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Malcorra, empresaria y radical, será canciller

Mauricio Macri desgajó ayer otro nombre para el Gabinete y eligió como ministra de Relaciones Exteriores de su Gobierno a Susana Malcorra, una de las expertas en logística y coordinación de políticas globales que hay en el mundo. La decisión despistó todas las especulaciones que corrían en Buenos Aires y se conoció ayer, antes de la reunión con Cristina de Kirchner, por la cuenta de Twitter del nuevo presidente.

Una señal amistosa para su anfitriona de Olivos, porque Malcorra es una de las funcionarias argentinas predilectas del Gobierno, al que asistió en más de alguna crisis en el vértice del poder mundial. Con la Presidente se tratan de "Cristina" y "Susana", y la conocen bien los funcionarios del Gobierno saliente porque se han reunido varias veces con ella en Nueva York. Fue uno de los principales apoyos del Gobierno argentino en el trámite de la resolución para la negociación de deuda soberana.

Ha sido también contertulia de Héctor Timerman, a quien sucederá en el cargo; la última reunión fue para discutir un proyecto que estaba en marcha, la postulación de Malcorra para ser secretaria de la ONU en lugar de Ban Ki-moon cuando termine su mandato. El consenso en la organización es que el cargo debe ir para una mujer, y que le toca a Asia poner el nombre. Pero si los países de esa área no acordaban un nombre, pasaría a América Latina, y el nombre era Malcorra, que contaba ya con el apoyo del Gobierno argentino si ganaba Daniel Scioli la presidencia.

Malcorra no tiene experiencia en política internacional, pero sí un conocimiento profundo del entramado institucional, y en las tareas que ha cumplido adquirió conocimientos clave para un canciller. En los últimos meses tuvo a su cargo las negociaciones entre los gobiernos de Venezuela y Guyana por el conflicto fronterizo.

Es la argentina que conoce más jefes de Estado y más cancilleres, y casi todos ellos le deben algún favor. No tiene militancia política, pero es una radical alfonsinista que se afilió en los años 80 y siempre ha tenido excelentes relaciones con el entramado de diplomáticas de la UCR como Susana Ruiz Cerruti y Elsa Kelly, o Beatriz Nofal, con quien tiene además contacto frecuente. Pese a esas relaciones, su puesto no fue pedido por la UCR.

Esta ingeniera eléctrica rosarina -cuando estudiaba era la única mujer en la carrera de la universidad nacional de esa ciudad- fue hasta ahora la jefa de Gabinete del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, cargo al que llegó después de desempeñarse durante cuatro años como encargada en esa organización de la logística y de la coordinación de todas las misiones de paz de la ONU en el mundo. Una especie de superministerio galáctico, con millones de dólares de presupuesto, decenas de frentes de conflicto y miles de civiles y uniformados a su cargo. Esa función la cumplió con tanta eficiencia que llamó la atención de Ban Ki-moon, quien la llevó a su lado, como jefa de Gabinete, cuando inició su segundo mandato.

La nueva funcionaria trabajó en la Argentina en la actividad privada y tiene fuertes lazos con el mundo de los negocios. Dejó el país para ir a la sede de la FAO en Roma, donde tuvo un cargo también ligado a la organización de la asistencia que presta esa organización en regiones azotadas por el hambre. Sorprendió allí también por su trabajo y le ofrecieron encargarse de las misiones de paz desde la sede de Nueva York.

Malcorra estuvo hace algunas semanas en Buenos Aires y retomó contacto con Macri, a quien conocía socialmente desde hace dos décadas, cuando era directiva de corporaciones como IBM y Telecom, donde ocupó cargos también ligados a la coordinación y la logística que le valieron la calificación de "gran directora de orquesta".

En esa reunión Macri le ofreció el cargo de canciller y ella pidió algunos días para consultar a su familia, que integran su madre y una hija que viven con ella en Nueva York. Le respondió ayer por la mañana, después de algúnasm dudas que le había manifestado el sábado, en un viaje relámpago que hizo a Buenos Aires.

Quien acercó su nombre al equipo de transición del macrismo durante la campaña fue el embajador Fulvio Pompeo, encargado de relaciones internacionales del Gobierno de la Ciudad, y que tendrá funciones clave en una Secretaría de Asuntos Estratégicos de la jefatura de Gabinete. Será una especie de Marco Aurelio García, cerca de Marcos Peña.

Pompeo hizo un viaje a Nueva York el año pasado y se reunió con una vieja amiga que tiene uno de los cargos más altos en la ONU y que ha trabajado estrechamente con Malcorra, la estratega Virginia Gamba. Pompeo se interesó ante ella por los argentinos que están en la ONU y ésta lo vinculó con Malcorra. Ambos trabaron relación e intercambiaron mensajes durante este año. Hace pocos meses, Malcorra le agradeció a Gamba haberla relacionado de nuevo con Macri.

Gamba es la asistente del alto comisionado para el desarme y está hoy en el ojo del huracán: desde hace dos meses es la jefa de la comisión que investiga el uso de armas químicas por parte del EI en Siria. Es también una experta en estrategia que ha escrito los libros más importantes sobre el conflicto de Malvinas, entre ellos "Señales de guerra", en colaboración con el historiador británico Lawrence Freedman -autor además de la historia oficial de la guerra desde el ángulo británico-. Este libro ha sido publicado en varias ediciones en diversos idiomas y está considerado como el más profundo y completo sobre el conflicto. Hasta su asunción en la ONU, Gamba fue la directora de estudios de la escuela de Policía Metropolitana de Macri durante varios años. Su trayectoria ha sido estelar: en 1995 obtuvo el Premio Nobel de la Paz (compartido) como miembro de la organización Pugwash por el desarme nuclear. Después fue la responsable de la fundación Safer África que se encargó de las tareas de retiro de las armas que habían quedado en Sudáfrica como consecuencia de años de guerra civil. En esa tarea trabajó junto al expresidente Nelson Mandela. Que haya sido el enlace para la exaltación de Malcorra como canciller refuerza la trama de las damas de hierro de la política internacional.

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