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María Dueñas, sobre el sueño de los inmigrantes

• LA FAMOSA AUTORA ESPAÑOLA ESTÁ EN EL PAÍS PRESENTANDO NUEVA NOVELA
La creadora de “El tiempo entre costuras”, a la que su adaptación para TV y el paso por Netflix transformaron en boom mundial, se ocupa en su último libro de una familia a la que la pobreza empuja a Nueva York en los años 30.

En la novela "Las hijas del Capitán" (Planeta), María Dueñas cuenta de una familia española que emigra a los Estados Unidos en 1936 huyendo de las penurias y la pobreza. Dueñas, académica, profesora en filología inglesa, logró un éxito internacional con su primera novela, "El tiempo entre costuras", traducida a 25 idiomas, que ha superado el millón de ejemplares y fue convertida en serie de televisión. Está en Buenos Aires presentando esa novela, y dialogamos con ella.

Periodista: ¿Por qué eligió Nueva York como escenario?

María Dueñas:
Quería escribir sobre mujeres emigrantes. Lo que no tenía claro era hacia dónde las iba a hacer emigrar. Quería explorar los sentimientos, emociones, reflexiones, padecimientos de esas mujeres que emigraban casi siempre porque alguien las hacía emigrar. El padre tiraba de los hijos, de la esposa, o volvía al pueblo a buscar a la novia. Las mujeres eran seres anónimos que se sumaban a las aventuras de hombres que habían dado el paso de irse. Yo quise darles la palabra. Hice un barrido por los destinos emigratorios de España a lo largo del siglo XX y cuando comencé a documentarme sobre la colonia española en Nueva York, de la que se sabe muy poco, me pareció el destino idóneo. Fue menos gente que la que se instaló en la Argentina y en otros países de América Latina, pero las peripecias vividas en la Argentina han sido muy bien contadas por descendientes de gallegos y de otras colectividades; era un territorio perfectamente trabajado. En cambio sobre la emigración a Nueva York, que fue muy importante también, no sabíamos nada.

P.: De algún modo enfrenta a esa corriente, de Samuel Huntington a Donald Trump, a la que no le agradan los hispanos en los Estados Unidos.

M.D.:
Las emigraciones son consustanciales a la esencia humana. Estados Unidos es un país construido sobre la base de la mano inmigrante. Es lamentable que con esa trayectoria de generosa acogida y puertas abiertas, ahora desde el poder no sólo se esté intentando poner freno, muros, sino amenazando con la expulsión de los latinos; es triste. Es no tomar en cuenta que hoy cualquiera puede sobrevivir en Nueva York hablando en español. Es una comunidad que no deja de crecer, y eso es estupendo. Antes los descendientes de españoles se sentían estigmatizados y querían hablar mejor inglés que nadie, hoy sienten el orgullo de la riqueza de ser bilingüe, multicultural, tener dos patrias en la cabeza, y eso es buenísimo.

P.: "Las hijas del Capitán" son tres veinteañeras inmigrantes y su madre, que al morir el padre, se tienen que hacer cargo de la fonda El Capitán en la calle 14 de Nueva York. ¿Son mujeres de avanzada?

M.D.:
Puede parecer que son mujeres resolutivas y contemporáneas, pero es la vida la que las pone en el disparadero; ellas no tenían voluntad alguna de emprender ningún proyecto vital, de dejar su casa, su pueblo, ir a Nueva York y abrir un negocio. No es que fueran adelantadas a su tiempo, con espíritu aventurero o empresarial. Son mujeres a las que le vida le va poniendo zancadillas y tienen que levantarse y echar a andar otra vez, y eso las hace más fuertes. Mi reto fue llevar con la misma intensidad la vida de esas mujeres tan distintas. Cada una con su carácter, sus aventuras y la necesidad común de sobrevivir. Lo que más trabajo me ha dado es encontrar el equilibrio para que esas mujeres vayan a ritmo acompasado en acciones, en emociones, en aventuras y desventuras. Hacer simultáneas esas acciones, manejar esos tempos para que no se descompensen es lo que más me ha costado en esta novela, mucho más que la documentación, mucho más que la investigación en Estados Unidos.

P.: En "Las hijas del Capitán" está 1936, la Guerra Civil española, Alfonso de Borbón, el Conde de Covadonga que prefiere a una cubana antes que la corona; la medio latina Rita Hayworth, entre muchos otros.

M.D.:
Tuve que hacer como un juego de malabares, no me pude descuidar en ningún momento. Tenía una organización general de la historia, pero la dejé cuando vi que los personajes se me iban. Estaba ese padre, Emilio Arenas, marinero de Málaga, que las llama a Nueva York para ayudarlo en la fonda "El Capitán" que él creó y que ellas heredan, y que tendrán que mantener, y querrán llegar a transformar en night club. Lo que no podía dejar de atender era a la vez los hechos ciertos, históricos, por donde Victoria, Mona y Luz Arenas se desplazan. Mona, la del medio, la más echada para adelante, la más activa, decidida y lúcida, es la que decide trabajar afuera, la que más me conecta con lo histórico inmediato. Es la que se abre a esa ciudad que les abruma, las domina, gigantesca, que las acobarda y les trastoca la vida. Y es que venían de una España atrasadísima. Yo quería contar de gente que llego sin un dólar y creció en todos los sentidos, entre otras cosas gracias a las redes de solidaridad que formaron las colectividades de gallegos, valencianos, vascos, asturianos.

P.: Después de "Las hijas del Capitán", ¿qué?

M.D.:
No lo sé. Empiezo a darles vueltas a algunas historias, lo que pasa es que estoy aún demasiado dentro de esta novela y acompañándola en su difusión. Luego de lo ocurrido internacionalmente con la adaptación a serie televisiva de "El tiempo entre costuras", un éxito insospechado, ahora van a convertir en serie mi novela "La templanza", parece que va a ser una coproducción española-mexicana.

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