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9 de agosto 2026 - 21:00

El audaz método de Carlos Slim Helú en los 80 que cualquier emprendedor sueña con copiar en tiempos de crisis

Radiografía del plan que construyó un imperio en plena recesión y su validez para los inversionistas de hoy

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El audaz método de Carlos Slim Helú en los 80 que cualquier emprendedor sueña con copiar en tiempos de crisis

La historia de los negocios en México guarda en la década de 1980 uno de sus episodios de reestructuración corporativa más agresivos. Durante aquel periodo de profunda volatilidad macroeconómica, devaluaciones del peso e incertidumbre financiera, el ingeniero Carlos Slim Helú emprendió una serie de compras estratégicas que transformaron el panorama industrial del país. A través de un enfoque centrado en la adquisición de activos castigados por las deudas, el inversionista sentó las bases operativas de lo que más tarde se consolidaría como un imperio multinacional.

En el transcurso de diez años, el empresario ejecutó al menos catorce compras clave y obtuvo concesiones estatales decisivas para su expansión. Mientras gran parte del sector privado retrocedía ante la iliquidez, la firma de inversión Grupo Carso aprovechó el pánico del mercado para tomar el control de firmas icónicas en sectores como el tabaco, la minería, los neumáticos, el papel y el comercio minorista. Este despliegue de capital transformó la parálisis económica en una oportunidad sin precedentes para edificar un conglomerado diversificado.

El debate actual en los círculos financieros gira en torno a si ese modelo de compra a precios de remate resulta ejecutable bajo las dinámicas del mercado moderno. Analizar cómo se gestó la fortuna de Carlos Slim Helú mediante adquisiciones en momentos de turbulencia permite comprender no solo el origen de conglomerados como América Móvil o Grupo Financiero Inbursa, sino también las limitantes estructurales, regulatorias y operativas que enfrentaría una estrategia idéntica en el panorama de negocios contemporáneo.

Carlos Slim Helú: cuáles fueron sus adquisiciones masivas durante la gran crisis de los años 80

La década de 1980 en territorio mexicano estuvo marcada por hiperinflación, impagos de deuda externa y un desplome generalizado en la valuación de corporativos nacionales. Ante este escenario, Carlos Slim Helú aplicó una filosofía de inversión contra corriente, adquiriendo compañías con graves problemas financieros o al borde de la quiebra pero que mantenían activos fijos valiosos, infraestructura instalada y un mercado potencial sólido. La clave operativa consistió en sanear sus pasivos, recortar costos innecesarios e inyectar eficiencia administrativa para devolverles la rentabilidad.

Durante la crisis inflacionaria de la década de 1980, Carlos Slim Helú ejecutó una serie de compras agresivas de empresas con serios problemas financieros para sanearlas y volverlas rentables.

Entre las transacciones más emblemáticas realizadas durante ese decenio destacan la compra de la tabacalera Cigatam y la empresa Hulera El Centenario, además de Bimex, Reynolds Aluminio y las Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre. A esta lista se sumaron la firma automotriz Euzkadi, las empresas de manufactura Nacobre, la Minera Frisco, Artes Gráficas Unidas y la emblemática cadena comercial Sanborns junto con su filial Denny's. Asimismo, el sector financiero comenzó a estructurarse con las adiciones de Seguros de México, la Casa de Bolsa Inversora Bursátil y Fianzas La Guardiana, firmas que posteriormente conformaron Grupo Financiero Inbursa.

El principio guía del empresario durante esa época de incertidumbre quedó plasmado en una postura que mantuvo de forma sistemática ante la comunidad financiera: todos los tiempos son buenos para quienes saben trabajar y tienen con qué hacerlo. Esta estrategia permitió que firmas desvalorizadas por la coyuntura del país fueran reestructuradas sin necesidad de liquidar sus instalaciones operativas, convirtiendo el riesgo sistémico de la economía mexicana en un portafolio industrial altamente diversificado y resistente a los ciclos de mercado.

Carlos Slim Helú: así fue la transformación de las telecomunicaciones con Telmex y Telcel

El verdadero salto de escala para el grupo empresarial ocurrió entre finales de la década de 1980 y principios de los años 90, coincidiendo con el programa de privatización de empresas estatales impulsado por el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari. En 1990, un consorcio liderado por el inversionista mexicano, en alianza estratégica con las firmas internacionales Southwestern Bell Corporation (SBC) y France Télécom, ganó la licitación para adquirir la paraestatal Teléfonos de México (Telmex). La transacción otorgó al grupo el control de la red de telefonía fija en el país a cambio de un compromiso masivo de inversión en infraestructura y modernización tecnológica.

Paralelamente a la adquisición de la red fija, el grupo desarrolló la división de telefonía celular a través de Radiomóvil DIPSA, comercialmente identificada a partir de 1989 bajo la marca Telcel, la cual comenzó a competir directamente con Iusacell. A principios de los años 90, la industria móvil estaba orientada exclusivamente a los segmentos de altos ingresos debido al elevado costo de las rentas mensuales y los aparatos. Sin embargo, la devaluación económica de 1994 modificó radicalmente las condiciones del mercado, afectando los esquemas tradicionales de cobro y abriendo una ventana para replantear la comercialización del servicio.

La privatización de Teléfonos de México en 1990 y el posterior esquema de prepago bajo la marca Telcel masificaron las telecomunicaciones en el mercado nacional

Para superar el estancamiento de la telefonía móvil, la compañía diseñó e implementó una solución comercial innovadora conocida internamente como el Plan Gillette. Inspirada en el modelo de vender la maquinilla a bajo costo para ganar en las repuestos, la empresa decidió subsidiar los aparatos celulares y desarrollar desde cero una plataforma tecnológica de prepago comercializada bajo el nombre de sistema Amigo. Esta innovación eliminó las evaluaciones crediticias y las rentas mensuales fijas, permitiendo la masificación inmediata del servicio celular entre las clases medias y populares, lo que catapultó a la operadora a la posición dominante de la industria.

El resultado de las adquisiciones concretadas hace cuatro décadas sostiene el andamiaje del grupo corporativo en la actualidad. La joya de la corona del conglomerado es América Móvil, empresa matriz de Telcel, la cual se posiciona de forma consistente en los primeros lugares del ranking de las empresas más grandes de México elaborado por publicaciones especializadas como la revista Expansión. Los ingresos generados por los servicios de conectividad móvil y banda ancha en el territorio nacional y diversos países de América Latina representan la principal fuente de capital del grupo empresarial.

De acuerdo con los reportes financieros presentados ante las bolsas de valores, el segmento de telefonía móvil operado por Telcel supera los 84 millones de usuarios en el mercado mexicano, abarcando casi la mitad de los accesos totales de voz y datos móviles en el país. A este músculo de telecomunicaciones se suman las divisiones industriales y comerciales encabezadas por Grupo Carso, la presencia extractiva de Minera Frisco, las propiedades de Inmuebles Carso y el brazo bancario de Grupo Financiero Inbursa, consolidando una presencia multisectorial que genera cientos de miles de empleos directos.

Esta solidez patrimonial permitió que el inversionista fuera reconocido por el Índice de Billonarios de Bloomberg y la revista Forbes como el hombre más rico del planeta entre los años 2010 y 2013. A pesar del surgimiento de gigantes tecnológicos globales en el ámbito digital, el empresario mexicano se mantiene de forma permanente dentro de los primeros puestos del escalafón patrimonial global, ostentando una fortuna valorada en más de cien mil millones de dólares y conservando su rol como el líder empresarial de mayor peso e influencia económica en la región.

La interrogante central en el análisis de negocios es si la fórmula de comprar empresas castigadas durante periodos de crisis para dominarlas y sanearlas puede ser replicada con el mismo éxito en la actualidad. Los analistas financieros coinciden en que, si bien las crisis macroeconómicas siguen generando oportunidades de compra a precios de descuento, el entorno institucional y regulatorio ha cambiado drásticamente en comparación con el marco vigente hace cuarenta años en el país.

El conglomerado diversificado que incluye sectores como minería, finanzas y comercio mantiene a América Móvil como el motor principal del poder económico del empresario.

En primer lugar, el marco legal antimonopolios es sustancialmente más estricto. La creación de organismos reguladores como la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) impide que un solo grupo económico adquiera múltiples competidores en un mismo sector o concentre participaciones de mercado de forma ilimitada sin enfrentar condicionamientos, desincorporación de activos o declaratorias de preponderancia. Estas restricciones legales invalidarían de origen varias de las compras cruzadas de cadenas productivas completas ejecutadas en los 80.

Por otro lado, la naturaleza de los activos ha mutado. Mientras que en la década de los 80 las oportunidades residían en empresas industriales con planta productiva física, bienes inmuebles y maquinaria tangible, la economía contemporánea premia la propiedad intelectual, el desarrollo tecnológico y la recolección de datos. Sanear una fábrica requiere capital de trabajo y reestructuración administrativa, mientras que rescatar una empresa tecnológica en crisis exige competir contra redes globales de capital de riesgo e innovación acelerada.

Finalmente, la liquidez y el acceso a la información en los mercados financieros globales dificultan encontrar "gangas" corporativas desapercibidas. En la actualidad, los fondos de capital privado y los inversionistas internacionales analizan en tiempo real los activos castigados en mercados emergentes, elevando la competencia por las empresas en reestructuración. Aunque la máxima de comprar barato en tiempos de pánico sigue siendo válida en el mundo de los negocios, la posibilidad de erigir un dominio multisectorial casi absoluto mediante compras de oportunidad pertenece a una coyuntura histórica muy específica que difícilmente volverá a repetirse bajo los mismos términos.

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