Espectáculos

Magnífico film entre la cosmogonía y el terror

El largo prólogo norteamericano explica cómo unos estudiantes de antropología son convencidos por un amigo sueco de viajar a su tierra para una celebración del solsticio de verano, que sólo ocurre cada 90 años. Algunos creen que sería un gran tema para sus tesis, otros solo se dejan llevar, y finalmente también logra colarse en el grupo la novia de uno de los protagonistas, una chica atormentada por una espantosa tragedia familiar.

Esta introducción engaña al espectador y lo atrapa con un planteo típico del cine de terror. Pero las dos horas siguientes son asombrosas, imprevisibles e inclasificables, como toda historia relacionada con antiguos rituales paganos. El clásico del tema es “El hombre de mimbre” de 1973, escrita por el dramaturgo Anthony Shaffer y filmada en un estilo grotesco y excesivamente hippie. En cambio, con pulso narrativo e ideas genuinamente nórdicas, “Midsommar” transporta al espectador a una experiencia inquietante, la descripción de un sistema de creencias y prácticas paganas capaces de provocar simultáneamente aversión y fascinación, tanto a los protagonistas como al público. El director y guionista Ari Aster parece evocar clásicos escandinavos de los tiempos de Christensen, Dreyer o Bergman. Aquí hay más de “Encuentros con hombres notables” de Peter Brook que de algún film gore sobre turistas en problemas, y una detallista cosmogonía de los rituales, tanto en lo dramático como en lo estético, y del misticismo obtuso de estas personas adorables que se rigen por preceptos muy extraños. Cada uno de los rituales ocupa un momento culminante, y los cánticos hipnóticos y melodías folklóricas apoyan la verosimilitud de que esto surge de una auténtica cultura ancestral.

Más allá de las impensables explosiones de sexo y violencia, lo más intenso es el clima inquietante que domina este notable solsticio escandinavo.

“Midsommar” (“Suecia-EE.UU., 2019), Dir.: A. Aster, Int.: F. Pugh, J. Reynor, W. Jackson Harper.

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