Las lágrimas de Guillermo "Memo" Ochoa en el banquillo resumieron el final de una etapa. La derrota de México por 3-2 ante Inglaterra en los octavos de final de la Copa del Mundo de 2026 no solo significó la eliminación de la selección anfitriona, también representó el cierre de la trayectoria internacional de uno de los futbolistas más importantes en la historia del fútbol mexicano.
A sus 40 años, Ochoa puso punto final a una carrera de más de dos décadas defendiendo la camiseta del Tri. Fueron 153 partidos, seis Copas del Mundo y una colección de actuaciones que perdurarán en la retina de generaciones. En un país acostumbrado a producir grandes delanteros, fue un portero quien terminó convirtiéndose en el mayor símbolo de la selección en los escenarios más importantes del fútbol.
El desenlace ocurrió, precisamente, donde comenzó su historia
Días antes de la eliminación, el Estadio Azteca había rendido homenaje al dorsal 13 durante el partido frente a la República Checa, en la fase de grupos. Al ingresar en los minutos finales, Ochoa recibió el reconocimiento de una afición que acompañó prácticamente toda su carrera. Tras el pitazo final, visiblemente emocionado, resumió el momento en pocas palabras.
"Mi primer partido en el Estadio Azteca. Mi último partido en el Estadio Azteca. Fue un final maravilloso para mi carrera."
Levantado en hombros por sus compañeros y acompañado por su familia, abandonó el césped entre aplausos. Aun así, permaneció con la delegación mexicana durante el resto del Mundial, desempeñando un papel de liderazgo dentro del plantel dirigido por Javier Aguirre. Desde el banquillo presenció el último capítulo de una historia construida a lo largo de veinte años.
El arquero de los Mundiales
Pocos futbolistas lograron construir una relación tan estrecha con la Copa del Mundo como Guillermo Ochoa.
Convocado por primera vez para el Mundial de Alemania 2006 como suplente, tuvo que esperar hasta Brasil 2014 para asumir definitivamente el protagonismo. La paciencia fue recompensada con una de las actuaciones más memorables de la historia reciente del torneo.
En el Arena Castelão, en Fortaleza, Ochoa fue el gran responsable del empate sin goles entre México y Brasil. Sus atajadas ante Neymar, Thiago Silva y Paulinho transformaron aquel partido en un hito de su carrera y proyectaron su nombre a nivel mundial. Aquel día nació el apodo de "San Memo", repetido desde entonces por aficionados mucho más allá de las fronteras mexicanas.
Cuatro años más tarde, en Rusia, volvió a ser decisivo al liderar la victoria de México sobre Alemania, vigente campeona del mundo. En Catar 2022 detuvo un penalti a Robert Lewandowski y, una vez más, asumió el protagonismo en otra Copa del Mundo.
Era un patrón que se repetía. Cada vez que comenzaba un Mundial, Ochoa encontraba su mejor versión.
Una carrera construida sobre la longevidad
Su participación en 2026 lo ubicó en el reducido grupo de futbolistas que disputaron seis ediciones de la Copa del Mundo, junto a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Más que un récord de permanencia, el logro simboliza la capacidad de atravesar distintas generaciones manteniendo un lugar en una selección histórica.
Formado en el América, club donde debutó como profesional en 2004, el portero también desarrolló una sólida trayectoria en el fútbol europeo. Defendió las camisetas de Ajaccio, Málaga, Granada, Standard de Lieja, Salernitana y AEL Limassol antes de cerrar el ciclo como uno de los futbolistas mexicanos más respetados de su generación.
A lo largo de ese recorrido convivió con las críticas y compitió por un lugar en distintos momentos de la selección. Nunca fue una unanimidad. Sin embargo, pocas figuras transmitían tanta confianza cuando el calendario anunciaba la llegada de una Copa del Mundo.
Un legado que va más allá de las estadísticas
Los números ayudan a dimensionar su carrera: 153 partidos con la selección, seis Mundiales disputados y más de veinte años vistiendo la camiseta de México.
Su imagen quedará ligada a las noches en que México resistió frente a rivales superiores, a las atajadas imposibles que mantuvieron vivo el partido y a la serenidad con la que asumió la responsabilidad en los momentos de mayor presión.
La eliminación frente a Inglaterrapuso fin al sueño mexicano de conquistar una Copa del Mundo en casa. También cerró uno de los capítulos más importantes de la historia de la selección.
Cuando abandonó el banquillo por última vez, Ochoa no llevaba un trofeo entre las manos. Llevaba algo que muy pocos deportistas consiguen al final de su carrera: el reconocimiento de haber marcado una época.