Política

Menos salario, más desempleo

El panorama actual es muy diferente al de una década atrás, donde había paritarias por encima del incremento de precios y movilidad social.

Durante el primer año de la gestión Cambiemos comenzaron a vislumbrarse las medidas económicas recesivas que posteriormente se irían profundizando. Pero en ese entonces el discurso oficialista auguraba un futuro de crecimiento para el “segundo semestre del 2016”, el cual nunca llegó. Hoy en día, nuevamente se escuchan voces alineadas al Gobierno y al Fondo Monetario Internacional proyectando una mejora para el segundo trimestre de 2019.

Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿se cumplirá en esta ocasión dicho presagio?, ¿es posible confiar en aquellos que desde la campaña presidencial de 2015 no han hecho más que mentir acerca de las medidas que implementarían en nuestro país?, ¿pueden realmente solucionar todos los problemas que aquejan a la Argentina en tan sólo tres meses?

De todas maneras, ya no cuentan con el beneficio de la duda. El panorama actual es muy diferente al de entonces, donde la mayor parte de la población aún gozaba de los beneficios asociados a más de una década de paritarias por encima del incremento de precios y su consecuente movilidad social.

Hoy la confianza en estas promesas ha menguado, lo cual se plasma en las preocupaciones que tienen los argentinos. Según la consultora CEIS, las dificultades económicas reflejadas en la inflación y el aumento de tarifas se ubican como la primera de ellas, aglutinando al 32%. Le siguen la inseguridad y la pérdida de empleo, con un 28% y 16% respectivamente. Dicha variable del “miedo al desempleo” ha crecido paulatina pero persistentemente en los últimos meses.

Estas percepciones no son infundadas. El “crecimiento invisible” del que hizo mención el Presidente no ha llegado a los trabajadores: en el segundo trimestre de 2018 la desocupación alcanzó al 9,6% de las personas, siendo el mayor porcentaje en los últimos 12 años. Además, esta situación acrecentó la brecha de género existente, ya que la tasa de desempleo femenina se elevó 1,3 puntos porcentuales respecto del año anterior, mientras que en el caso de los varones lo hizo en 0,5 puntos.

Para quienes aún conservan sus empleos la situación tampoco ha sido muy amigable. Mientras que la inflación del año pasado fue de 47,6%, según el propio INDEC; la ahora Secretaria de Trabajo informó que los salarios de los trabajadores registrados perdieron 15,1 puntos frente a la suba de precios y, en consecuencia, el poder de compra de los mismos retrocedió un 10,7%.

Asimismo, los sectores más vulnerables son los que experimentan el peor ajuste en este contexto de crisis: a pesar de que los haberes previsionales, las asignaciones familiares y demás prestaciones de seguridad social aumentaron un 7,78% en diciembre -alcanzando un incremento del 28,8% en el año- igualmente se ubicaron 18,8 puntos por debajo de la inflación anual.

La incertidumbre crece junto con las deudas, el hambre y la pérdida de derechos básicos, como el acceso a la salud, la educación y el transporte. Y desafortunadamente, se proyectan nuevos ajustes y pérdidas, plasmadas en el Presupuesto 2019.

No podemos resignarnos a aceptar aquellos argumentos que intentan imponer que los trabajadores se mal acostumbraron a ciertos estándares de calidad de vida, donde el pan y el trabajo estaban asegurados. Debemos volver a poner como prioridad la justicia social, la equidad y la soberanía frente a los especuladores financieros.

* Concejal de Unidad Ciudadana- FPV Lanús.

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