Para Carlos Slim Helú, una crisis no debería ser el momento en que una empresa empieza a pensar en cómo administrar mejor sus recursos. Su decálogo empresarial pone el acento en prepararse con anticipación, evitar gastos innecesarios y sostener la productividad incluso cuando el panorama económico es favorable.
El empresario reúne estos principios en diez mandamientos vinculados con la forma de gestionar las compañías de Grupo Carso. La propuesta combina austeridad, capacitación, estructuras organizativas sencillas, trabajo en equipo y reinversión de utilidades, además de una visión optimista sobre la capacidad de seguir creando valor.
El enfoque no promete que una empresa pueda evitar todos los efectos de una recesión. Plantea, más bien, una manera de fortalecer su capacidad de respuesta antes de que aparezcan las dificultades y de no depender exclusivamente de que el contexto sea positivo.
Carlos Slim Helú recomienda conservar la austeridad en los periodos favorables para evitar ajustes drásticos durante una crisis.
Las claves de Carlos Slim Helú para hacer frente a una crisis en los negocios
La preparación empieza antes de la crisis
Uno de los principios centrales del decálogo es mantener la austeridad durante las etapas de bonanza. La idea es aprovechar los periodos favorables para fortalecer la empresa, en lugar de elevar los gastos hasta el punto de que una caída de ingresos obligue a realizar recortes drásticos.
La recomendación no implica detener toda inversión. El planteamiento apunta a distinguir entre los recursos que contribuyen a la actividad productiva y aquellos que no generan un beneficio claro para el negocio.
Slim también propone evitar una estructura demasiado compleja. Las organizaciones con pocos niveles jerárquicos pueden tomar decisiones con mayor rapidez y conservar parte de la flexibilidad que suele caracterizar a las empresas pequeñas, incluso cuando crecen.
Productividad y capacitación para mantener la competitividad
Otro de los mandamientos plantea que la modernización debe ser constante. Capacitar al personal, mejorar la calidad y simplificar los procesos son parte de una estrategia que busca elevar la productividad y reducir costos sin depender únicamente de recortar gastos.
En un periodo de incertidumbre, esa lógica supone revisar cómo se realiza el trabajo y qué cambios pueden mejorar el desempeño. La capacitación y la mejora de los procesos aparecen así como inversiones en la capacidad de la empresa para adaptarse.
El decálogo también señala que una compañía no debe limitar sus objetivos a la escala que ya alcanzó. Mantener una mirada más amplia sobre sus posibilidades y evitar destinar demasiado capital a activos no productivos son otras de las ideas incluidas en su filosofía empresarial.
La capacitación y la mejora de procesos forman parte de los principios empresariales que promueve el empresario mexicano.
Reinvertir las utilidades y trabajar en equipo
La reinversión ocupa un lugar importante entre los principios de Slim. Su planteamiento es que los recursos que permanecen dentro de la empresa pueden utilizarse para fortalecerla y sostener su desarrollo, en lugar de salir del negocio sin contribuir a su crecimiento futuro.
La cooperación también es parte del decálogo. Para enfrentar los retos, propone que los equipos trabajen con objetivos claros y conozcan las herramientas necesarias para alcanzarlos. La coordinación no reemplaza la planificación, pero permite orientar los esfuerzos hacia metas compartidas.
La creatividad empresarial, además, aparece como una herramienta que puede extenderse más allá de los negocios. En el documento, Slim la vincula con la posibilidad de contribuir a resolver problemas sociales mediante las fundaciones del grupo.
Optimismo sin abandonar la disciplina
El empresario incluye el optimismo paciente entre sus mandamientos y sostiene que cualquier etapa puede ofrecer oportunidades para quienes saben trabajar y cuentan con los recursos para hacerlo. Esta idea se relaciona con la constancia, pero no significa que los resultados estén garantizados ni que todas las empresas puedan responder de la misma forma ante una crisis.
La reinversión de utilidades y el trabajo con objetivos claros ocupan un lugar central en el decálogo de Slim.
La visión de largo plazo completa el decálogo: administrar una empresa implica crear riqueza y manejar recursos de manera responsable durante el tiempo en que se tiene esa tarea. La austeridad, la productividad y la reinversión funcionan como partes de una misma estrategia para sostener la actividad.
En conjunto, las recomendaciones de Carlos Slim Helú apuntan a no esperar a que la economía se deteriore para revisar las finanzas y la organización. La preparación, la disciplina operativa y la capacidad de adaptación son los ejes de su propuesta para afrontar periodos complicados.