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Macron-Trudeau: con amigos así, quién necesita enemigos

Si en alguien se referencia Mauricio Macri esos son Emanuel Macron y Justin Trudeau, lo que en estos tiempos puede no ser la mejor de las ideas.

Los problemas del francés con los Gilets Jaunes (chalecos amarillos) hicieron de él el presidente más impopular en la historia de Francia con un nivel de aceptación (Ifop-Fiducial) del 23% durante diciembre –cuando se refugió en la reunión del G-20 en Buenos Aires-. De entonces tomó una serie de medidas buscando recomprar el electorado: subió el salario mínimo, rebajó impuestos a los jubilados y a las horas extras, simplificó el sistema impositivo, comenzó a beneficiarse del caos que generan de los manifestantes (cuya imagen está cayendo), su Grand Débat National lo mostró algo más cerca de la gente y por sobre todo: “cerró el pico”. Con esto alcanzó a principios de este mes los 34 puntos de aceptación a su gestión, un máximo desde julio del año pasado que de ninguna manera lo coloca fuera del pantano (cuando asumió lo hizo con más del 64% de apoyo).

Macron está hoy bien abajo, en el puesto 18 como el político más popular de Francia, en paridad con su predecesor Fracois Hollande, el 67% de los franceses están en contra de su política económica y el 74% piensa que no le interesa la gente. Si bien tiene asegurado su puesto en el Palacio Eliseo hasta 2022, en las elecciones de mayo para el Parlamento Europeo (por el “brexit” Francia pasa de 74 a 79 sitios) los partidos de la izquierda francesa apuntan a caer al menos de 13 a 5 escaños, los republicanos de 20 a 11, los seguidores de Macron rondarían los 20 (en 2007 consiguió el 53.38% de los escaños para las legislativas nacionales) y los Euroscépticos estarían en torno a los 35, un mix que por las peleas internas solo significa que se desvanezca la preminencia que Francia tiene hoy tiene en el sistema europeo.

La situación de Trudeau podría incluso ser más complicada.

El 7 de febrero (por entonces la popularidad de Trudeau apenas orillaba el 35%, 4 puntos menos que en diciembre) el periódico Globe and Mail publicó que el año pasado la Ministro de Justicia canadiense Jody Wilson-Raybould fue presionada por la oficina del primer ministro para evitar que gigante de ingeniería SNC-Lavalin enfrentara cargos en un caso de corrupción criminal por una serie de contratos entre Canadá y Libia (las coimas habrían sido para Muhammar Kadaffi). La señora Wilson se resistió y el 14 de enero sin ninguna explicación Trudeau la removió del cargo pasándola a ministro de Asuntos de los Veteranos de Guerra. En un principio Trudeau salió a decir de manera sumamente imprecisa que la noticia era mentira y cuando el 11 de febrero afirmó que la permanencia de Jody Wilson en su cargo era prueba de la mendacidad, esta renunció a las pocas horas.

Este lunes y de manera aún más intempestiva fue el turno para renunciar del secretario principal de gobierno Gerald Butts (una especie de Marcos Peña de Trudeau), quien habría sido el “apretador” , también sin dar ninguna explicación creíble. Hoy Justin tiembla por lo que pueda llegar a decir la Wilson en esta especie de nuevo caso Odebrecht, mientras el 41% de los canadienses piensan que estuvo “prendido” en el escándalo, 41% no está seguro y solo 12% piensa que no (esta encuesta de la consultora Leger fue previa a la renuncia de Butts). Resta ahora ver si Trudeau cuenta aún con fuerzas suficientes para mantenerse en su cargo y que cambios de gabinete realiza para tratar de congraciarse con la sociedad (marihuana libre ya la regaló el año pasado). Mientras, que consiga la reelección en las elecciones del 21 de octubre, casi parece una imposibilidad.

Wilson Raybould compareció el martes durante cuatro horas ante el Parlamento y dijo que a lo largo de cuatro meses la contactaron 11 personas de la oficina del primer ministro, recibió presiones, amenazas veladas por el tema SNC Lavalin (si la empresa sale culpable, por 10 años no puede hacer negocios en Canada) y que Trudeau “le advirtió directamente de las consecuencias negativas que podría tener su decisión”. A una pregunta de los liberales, Trudeau aclaró que no sentía que estas presiones fueran ilegales. La oposición –conservadores, por ahora primeros en las encuestas para la elección del 21 octubre, 38 a 31, antes del escándalo estaban empatados; el primer ministro podría adelantarlas- pidió ayer que Trudeau renuncie (algo casi sin precedentes en la historia de Canadá) y el inicio de una investigación criminal. Están estudiando pedir un voto de “no confianza” (pero son minoría en el parlamento). Trudeau se niega a renunciar o a reconocer nada. El escándalo es mayúsculo.

Ah! En 2016, luego de la visita de Trudeau a la Argentina, SNC-Lavalin ganó un contrato para la extensión de vida del reactor Embalse por u$s20 millones y el preproyecto para un nuevo reactor CANDU en Atucha por una cantidad no identificada.

Con amigos así, Mauricio, quien enfrenta sus propios demonios electorales, no puede sino estar preguntándose si no llegó el tiempo de buscarse otros... amigos.

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