La pasión por el fútbol no tiene ni limites ni fronteras y tiene un idioma universal: la pasión. Esa pasión que lleva a cumplir con una promesa efectuada si se logra un objetivo. Con el paso del tiempo se convertirá en un hermoso recuerdo, en una anécdota que pasará aformar parte de la historia del libro personal de vida de cada aficionado
Ahmed Husam es un aficionado y generador de contenido proveniente de Irak que acompañó a su selección a Monterrey para el duelo de repechaje mundialista que disputaron ante Bolivia en el que consiguieron el último boleto a la Copa del Mundo.
Todo comenzó como una promesa lanzada en redes sociales durante su estancia en la ciudad. Husam aseguró que, si su selección lograba avanzar, se tatuaría un símbolo representativo del lugar que lo recibió Muchos pensaron que sólo eran palabras al aire, pero no fue así. El desenlace fue muy distinto.
Promesa es una promesa
Antes de abandonar Monterrey, acudió con un tatuador para plasmar en su piel el histórico momento: La fecha, el Cerro de la Silla, el trofeo del Mundial y la bandera de México, esto para conmemorar que su equipo vuelve al máximo evento del orbe luego de 40 años.
“Hola Monterrey, una promesa es una promesa, ya saben lo que me voy a poner en el brazo”, dijo antes de tatuarse y con el Cerro de la Silla de fondo.
“La gente pensó que estaba bromeando, pero obviamente no. Cumplí mi promesa. Muchas gracias por todo el amor y el apoyo, los amamos”, puntualizó, orgulloso del recuerdo que llevaba en su piel.
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