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Master Grower: una tarea clave para el cultivo

La intrusión de algún patógeno o plaga puede significar el fin de una cosecha entera. La capacidad de respuesta profesional de un experto en el cuidado de las plantas es fundamental para controlar los riesgos y amenazas.

Uno de los grandes desafíos que trae aparejado la inserción en la industria del cannabis, es la capacidad de gestión del conocimiento que un país tiene para brindar herramientas necesarias que apuntalen el surgimiento de este fenómeno nuevo. Argentina tiene un largo recorrido por delante en cuanto a desarrollo académico y formativo de quienes serán los profesionales futuros de la industria que revolucionará el planeta. En exclusiva para Ámbito Hemp mantuvimos una charla con el master grower o encargado del cultivo de Fildroy S.A., Rafael Porley. Fildroy, es una compañía con licencia de Cannabis Medicinal en Maldonado, Uruguay, que se sumó recientemente a la ola de nuevas empresas del sector.

Periodista: ¿Cuál es la función del master grower en la industria del cannabis?

Rafael Porley: Para comenzar a explicar cuál es la función del Master Grower hay que decir que se trata de varias funciones o trabajos que hay que saber combinar a la perfección.

Evidentemente lo más destacable es el cuidado de las plantas desde la observación detallada primero, y luego en las tareas de conservación de las semillas, germinado, etapa vegetativa (crecimiento), floración y cosecha.

Cada uno de estos pasos conlleva cuidados especiales para así lograr buena calidad de rendimiento sin descuidar el medioambiente.

El master grower se encarga del medioambiente si se trata de un cultivo indoor o vivero, esto quiere decir que controlará las horas y calidad de luz necesaria, la humedad, el riego, la calidad del sustrato si lo hay o en su defecto el sistema hidropónico o aeropónico. Así también se ocupará de establecer y mantener el equilibrio biológico entre nuestras preciadas plantas y su entorno, todo para lograr la mejor calidad y rendimiento.

Si el cultivo se realiza a modo extensivo o a campo abierto no tenemos tanto control sobre el medioambiente, como la luz, la lluvia, el viento o cualquier eventualidad climática adversa. También juegan otros factores como la posibilidad de incursión en nuestro cultivo de animales, malezas, insectos y una larga lista de factores que puede estropear el cultivo en muy poco tiempo.

P.: ¿Cómo fue tu camino para llegar a serlo?

R.P.: Hace casi 18 años, en Europa, comenzó mi camino como master grower de una manera muy peculiar.

Todo comenzó con la llamada de un amigo la tarde de un sábado solicitando mi asistencia como técnico frigorista para solucionar un problema de carácter urgente en la empresa de uno de sus clientes.

Cuando llegamos al sitio se trataba del cultivo de cannabis indoor de proporciones épicas, en ese momento descubrí la importancia de la climatización en este tipo de industria.

Con el paso del tiempo me fui acercando más a las actividades que se desarrollaban en estos cultivos.

No pasó mucho tiempo desde la primera visita que cuando quise darme cuenta me estaba encargando del automatismo del cultivo no solo en la climatización sino que también en el sistema lumínico y de riego, diseñando y mejorando las técnicas que ya se utilizaban.

Debido a los éxitos que se obtenían a mediano y corto plazo me invitaron a sumarme al equipo también en la investigación y desarrollo de los nutrientes para este tipo de plantas.

A través de estas experiencias, algunas muy buenas y otras no tanto, fui aprendiendo y dominando todos los aspectos de un cultivo de cannabis.

Hay que destacar que este es un trabajo que no se puede hacer solo, se necesita de un buen equipo para el apoyo, delegar tareas diarias, colaborativamente se llega al desarrollo necesario y a lograr excelentes estándares de calidad.

En mi caso cuento con la incesante tenacidad de mi hermano y socio Gabriel, que desde el primer día hasta hoy ha sido mi compañero en cada paso que dimos.

P.: ¿Qué conocimientos consideras indispensables para tu profesión?

R.P.: Creo que lo indispensable y fundamental es el conocimiento de uno mismo. Y, primero que nada, averiguar si hay constancia y voluntad de superación, ya que se trata de un trabajo 24/7, porque uno no elige cuando será el momento en que estos seres vivos, nos requieran por alguna emergencia.

Luego de saber que tenés lo necesario para hacer esto, se necesitan nociones básicas - y no tan básicas - de botánica, donde puedas entender claramente qué es lo que necesita una planta de cannabis para crecer y desarrollarse de forma óptima.

En mi caso particular cuento con un abanico de oficios que me son muy útiles.

En primera instancia nací en una tintorería, y eso me brindó conocimientos de química y comercio desde que tengo uso de memoria.

Estudié Ingeniería Eléctrica lo cual me ayuda mucho en instalaciones eléctricas para la industria; soy perito técnico en refrigeración especializado en climatización y equipamiento para laboratorios, conocimientos que empleo para adecuar microclimas en cultivos indoor y la posterior conservación de la materia prima.

Y por último, aunque parezca inconexo lo que digo, desde muy joven soy instructor de taekwondo lo que forjó mi carácter con disciplina y determinación para lograr mis objetivos. Considero que sin calma, paciencia, tenacidad y constancia en esta profesión no hay resultados. Muchas veces se cometen errores por querer alcanzar el resultado rápidamente, sin pasar por el debido proceso que la planta necesita para desarrollar su potencial al máximo.

P.: ¿Cuáles son las dificultades que se encuentran actualmente para poder formarse en esta carrera? La ley del Uruguay exige que sean ingenieros agrónomos quienes firmen como responsables de los cultivos, ¿que sucede con ustedes en esos casos?

R.P.: En primera instancia que no hay cursos completos para esta profesión, y los que saben casi ninguno de ellos está dispuesto a compartir sus conocimientos, al contrario, tratan de que no se sepa, ¿por qué? La respuesta es muy sencilla: porque es un oficio muy caro que se paga muy bien en una industria multimillonaria; los master growers de hoy son como los alquimistas de épocas pasadas.

Nuestra experiencia con nuestros ingenieros agrónomos que se animan a incursionar en este rubro por lo general es muy buena.

En términos generales no competimos, por el contrario, compartimos experiencias lo cual nos enriquece en conocimiento. Ello tienen una base de conocimiento académico que les da su formación que es fundamental, pero entendamos que en forma general, no han visto nada de este cultivo tanto en los libros como en la práctica en muchos casos, teniendo en cuenta que la regulación todavía es reciente. La mayoría de las empresas están tomando ambos tipos de profesionales para que coexistan, ya que los agrónomos firman y luego se reparten responsabilidades cada cual en su ciencia.

P.: ¿Qué diferencia la experiencia en pequeña escala o “autocultivo” de esta profesión?

R.P.: La diferencia entre un “autocultivador” y un master grower es simple, se trata del riesgo y, obviamente, de la cantidad de cosechas en su haber.

Si sos “autocultivador” y cometés un error, lo cual te hace perder unas 6 plantas en el patio trasero de tu casa, seguramente lo vas a lamentar mucho y te quedarás sin esas ricas flores que nunca llegaron. Pero si eres el master grower de una empresa, la cual invirtió miles de dólares en, por ejemplo: 300 hectáreas de cultivo y cometés un error... bueno, quizás tengas suerte y termines como “autocultivador” de vuelta en el patio trasero de tu casa.

Ni hablar en cultivos controlados e interior, en donde una intrusión de algún patógeno o plaga en un sector, puede significar el fin de una cosecha entera. Son riesgos mayúsculos que requieren una atención en los procesos y una capacidad de respuesta a nivel profesional, con sendos recursos que te da la experiencia a gran escala.

P.: ¿Cómo ves el presente de la industria en tu país y en el mundo?

R.P.: El presente de la industria en Uruguay es un poco confuso y complicado a nivel burocrático. Llevamos 5 años con la ley sancionada y la realidad es que no hay productos de industria nacional que hayan llegado a las farmacias en cuanto aceites o cremas de CBD. Eso da cuenta de que algo sucede que merece revisarse.

Tengamos en cuenta que la resina de cáñamo se utiliza en aplicaciones terapéuticas y en muchos casos compite con la ya establecida industria farmacéutica y eso lo complica todo.

Es bien sabido que el CBD y el THC no tienen como contraindicación la sobredosis, por lo tanto es considerada una droga segura, cosa que no podemos decir de la mayoría, sino de todos, los fármacos que se venden en farmacias. En un principio esto generó una competitividad entre los productores de cáñamo o cannabis y los laboratorios de farmacología. Por suerte hoy en día esas diferencias se han acortado mucho. Incluso muchos profesionales de la salud comienzan a sugerir o recomendar a sus pacientes el consumo de CBD para distintas dolencias, frente a la respuesta negativa a tratamientos “convencionales” de la industria médico-farmacéutica.

Desde hace algunos años en distintos puntos del mundo se comenzó a dar crédito a las bondades de estas plantas y poco a poco se está permitiendo que la sociedad acceda a los beneficios de la resina de CBD, THC, CBG y otros subproductos del cannabis. Esto en Uruguay hoy sucede en la medida de los clubes o el autocultivo, pero no se ha establecido una empresa local que lo esté brindando.

Esto, sin lugar a dudas, recién comienza. Falta mucho por investigar y descubrir.

P.: Argentina todavía no ha alcanzado la regulación plena ni garantizado el acceso ¿qué factores cree que debería tomar en cuenta y mejorar la regulación futura en base a lo que sucede en Uruguay?

R.P.: Sin dudas las leyes se las dejo a los legisladores, porque son ellos los que deben lealtad a su pueblo, son ellos los que deben velar por la seguridad y la salud de la comunidad. También son ellos los que deben escuchar y responder según las necesidades de su propia nación. No olvidemos que los políticos deben estar al servicio de su pueblo, no el pueblo al servicio de los políticos. Todo lo que sea diferente a esto, no saldrá bien.

Tanto en Argentina como en Uruguay, se vive en democracia, y si el pueblo elige, el Estado debe responder. Eso explica que el Estado uruguayo haya respondido a su pueblo y legalizado el cannabis para uso recreativo.

La ley en Uruguay se puede mejorar, pero al menos ha tenido un comienzo. En lo personal, trabajaría mucho más el aspecto medicinal de la ley, consejo que - humildemente - le brindaría a mis hermanos argentinos.

P.: ¿Qué recomendarías a los jóvenes que hoy comienzan sus estudios soñando con tener la posibilidad de trabajar en esta industria?

R.P.: Me animo a recomendar a los jóvenes (y no tan jóvenes), que dejen de soñar y se pongan ya manos a la obra. Para dedicarse a esto se requiere esfuerzo y voluntad, mucho de ambas. Sean conscientes que nunca dejarán de aprender y descubrir, esta industria exige constante superación, van a tener que estudiar mucho y trabajar mucho más, vendrán éxitos y fracasos pero de todas las experiencias debemos sacar conocimiento. Jamás crean que ya tienen lo mejor, la planta o la técnica definitiva, vayan siempre sin prisa pero sin pausa. Y me voy a dar la libertad de compartirles una lección personal. Lo más difícil no es tener buenas plantas o el mejor equipamiento, lo más complicado sin dudas, es dar con las personas correctas en el momento adecuado.

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