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Masiva pero atomizada, la marcha inició cuenta regresiva a otro paro

Confluyeron todas las expresiones gremiales: desde la CGT y los sindicatos disidentes que reportan a Moyano hasta las CTA, organizaciones sociales, partidos de izquierda y empresarios pyme, aunque no hubo un cierre.

La movilización del sindicalismo ayer en el centro porteño, masiva pero fragmentada y sin un cierre consensuado por sus organizadores, encendió la cuenta regresiva hacia un nuevo paro nacional, el quinto en la administración de Mauricio Macri, que deberá concretarse entre el 30 de abril y mediados de mayo, tal como anticipó este diario. La movilización puso en evidencia la salud de las estructuras del gremialismo tradicional a pesar de la crisis pero mostró, al mismo tiempo, la ausencia de un liderazgo destacado con vistas al proceso electoral y la próxima gestión al frente del Gobierno.

La “Marcha por la unidad, la producción y el trabajo argentino”, entre el barrio de Once y la esquina de las avenidas 9 de Julio y De Mayo, tuvo como protagonistas la conducción de la CGT y de los gremios industriales –iniciales impulsores de la protesta- y en un pie de igualdad los sindicatos opositores que rodean a Hugo Moyano. También hubo participación de movimientos sociales, tuvo como novedad un rol destacado de dirigentes empresarios del sector pyme, y habilitó la clásica escisión de la izquierda, que en su columna propia fue la única que llegó hasta la Plaza de Mayo.

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La jornada arrancó en Once, desde donde las columnas principales se trasladaron al Congreso para entregar un anteproyecto de ley sobre pyme a diputados de la oposición. De ahí continuaron por avenida Rivadavia hasta la 9 de Julio, adonde se produjo una rápida desconcentración. No hubo incidentes con excepción de la represión que ejercieron efectivos de la Policía de la Ciudad contra manifestantes de organizaciones sociales que se encontraban frente al Ministerio de Desarrollo Social con un reclamo para que se declarase la emergencia alimentaria. Allí fue detenida una mujer de avanzada edad, lo que amplió la tensión con los manifestantes.

Para algunos estudiosos del sindicalismo argentino de las últimas décadas se trató de una protesta a cargo de los aparatos gremiales más que de los trabajadores. Por desarrollarse en un día sin paro de actividades, gran parte de la concurrencia se dividió entre delegados con fueros, empleados públicos que gozan de mayor estabilidad que los del sector privado, trabajadores de media jornada o de sindicatos que, como en el caso de Camioneros, tienen una relación de fuerza inversa con el sector empresario y cuentan con mayores facilidades para abandonar sus tareas, y beneficiarios de planes sociales que militan en organizaciones.

La ausencia de un escenario y de un acto final blindó a los referentes de la CGT de cualquier intento de abucheo o repulsa como la que los obligó a abandonar de apuro una protesta en marzo de 2017, recordada por ese episodio y por la vandalización del histórico atril de la central sindical por parte de un sector de la manifestación.

La conducción tradicional de la CGT asumirá su habitual postura tras una protesta: aguardar una respuesta del Ejecutivo por unos días, para recién después reanudar su ronda de discusiones internas con vistas al siguiente paso, un nuevo paro nacional. Como le había anticipado a este diario Rodolfo Daer (Alimentación), el cálculo para esa instancia llega a mediados de mayo. Para los jefes de la central obrera será determinante la resolución oficial respecto de los fondos de las obras sociales, que los funcionarios habían prometido destrabar a través de un decreto y una resolución que volcarían 14 mil millones de pesos en el sistema más otros $ 18 mil millones con intereses en un plazo de diez años.

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En los sectores de la CGT hay cada vez más consenso en torno de otra huelga y sólo resta generar el acuerdo en torno de una fecha. Los “gordos” de los grandes gremios de servicios, los “independientes” de diálogo frecuente con el oficialismo y el grupo que sigue a Luis Barrionuevo, los tres núcleos que sustentan al binomio de Héctor Daer y Carlos Acuña, prefieren situar en mayo el paro en contra de la determinación de los sindicatos opositores de convocarlo el 30 de abril, un día antes del feriado internacional por el Día del Trabajador. “No descartamos un paro, tenemos que analizarlo sin apuro. Razones sobran para hacerlo, entre ellas la situación de las obras sociales”, le resumió ayer a este diario Hugo Benítez, de la Asociación Obrera Textil (AOT) y cercano a Barrionuevo.

El Frente Sindical por el Modelo Nacional y la Multisectorial 21-F, los espacios que promociona Moyano, se reunirán el jueves que viene en el sindicato de mecánicos (Smata) en un plenario de dirigentes y seccionales gremiales del interior del país para dar a conocer su fecha de paro y meterle presión a la CGT. En el tironeo incidirán, también, los sindicatos del transporte público de pasajeros (en particular los colectiveros de UTA y los maquinistas ferroviarios de La Fratenidad) por su rol gravitante en cualquier paro.

Otros que serán decisivos serán los gremios industriales, impulsores primigenios de la movilización. Ayer fue ostensible el protagonismo de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Antonio Caló y del Smata, de Ricardo Pignanelli, en tanto que en la columna principal de la CGT se guardó un espacio destacado junto al binomio de la CGT para Benítez, de los textiles, y Rodolfo Daer. De hecho en el arranque de la marcha hubo fricciones entre Héctor Daer y Caló por el apuro de los militantes del sindicato de Sanidad por primerear a sus pares metalúrgicos.

En tanto que Pablo Moyano, de Camioneros, Sergio Palazzo, de la Asociación Bancaria y referente de la Corriente Federal de Trabajadores y Hugo Yasky se movilizaron con columnas propias y diferenciadas de las de la CGT. El hijo mayor del líder camionero insistió en que habrá otro paro nacional “antes de que termine abril, porque la situación no se aguanta más”.

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