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Más pobreza, mayor compromiso

El combo de inflación y devaluación se traducirá en un aumento de la pobreza. El tercer sector requerirá más ayuda. Cómo deberían actuar las empresas.

Los indicadores económicos hablan de una realidad compleja en la Argentina con inflación alta, devaluación del peso, suba tarifas de servicios y caída del salario real que llevarán a un crecimiento de la pobreza. En este contexto cabe preguntarse cómo actuarán las empresas en momentos en los que se prevé un aumento de la demanda de ayuda hacia los sectores más vulnerables.

Según el último informe de Observatorio de Deuda Social de la UCA, la pobreza alcanza al 48,1% de los niños en Argentina y a más de la mitad en el Gran Buenos Aires. Un 33,8% de los chicos se alimenta en comedores, 17,6% tiene déficit en sus comidas, un 8,5% pasa hambre. En el territorio estos números se traducen en mayor asistencia a comedores y en el resurgimiento de los clubes de trueque.

Las cifras asustan y si bien las empresas aseguran que no tienen mayores demandas por el momento lo cierto es que están preparadas para este tipo de contingencias.

Desde el Banco de Alimentos aseguran que el pedido de donaciones se mantiene pero que cada mes suman entre 25 y 30 organizaciones sociales a una lista de espera para recibir insumos para comedores. "El territorio en el que trabajamos es uno de los que presentan mayores niveles de pobreza y vulnerabilidad", asegura Marisa Giráldez, directora de la entidad en referencia al Conurbano. Los principales beneficiarios son los niños pero también se extiende a las familias. Según Giráldez los comedores "además de atender a los chicos se les entregan viandas para ser compartidas en sus casas".

"El rol de las empresas es clave. Esto no significa que tengan que hacer todo, sino que es fundamental la generación de alianzas a largo plazo que permitan el desarrollo de acciones que se sostengan en el tiempo", completa la directora.

Mariana Lomé directora del Posgrado en Organizaciones Sociales de la Universidad de San Andrés coincide con la importancia de las alianzas duraderas y afirma que ha evolucionado el vínculo entre las empresas y las organizaciones de base. Según la académica, las empresas realizaron un trabajo activo con los sectores más vulnerables durante la crisis de 2001 y de 2008 por lo que están preparadas para un contexto adverso. "Las empresas y las organizaciones sociales a lo largo de 20 años han podido construir lazos que permiten de forma inteligente responder si las necesidades de la gente aumentan", define.

Además, advierte sobre dos mecanismos que se utilizaron en las anteriores crisis y que podrían repetirse: presupuestos de contingencia y ayuda puntual a la estructura de las organizaciones de base con las que trabajan que se traduce mediante el pago de servicios, sueldos y capacitaciones. "Las empresas tienen fondos de contingencia y en momentos de este tipo de coyuntura empiezan a implementarlos en aquellos que están en territorio", resume Lomé.

Las empresas consultadas no percibieron por el momento un aumento abrupto del pedido de ayuda, pero recalcaron que en momentos de recesión el sector privado debe servir como canal de ayuda. "Son los momentos en los que la sustentabilidad cumple un papel más activo", coinciden.

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