Espectáculos

Melville, o el lado B de un genio literario

La novela, premiada por el FNA conjetura la forma en que se construye un escritor.

Un autor consagrado, al ser visto desde los sucesos triviales, cotidianos, adquiere una dimensión que muestra la voluntad del creador y su destino. Tal la operación narrativa que realiza Eric Schierloh con Herman Melville en “M” (Eterna Cadencia Editora); lo vuelve personaje, un emblema de lo humano. El platense Schierloh es escritor, traductor y editor del sello “Barba de abejas”. Ha publicado cinco libros de poemas y las novelas “Formas de humo”, “Kilgore”, “Donde termina el desierto”, “La mera tierra”, “El Maguey”. Dialogamos con él sobre “M”, que ganó el Primer Premio de novela del Fondo Nacional de las Artes.

Periodista: ¿Por qué tomó una vida aventurera como la de Melville, el autor de “Moby Dick”, pero en su etapa menos novelesca, la del escritor fracasado, la del poeta recluido?

Eric Schierloh: Le quito la novelería a la novela, como diría Borges. Quitarle a la novela la peripecia, lo esperable de una fábula. Quedarse, entonces, con el esqueleto, con la información.

P.: ¿Cómo hace para que eso sea entretenido?

E.S.: No sé si entretenido es lo que busco. En lo narrativo interviene la forma. El dispositivo que aporta a eso es la forma. Cuando hay ausencia de peripecia o de novelería tiene que intervenir la forma. La forma repone el interés que uno podría sospechar que el lector deposita en el texto. En “M” me interesaba el aislamiento, la desaparición del escritor en la multitud. Filtrar la información de lecturas, de cartas, de referencias, de dichos de otras personas para ver cómo eso puede ir diseñando un personaje, un protagonista.

P.: Así logra un collage de residuos que remite a su cita de Joseph Brodsky “la vida es la suma de movimientos sin importancia”.

E.S.: Construir con los residuos por una parte la vida esperable, y por otra, una vida no esperable. Fragmentos de cartas, citas, memorias, datos, lecturas, comentarios. Eso tiene que ver con mis traducciones de Melville. Desde 2007 estoy traduciendo mucho de lo inédito de Melville en nuestra lengua. Y a la poesía, a los ensayos, a las cartas, a los diarios les fui agregando capítulos biográficos para reconstruir el contexto de la obra que estoy traduciendo. En un momento esos capítulos se comenzaron a juntar y ahí me di cuenta de que había una vida escrita paralelamente a las traducciones. Hay una línea de tiempo. Al principio de “M” aceleró la información de lo más novelesco de la vida de Melville para quedarme con el episodio más extenso de su vida: su reclusión urbana y la escritura de poesía en secreto. Hago al comienzo una síntesis biográfica de 10 años, en 10 páginas, para mostrar el contraste de cuánto pudo escribir Melville en esos 10 años que se dedicó a la narrativa, y qué poco va a escribir luego en 30 años.

P.: Esos 10 años, que cuenta sintéticamente, son los de obras cardinales, “Moby Dick” y “Bartleby”, que usted apenas si cita al pasar.

S.: Tiene que ver con quitare la novelería a la novela. No entrar por la puerta esperable. No abordar la materia más atractiva desde la novela convencional. Lo más atractivo para una novela con algún viso de experimentación formal tenía que ser un material intrascendente, un material poco novelesco. Y el que emerge al final, y creo que es la riqueza del texto, es un Melville desconocido, un Melville que el que lo conoce por “Bartleby”, de “Moby Dick” o “Billy Budd”, y de otros relatos, encuentra un autor nuevo, la contracara del conocido. Eso era más interesante que centrarme en las peripecias conocidas, oídas, de su vida, el viaje ballenero, en la marina mercante, sus vagabundeos por el Pacífico, el supuesto hijo que dejó en la Polinesia, el drama de la muerte del hijo Malcolm, no entrar en una novela sentimental.

P.: Melville se convierte en un personaje de novela, se vuelve un Bartleby que prefiere no hacer, en un emblema del escritor fracasado, en una metáfora de lo humano.

S.: Melville intenta todo, ser un escritor a lo Víctor Hugo, vivir de la escritura; lo intenta con la novela, con el cuento, con las conferencias, con escribir un libro sobre la Guerra de Secesión, fracasa rotundamente. Excepto con el primer y segundo libro, que le va relativamente bien, el resto son todos intentos fracasados. Ahí es que se dedica al género absolutamente mayor pero menor en términos de mercado literario, la poesía. Nunca se asocia con Bartleby, no se ve en ese juego de espejos. Es entonces un escritor que está prefiriendo no ser el esperable sino el que siempre esta descolocado; por ejemplo escribe “Clarel”, el poema más extenso de la lengua inglesa, 18.000 versos en dos tomos, antecedente directo de “La tierra devastada” de Eliot. Un libro ilegible del que vende 250 ejemplares, y tiene que mandar a destruir el resto. Y luego pequeños libritos en tiradas de 25 ejemplares. Ahí es donde la vida se mezcla con la obra en términos de Melville, y con mi propio hacer como escritor, como editor, como traductor. Es la búsqueda del lugar. Qué es todo ese ruido que uno espera de la literatura, y del personaje literario, si al fin y al cabo lo único que hay es el trabajo y la soledad de la creación.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

S.: Un nuevo texto para la serie “El viento en los túneles de la mente”, una metáfora de cómo ocurren las ideas más formales o el dispositivo de sentido, por caso escribir con los medios o las redes sociales, con la información de una vida.

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