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Megalodón, o el tiburón de los años digitales

Con fuerte aporte de capitales chinos, el género del “asesino del mar” tiene una reencarnación 2.0. El film catástrofe, que recurre ahora a una criatura “jurásica”, busca reinsertarse en la tradición del miedo al estilo años 70.

Los Angeles - Desde que Steven Spielberg aterrorizó a toda una generación en el momento de entrar al mar con "Tiburón" (1975), pocas películas sobre peces asesinos tuvieron éxito. Las secuelas de aquel tanque convirtieron el género en un cúmulo de mediocres películas de monstruos, desde la serie de "Sharknado", "Piraña", "Alerta en lo profundo" y "Miedo profundo", además de las propias secuelas de "Tiburón", cada vez más lavadas (la tercera, con Michael Caine, se estrenó en los 80 y se probó con la técnica del 3D, que en aquel momento no prosperó).

Ahora, en los años digitales, "The Meg" ("Megalodón"), se estrena este mes con dimensiones mucho más amplias, al menos en el tamaño del asesino, y mezclando el género con el de "Jurassic Park": el megalodón, algo así como un tiburón-T. Rex, tiene dos millones de años y es cinco veces más grande que un tiburón blanco. Cada uno de sus dientes tiene el tamaño de una heladera. "Cuando eres un niño, piensas que hay un monstruo bajo tu cama o dentro del armario, y nos espantan, aparecen en nuestras peores pesadillas", dijo en la presentación a la prensa del film uno de sus protagonistas, Rainn Wilson. "Están en nuestras sombras junguianas, la humanidad atraviesa un momento oscuro en la actualidad y creo que las películas de monstruos o posapocalípticas reflejan eso". Basada en el best-seller "Meg" de Steve Alten, la película de Jon Turteltaub cuenta también en el elenco con Jason Statham y la actriz china Li Bingbing.

El argumento tiene como centro una estación de un programa internacional de observación submarina cuando es atacada por una gigantesca criatura no determinada, y termina en el fondo del océano Pacífico con su tripulación atrapada dentro. El ex rescatista Jonas Taylor (Statham), es llamado entonces por el oceanógrafo Zhang (Winston Chao) contra los deseos de su hija Suyin (Li), que piensa que puede conducir la operación por sí sola. Salvar a esta tripulación de este megalodón de 23 metros requerirá de más esfuerzo, lógicamente, que el que emplearon en su momento Roy Scheider, Richard Dreyfuss y Robert Shaw.

Wilson recordó cuando vio por primera vez "Tiburón" con 12 años. "No había visto una película así en toda mi vida, dejó una marca indeleble en mí", señaló. "Era hermosa y visceral y al mismo tiempo terrorífica". Con los medios rudimentarios de los que disponía en esos años, Spielberg debió enfrentar muchos problemas con su modelo de tiburón mecánico -bautizado "Bruce" por su contador- para que funcionara en agua salada. Desde ya, las cosas son muy distintas hoy. El megalodón de "The Meg" fue generado digitalmente por computadora, y está basado en una extensa investigación de la apariencia del animal. Lo que antes era una lucha real con muñecos de goma en el mar real se resuelve ahora en el diseño cibernético. "La idea era crear algo que luciera enorme y aterrador, pero al mismo tiempo elegante en el agua", señaló Turteltaub.

El japonés Masi Oka, que interpreta a uno de los tripulantes atrapados, antes trabajó como artista de efectos visuales en las precuelas de "Star Wars", "Misión a Marte", "Terminator 3" y otras películas taquilleras. Estimó que la tecnología es hoy irreconocible. "El límite no está en lo que puedes hacer, sino en lo que se te pueda ocurrir", señaló. Como en "La Gran Muralla", "Transformers: la era de la extinción", "Rápidos y furiosos 7", "Rascacielos: rescate en las alturas" y "Titanes del Pacífico: la insurrección", "The Meg" contó con un fuerte financiamiento chino. Y buena parte se desarrolla en ese país, en la isla de Hainan, aunque también se filmó en Nueva Zelanda.

El golfo de Hauraki sirvió de doble del Pacífico chino y varias tomas se realizaron en tanques en Auckland. "China es un lugar maravilloso", dijo Turteltaub. "Es un paraíso para una película de tiburones".

A diferencia, también, del "Tiburón" original, la película se vincula mucho más con la corriente de cine catástrofe de los 70, mientras que Spielberg había producido también una revolución en el género al incorporar una trama de conflictos dramáticos fuertes y personajes bien definidos. Aquí, en cambio, tal como en "Terremoto" o "Infierno en la torre", lo que más importa es la catástrofe misma y no los personajes.

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