en vigor el 1 de enero. La distribución inequitativa de la presión tributaria es una de sus banderas.

Su nombre hace referencia a las prendas fosforescentes que debe utilizar todo automovilista en Francia en caso de incidente en una carretera para tener mayor visibilidad.

Respaldado principalmente por los franceses que viven en la periferia, en las provincias o en las zonas rurales, se ha convertido en un movimiento de hartazgo generalizado contra la política fiscal y social del Gobierno.

Sus miembros son obreros y empleados precarios de zonas rurales o ciudades de tamaño medio, que han sufrido un deterioro de los servicios públicos en los últimos años.

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