Política

Medidas en tiempos de FMI: Gobierno y mercado, una relación con idas y vueltas

En los últimos meses la Casa Rosada lanzó una batería de medidas para frenar la depreciación del peso con el objetivo de generar confianza y previsibilidad en una economía marcada por la inflación y la recesión.

En tiempos de campaña electoral, el pulso de la economía argentina se mide a través del ritmo del dólar. Las subas y bajas del billete verde sirven como un termómetro de las expectativas de los inversores en el corto plazo. A esa volatilidad hay que sumar dos elementos que dan señales sobre el humor del mercado en el mediano y largo plazo: el riesgo país y los indicadores bursátiles.

Condicionado por el acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno apeló en los últimos meses a una batería de medidas para frenar la depreciación del peso con el objetivo de generar confianza y previsibilidad en una economía marcada por la inflación y la recesión. En ese contexto, vale un breve repaso del estado de situación de la relación entre las decisiones económicas del oficialismo y las reacciones del mercado.

El 8 de mayo del año pasado Mauricio Macri anunció el inicio de negociaciones con el FMI para solicitar ayuda financiera en medio de una intensa volatilidad cambiaria. En su breve declaración, el Presidente no brindó mayores detalles y ese mismo día el mercado devolvió un golpe a las expectativas del Gobierno con una baja del 4,49% de la bolsa porteña.

Los días siguientes los papeles argentinos rebotaron y alternaron subas y bajas hasta registrar un incremento de más del 14% entre el anuncio de Macri y la firma del acuerdo con el FMI, sellado a finales de junio. En ese mismo período, el dólar se movió hacia arriba y escaló un 21%.

Mientras tanto, el riesgo país comenzó a cobrar protagonismo ante el temor de los inversores de que la Argentina no pueda hacer frente a sus compromisos. El día previo al anuncio de Macri cerró en 471 puntos básicos y para cuando se firmó el pacto con el organismo ya había llegado a los 557 tras un pico de 564 puntos básicos. Un anticipo de lo que se avecinaba.

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Una postal del parqué porteño.
Una postal del parqué porteño.

Acuerdo stand-by y dudas

El Directorio Ejecutivo del FMI finalmente aprobó el 20 de junio un primer acuerdo stand-by con la Argentina de tres año por u$s 50.000 millones. El plan, ideado por el Gobierno para "transitar las turbulencias internacionales", incluía el compromiso de la Argentina de reducir su déficit primario al 1,3% en 2019 y alcanzar el equilibrio fiscal primario hacia 2020.

En un principio, la decisión del Gobierno de financiarse a través del FMI fue tomada por el mercado positivamente. El debut del acuerdo trajo algo de calma a la voracidad del mercado por el billete verde, pero el optimismo duró poco. Sobre finales de agosto, el dólar volvió a despertarse con una nueva corrida. Así, entre el 27 y el 30 de agosto el dólar saltó nada menos que 26,29%. En ese contexto, el riesgo país escaló hasta los 776 puntos básicos, récord en la era Macri.

La confianza de los inversores se desplomó dos meses después de acordar con el FMI. El equipo económico encabezado por el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne voló hacia Washington para barajar y dar de nuevo. El 26 de octubre se confirmó que el organismo le concedía a la Argentina una ampliación del crédito por u$s 5.700 millones, elevando a u$s 57.000 el giro de fondos hasta 2021. El nuevo acuerdo creó un régimen para el mercado: las bandas cambiarias apalancadas por la promesa de una fuerte contracción monetaria.

La hora de las bandas

El Banco Central conducido ahora por Guido Sandleris puso en marcha un nuevo esquema de flotación del dólar con un piso y un techo para el tipo de cambio con el objetivo de darle previsibilidad al mercado.

El dólar se desplomó casi un 3%, dando inicio a un declive en la voracidad por el billete verde en el arranque del programa. La moneda norteamericana pasó de los $ 42 a los $ 36,42 a mediados de noviembre. Una pax cambiaria que también surtió efecto en el riesgo país, que cayó hasta los 597 puntos básicos.

El optimismo tardó en llegar a la bolsa porteña ya que el contagio por los papeles argentinos recién se hizo sentir en febrero de este año cuando el Merval alcanzó los 37.685 puntos, récord en el parqué porteño.

Tras un verano "planchado", el Gobierno apostaba sus fichas a una reactivación económica que le diera aire en un contexto pre electoral dominado por la recesión y la alta inflación. Sin embargo, el optimismo oficial chocó contra la realidad y el mercado se lo hizo saber.

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Sandleris, Lagarde, Dujovne y Lipton.
Sandleris, Lagarde, Dujovne y Lipton.

La era del congelamiento

Marzo arrancó con otro reverdecer por la voracidad del dólar en la city porteña con una escalada del dólar que encontró su techo el 5 de abril, cuando la moneda norteamericana cerró a $ 44,96 en las pizarras. A ello se sumó el dato de la inflación durante el trimestre del año: 11,4%. Este escenario motivó un paquete de medidas del Gobierno para controlar las dos variables.

Por un lado, el Banco Central congeló hasta fin de año el techo y el piso de la banda cambiaria, eliminando el ajuste diario de la zona de no intervención. Ahora, el nuevo tope para el dólar será de $ 51,45, contra los $ 59,6 que hubiera alcanzado de haber continuado con el esquema inaugurado en octubre. Por el otro lado, el Gobierno lanzó una batería de anuncios para fomentar el consumo y aliviar el alza de los precios con una extensión del programa de Precios Cuidados.

Mientras tanto, el riesgo país sigue escalando desde hace varios meses. Este mismo martes tocó los 868 puntos básicos, un nuevo récord de la administración Cambiemos. La bolsa porteña no escapó al panorama negativo de los últimos días borrando gran parte de lo ganado en el inicio de año.

Las razones de este signo negativo en las expectativas se explican en parte por la aversión del mercado a las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno para frenar la inflación al considerarlas como sólo un paliativo y otro tanto por la incertidumbre electoral que domina el escenario político. Aún quedan dos meses para que se resuelva el tablero electoral hacia las presidenciales y en el horizonte también se acerca octubre, una carrera que se anticipa volátil.

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