20 de julio 2025 - 14:00

Este polémico empresario fue el hombre más rico de México antes que Carlos Slim Helú y su poderío económico duró seis décadas

Millonarios hubo muchos, pero este empresario dominó México con un poder económico que marcó seis décadas antes de la llegada de Carlos Slim.

El lado oculto del imperio de Carlos Slim Helú: 11 negocios que no sabías que pertenecen al hombre más rico de México

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Durante décadas, el apellido Slim ha sido sinónimo de riqueza en México. Desde los años 90, Carlos Slim Helú ha encabezado los rankings de millonarios nacionales e incluso internacionales, consolidando su lugar entre los empresarios más influyentes del mundo. Su fortuna, que inició con una base sólida en el sector de telecomunicaciones, ha diversificado sus intereses hacia múltiples industrias, y su ascenso ha sido documentado ampliamente.

Sin embargo, mucho antes de que Slim se convirtiera en un ícono de la élite empresarial, existió otro personaje que dominó el panorama económico nacional con una influencia abrumadora. Nos referimos a William O. Jenkins, un estadounidense que no solo acumuló una de las mayores fortunas del siglo XX en México, sino que también dejó una huella profunda en la política, la industria y la cultura del país.

A diferencia de los empresarios actuales, cuyas riquezas se miden por publicaciones como Forbes o listados bursátiles, la magnitud del imperio de Jenkins se estimó a través de su impacto real en sectores estratégicos: la industria azucarera, la textil, el cine, la infraestructura y la filantropía. Su legado, tanto admirado como polémico, aún genera debate entre historiadores y economistas.

La historia de William O. Jenkins, el hombre más rico de México a inicios del siglo XX

William Oscar Jenkins nació en Estados Unidos, pero encontró en México la tierra fértil para construir una fortuna sin precedentes. Durante la Revolución Mexicana, mientras el país enfrentaba uno de sus periodos más convulsos, Jenkins supo aprovechar las oportunidades para adquirir propiedades, invertir en fábricas y convertirse en un referente del capital privado nacional.

William O. Jenkins

Sus principales negocios estuvieron enfocados en la producción de azúcar y textiles. En ambos sectores logró establecer casi un monopolio, ya que no tenía competencia significativa. Esta posición le permitió acumular riqueza durante más de seis décadas, convirtiéndose —según estudios históricos— en el hombre más rico de México durante la primera mitad del siglo XX.

Jenkins también fue un férreo opositor a la sindicalización, lo que lo llevó a tener fuertes confrontaciones con movimientos obreros y campesinos. Sin embargo, esa faceta empresarial se equilibró con una labor filantrópica que dejó huella. Apoyó activamente a la educación y a la cultura: financió carreteras, otorgó becas estudiantiles y ayudó a levantar universidades. Además, fue un mecenas importante durante la Época de Oro del cine mexicano, respaldando económicamente múltiples producciones.

Gran parte de esta historia fue recopilada por el historiador británico Andrew Paxman, quien dedicó su libro "En busca del señor Jenkins" a este magnate. La obra retrata la relación de Jenkins con los círculos más poderosos del México posrevolucionario, incluyendo vínculos con la Iglesia y figuras políticas como los hermanos Manuel y Maximino Ávila Camacho. La biografía fue publicada originalmente por Oxford University Press, y ha sido considerada una referencia imprescindible para entender cómo funcionaba el poder económico y político en esa época.

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Jenkins falleció en 1963, pero su herencia financiera y cultural persiste a través de "The Mary Street Jenkins Foundation", institución que administra parte del legado que construyó durante su vida. Su historia contrasta con la de Slim, pero ambos comparten un rasgo común: la capacidad de influir profundamente en el rumbo económico del país.

Mientras los reflectores modernos se centran en los nuevos millonarios y en los rankings digitales, vale la pena recordar que el dominio económico de Jenkins fue tan absoluto, que por más de medio siglo no tuvo competencia real. Su figura representa una era donde el poder económico se tejía en fábricas, haciendas y acuerdos políticos, muy lejos de los mercados globales y las telecomunicaciones que hoy definen la riqueza.

Hoy, su historia revive como una advertencia y una inspiración sobre cómo un solo empresario, incluso extranjero, pudo moldear gran parte del México moderno desde las sombras del capital.

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