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May dio un ultimátum a Rusia para que aclare el ataque al exespía

Serguei Skripal y su hija fueron envenenados en un bar de Reino Unido con un agente nervioso producido por la extinta Unión Soviética. La mandataria afirmó: fue el Kremlin o perdieron el control de la sustancia.

Londres - La primera ministra británica, Theresa May, aseguró ayer que es "altamente probable" que Rusia haya tenido responsabilidad en el ataque contra un exespía ruso y su hija en Reino Unido y subió la tensión con Moscú, al que le exigió una respuesta hoy.

May afirmó ante el Parlamento que los expertos confirmaron que el veneno utilizado contra el exespía Serguei Skripal y su hija era un "agente nervioso de nivel militar desarrollado por Rusia". Pertenece a la serie Novichok, una sustancia producida en la ex Unión Soviética que tiene unas 100 variantes y se considera uno de los más peligrosos.

Además, la mandataria informó que Reino Unido llamó a consultas al embajador ruso para demandar una explicación por la presencia del agente nervioso y prometió discutir con el Parlamento una potencial medida contra Rusia "si no hay una respuesta creíble".

"Si no hay una respuesta creíble, llegaremos a la conclusión de que esta acción equivale a un uso ilegítimo de la fuerza por parte del Estado ruso contra Reino Unido", apuntó.

El ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, demandó que el diplomático respondiera en la mayor brevedad, según la premier, que apuntó que Moscú debe explicar la situación ante la Organización para la Prohibición de Armas Nucleares (OPAQ).

May, no obstante, matizó la acusación y afirmó que hay dos posibles explicaciones detrás del uso del gas nervioso: que fue utilizado en una "acción directa por parte del Estado ruso" o que Rusia "perdió control" de sus provisiones del veneno.

La primera ministra había convocado ayer a una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional, en la que participaron representantes del ámbito político, de los servicios secretos y de las fuerzas de seguridad. Según explicó, el Gobierno tiene previsto mañana "considerar en detalle la respuesta del Estado ruso".

Los medios británicos habían especulado con que la primera ministra podría anunciar diversas sanciones, entre ellas la expulsión de diplomáticos o medidas financieras contra empresarios con sede en Londres del entorno del presidente ruso Vladímir Putin.

May ya había amenazado con no enviar a representantes de su Gobierno al Mundial de Rusia. En una entrevista con la cadena BBC, el presidente del Comité de Política Exterior de la Cámara baja, Tom Tugendhat, advirtió ayer a los hinchas británicos que podrían correr peligro en Rusia si crece la tensión.

Las afirmaciones de May prometen aumentar la tensión con Moscú y estuvieron precedidas de una advertencia de la embajada rusa, que le aconsejó no librarse a un "juego peligroso" que pone en riesgo las relaciones bilaterales. "Esto es un espectáculo circense en el Parlamento británico" y "una provocación", dijo tras la intervención de May, la portavoz de la diplomacia rusa, Maria Zajarova.

El ministerio ruso de Relaciones Exteriores añadió en Facebook que las acusaciones de May trataban de "desacreditar a Rusia" antes de la Copa del Mundo de fútbol que acogerá en junio y julio.

El excoronel Skriptal y su hija siguen en estado grave en el hospital, junto a un policía que también resultó herido al atenderlos, pero cuyo estado no es tan preocupante.

El diputado Tom Tugendhat, que preside el comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de los Comunes, ya había avanzado que el crimen tenía "toda la mala pinta de un intento de asesinato auspiciado por un Estado".

Algunas voces estimaron que si a Rusia se le hubiera ocurrido volver a tratar de matar de nuevo a uno de sus exagentes en suelo británico, la culpa sería en parte de la tibia respuesta de Londres a la muerte de Alexander Litvinenko hace 12 años.

Este antiguo agente de los servicios secretos rusos se volvió un feroz crítico de la corrupción en el Kremlin de Vladímir Putin, y acabó siendo asesinado con polonio-210 en un hotel de Londres, en lo que fue descrito durante la investigación como el primer atentado nuclear.

El antiguo agente murió en 2006 al cabo de tres semanas de agonía atroz y la cafetería del hotel donde se cometió el envenenamiento terminó fuertemente contaminada.

Agencias DPA, AFP y EFE

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