Banco Azteca, Banamex, BBVA México y decenas de fintech llevan años apostando millones de pesos para convencer a los mexicanos de abandonar el efectivo. Sin embargo, la realidad terminó golpeando de frente a toda la industria financiera: millones de tarjetas de débito y crédito simplemente quedaron guardadas, sin movimiento y sin uso cotidiano.
El fenómeno expone una contradicción que atraviesa al sistema financiero mexicano. Aunque el país vive un boom de aplicaciones bancarias, pagos digitales y nuevas plataformas tecnológicas, la mayoría de las personas sigue confiando más en los billetes que en las cuentas electrónicas. El efectivo todavía domina buena parte de las operaciones diarias, especialmente fuera de las grandes ciudades.
La situación quedó reflejada en un informe reciente de Bloomberg, donde se detalla que más de la mitad de las tarjetas de débito emitidas en México prácticamente no se utilizan y que casi la mitad de las tarjetas de crédito permanecen inactivas. El dato encendió alarmas en bancos tradicionales y empresas fintech que durante la última década multiplicaron sus inversiones para digitalizar el consumo.
México, un país donde el dinero en efectivo sigue siendo la más elegida
La resistencia al sistema bancario no apareció de la nada. En México, el efectivo continúa siendo el método de pago más habitual porque millones de personas consideran que manejar dinero físico les da mayor control sobre sus gastos y evita complicaciones fiscales.
De acuerdo con datos retomados por Bloomberg, cerca del 85 % de las compras pequeñas todavía se realizan en efectivo. Esa tendencia se mantiene incluso cuando el país ya cuenta con más de 800 empresas fintech operando y con un crecimiento acelerado de aplicaciones financieras.
El caso de Uber refleja perfectamente esta realidad. Cuando la plataforma llegó a México hace más de una década, descubrió rápidamente que muchos usuarios tenían teléfonos inteligentes, pero no tarjetas bancarias activas o simplemente no querían utilizarlas. La solución fue incorporar pagos en efectivo, modalidad que todavía hoy sigue siendo utilizada por más de la mitad de sus clientes en el país.
Detrás de esta preferencia aparecen varios factores. Uno de los más importantes es el tamaño de la economía informal mexicana. Actualmente, alrededor del 54 % de los trabajadores opera fuera del sistema formal, una situación que hace que muchos prefieran evitar rastros digitales sobre sus ingresos.
Para miles de personas, pagar en efectivo significa privacidad. Las transferencias electrónicas, los movimientos bancarios y los pagos con tarjeta dejan registros que eventualmente podrían derivar en revisiones fiscales o trámites tributarios más complejos.
El problema no afecta solamente a las fintech. También golpea a gigantes tradicionales como Banamex, BBVA México, Banco Azteca o BanCoppel, que expandieron agresivamente la entrega de tarjetas para captar nuevos clientes. Muchas veces, esos plásticos llegaron a usuarios que únicamente los aceptaron porque eran necesarios para acceder a otros servicios financieros o promociones.
Incluso la Cámara de Diputados avanzó recientemente con iniciativas para limitar las comisiones vinculadas a productos financieros no solicitados, debido a la enorme cantidad de tarjetas emitidas que terminaron sin actividad.
Otro factor clave es la desconfianza histórica hacia los bancos. Las crisis financieras que golpearon al país durante las décadas de 1980 y 1990 dejaron una huella profunda en varias generaciones. Mucha gente todavía cree que guardar dinero en casa resulta más seguro que depositarlo en una institución financiera.
En estados alejados de los grandes centros urbanos, el fenómeno es todavía más visible. Mientras en Ciudad de México las operaciones electrónicas avanzan con mayor rapidez, en zonas rurales y del sur del país el efectivo continúa dominando casi todas las transacciones.
Solo el 63% de los adultos tiene una cuenta bancaria
El rezago financiero mexicano también queda expuesto en otro dato contundente citado por Bloomberg: solo el 63 % de los adultos en México tiene una cuenta bancaria.
TARJETAS CREDITO
Banco Azteca y otras entidades enfrentan un problema inesperado: los mexicanos siguen prefiriendo pagar en efectivo.
La cifra coloca al país por detrás de otras economías latinoamericanas. Brasil, por ejemplo, logró una expansión mucho más acelerada gracias al sistema Pix, una plataforma de pagos instantáneos impulsada por el banco central brasileño y adoptada masivamente en pocos años.
México sí cuenta con sistemas de transferencias electrónicas, pero especialistas del sector consideran que la infraestructura sigue siendo fragmentada y menos eficiente. Esa situación dificulta que los pagos digitales se conviertan realmente en la opción preferida por la población.
Aun así, las fintech continúan creciendo. Empresas como Nu, Klar, Mercado Pago y Banco Plata lograron sumar millones de usuarios gracias a cuentas simplificadas, menores comisiones y rendimientos atractivos. Algunas plataformas incluso ofrecen tasas de interés superiores al 10% anual para captar nuevos clientes.
Sin embargo, el desafío central sigue siendo el mismo: convencer a millones de mexicanos de abandonar el efectivo. El director de la Asociación de Bancos de México, Emilio Romano, señaló —según Bloomberg— que uno de los principales obstáculos para la digitalización financiera sigue siendo el temor al escrutinio fiscal. Muchos comerciantes y consumidores prefieren mantener operaciones fuera del radar electrónico.
tarjetas de credito
Aunque Banco Azteca y las fintech expandieron la inclusión financiera, el efectivo todavía domina las compras diarias en México.
La presidenta Claudia Sheinbaum ya comenzó a impulsar medidas para acelerar los pagos digitales. Una de las más recientes apunta a reducir las comisiones bancarias en estaciones de servicio para incentivar el uso de tarjetas.
Mientras tanto, los bancos tradicionales también aceleran inversiones en inteligencia artificial y herramientas digitales para intentar retener clientes y competir con las fintech.
Pese a todos esos esfuerzos, el efectivo todavía conserva una enorme ventaja cultural en México. Y aunque la digitalización financiera avanza lentamente, millones de personas siguen viendo los billetes como la forma más confiable de manejar su dinero.