¿Cuál fue la imposición de la directiva del América a André Jardine que fracturó el vestidor?
La relación está en un punto crítico y las razones van más allá de los resultados en la cancha. Una decisión autoritaria fue considerada por el estratega brasileño como una falta de respeto al trabajo.
Andrés jardine consideró una falta de respeto a su trabajo una decisión de Diego Ramírez y el vestidor del América queda fracturado.
@El Horizonte
Diego Ramírez ha dejado de ser la sombra silenciosa de Santiago Baños para convertirse en el protagonista de la crisis interna en el club de Coapa. Aunque durante años operó desde el anonimato, su creciente poder ante la posible reestructuración directiva lo ha puesto bajo los reflectores, y no precisamente por buenas razones.
Las diferencias sobre los fichajes eran un secreto a voces, pero se ha revelado que el verdadero quiebre con André Jardine nació de una decisión autoritaria que el brasileño consideró una falta de respeto a su trabajo.
Tras un 2025 con cero títulos de relevancia y un arranque en el Clausura 2026 con solamente un punto en dos fechas y sin goles anotados, el ambiente interno en Coapa está lejos de ser el óptimo, puntualmente entre André Jardine y Diego Ramírez, quien es el director deportivo.
@Águilas Monumental
La relación está en un punto crítico y las razones van más allá de los resultados en la cancha. Lo que ha detonado la bomba en el vestidor es una acción específica de la dirección deportiva que cruzó la línea sagrada del cuerpo técnico, según informó el portal Águilas Monumental. No fue una sugerencia, fue una orden ejecutiva que André Jardine tuvo que tragarse y que hoy tiene el ambiente en el Nido cortándose con cuchillo.
Se trata de Sean Buckley, preparador físico estadounidense que llegó para “sumar”, pero cuya presencia fue vista como una intromisión directa. Buckley fue colocado a trabajar a la par de Marcos Seixas, el preparador físico que André Jardine trajo personalmente desde Brasil y en quien confía ciegamente. Esta duplicidad de funciones no fue solicitada y generó una incomodidad inmediata en el día a día.
Para Jardine esta imposición fue la gota que derramó el vaso. Consideran que la dirección deportiva invadió su autonomía y desautorizó a su gente de confianza. Esta grieta, sumada a la falta de refuerzos solicitados, ha vuelto la relación con Diego Ramírez prácticamente irreparable, dejando al club dividido en dos bandos justo cuando más se necesita unidad.