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“‘Mahagonny’ es siempre un espejo de la sociedad”

DIÁLOGO CON MARCELO LOMBARDERO, RÉGISSEUR DE LA ÓPERA QUE SUBE HOY A ESCENA EN EL COLÓN - La famosa creación de Kurt Weill y Bertolt Brecht se verá en una coproducción con el Teatro Municipal de Santiago, Chile, y el Teatro Mayor de Bogotá, con dirección musical de David Syrus.

Hoy a las 20, y hasta el martes próximo, el Teatro Colón vuelve a poner en escena "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny", la ópera de Kurt Weill y Bertolt Brecht. La versión -una coproducción con el Teatro Municipal de Santiago de Chile y el Teatro Mayor de Bogotá- cuenta con dirección musical de David Syrus y régie de Marcelo Lombardero. El elenco de los días 22, 25, 27 y 29 de agosto está encabezado por Iris Vermillion, Nicola Beller-Carbone, Nikolai Schukoff, Pedro Espinosa, Hernán Iturralde y Gonzalo Araya; el elenco alternativo (función del 26) está liderado por Alejandra Malvino, María Victoria Gaeta, Gustavo López Manzitti, Fernando Chalabe, Luis Gaeta y Duilio Smiriglia. Dialogamos con Lombardero:

Periodista: Esta obra tiene una significación fuerte en su carrera de director de escena. ¿De qué manera encara esta régie?

Marcelo Lombardero: Es una obra que me acompaña hace muchos años, y no puedo no sentirme cruzado en un principio por la producción de hace 30 años de Jaime Kogan, que me marcó en mi vida: ahí dije "yo quiero hacer esto, me gusta esto". Yo estaba en el coro, pero esa producción me mostró que otra ópera era posible. Esta obra me rondó mucho tiempo: mi primera experiencia como director fue "Mahagonny Songspiel", en el teatro independiente, en 1994, y esa puesta, que me sigue porque es la que se ha seguido haciendo a lo largo de los años, tiene poco que ver con lo que se va a ver aquí. En un principio se la plantea para el Teatro Municipal de Santiago, en 2014 o 2013, y en una reunión de Ópera Latinoamericana, en la que estaban Darío Lopérfido y Ramiro Osorio, decidieron entrar en la coproducción, y la idea se adaptó a la necesidad de viajar, y esto me abrió la puerta para esta manera de contar esta historia.

P.: ¿Cuál es esa manera?

M. L.: En este "Ascenso y caída...", esta proto-Las Vegas inventada, siempre me causó mucha incógnita saber si Brecht veía el futuro como Julio Verne o los mafiosos de Chicago eran brechtianos, que en la década del '50 decidieron fundar una ciudad-trampa, una ciudad-red en la que los hombres fueran a dejar su dinero y satisfacer sus vicios más primitivos sucediera, porque es una locura. Uno se plantea por qué si puede entender por qué, por esta imaginería de la República de Weimar y la América exótica, y la América como un paraíso posible, pero además en esta ironía en la que Brecht dice "no hay paraíso posible, esta tierra es el infierno, el hombre es lo peor", estos preceptos casi luteranos. ¿Cómo contar eso hoy sin hacer arqueología? A través de la media y la televisión: nuestra "Mahagonny" es un gran show televisivo, con sus noticieros, su informe meteorológico, su programa ómnibus; cada escena se resignifica para contar esta historia a partir de ese código, que es donde el capitalismo de la sociedad burguesa se expresa de una manera más pornográfica. Hacer "Mahagonny" es mostrar siempre un espejo irónico y oscuro de la sociedad. Creo que ese espejo es la televisión. Y ahí me sirvió mucho volver al original. Es la obra en la que uno más ve el conflicto de la obra de arte en colaboración.

P.: ¿Por qué?

M. L.: Porque a Brecht no le interesaba la ópera, aunque sí la forma, lo que llamaba "lo culinario de la ópera", la forma narrativa. Él quería usar la ópera para establecer los preceptos de lo que llamaba "teatro épico". Y en ninguna otra obra suya está más claro que acá. Porque además contaba con un músico genial, que era Weill. Pero Weill quería componer una ópera, no le interesaba todo eso, que por otro lado hoy en día tampoco a mí me parece interesante. Esta lucha intestina hace una obra única y genial. Hay un tercero, Caspar Neher, el escenógrafo y el autor de la maquinaria teatral de esta obra. Brecht preludia cada escena con unos carteles, que en 1930 estaban proyectados. Lo primero que expresan es el antiwagnerianismo: la idea de los números cerrados y una manera propia del cine mudo de preludiar la situación. Me interesó tratar de resignificar esos carteles, sacar al narrador y poner el texto escrito en español. Por otro lado, es interesante mirar en perspectiva tres obras que se programaron en este punto de la temporada: "El caballero de la rosa", la novena sinfonía de Mahler y "Mahagonny", y pensar en la ópera de Strauss como esta obra terminal del género, como la última ópera, en términos musicales y dramatúrgicos. Esta salida de la Mariscala es la salida de una aristocracia que se va y da paso a algo nuevo, que es lo que pasaba en Europa en ese momento. Desde 1911 hay una mirada optimista de lo que pueda pasar con la conjunción de la aristocracia que asciende y la burguesía que se hermana con ella. Pero ya en 1930 se sabe qué produjo esa conjunción. Y, en ese sentido, la Novena de Mahler es clara porque presagia algo que va a venir.

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