20 de abril 2026 - 11:00

La empresa de CDMX que se negó a aumentarle el salario a sus obreros, terminó en bancarrota y ahora es una exitosa cooperativa controlada por los trabajadores

Una antigua compañía capitalina logró reactivar sus operaciones bajo un modelo de gestión colectiva tras enfrentar una crisis financiera definitiva.

Pascual Boing, un emblema de México.

Pascual Boing, un emblema de México.

La historia industrial de la Ciudad de México (CDMX) registra un caso particular donde la negativa a mejorar las condiciones salariales de la plantilla laboral derivó en un cambio estructural de la propiedad. Tras un periodo de insolvencia económica que llevó a la empresa al cierre operativo, los trabajadores iniciaron un proceso legal para rescatar la unidad productiva.

La Cooperativa Pascual Boing, formalmente denominada Pascual, S.A., es una emblemática compañía mexicana de bebidas que inició sus operaciones en 1940 en la capital del país. Es la mente detrás de marcas icónicas como Boing!, Pascual y Lulú.

Pascual Boing

La historia de Pascual Boing

Actualmente, su sede principal se mantiene en el mismo sitio donde nació, ocupando dos manzanas que albergan a más de 2,000 empleados. Sin embargo, estas instalaciones y sus pozos de agua han sido objeto de batallas legales que se han extendido por más de cuatro décadas.

La historia de la empresa dio un giro radical en los años 80. Tras una huelga que duró tres años y medio, y ante la inminente quiebra de la administración original, los empleados tomaron las riendas y adquirieron la compañía para transformarla en una cooperativa.

Este modelo de negocio es hoy un símbolo de lucha sindical exitosa para diversos sectores sociales. A diferencia de otros proyectos similares, Pascual ha logrado consolidar su presencia en casi todo el territorio nacional, además de exportar sus productos a ciudades estratégicamente seleccionadas en Estados Unidos y Centroamérica.

Producción y compromiso ambiental

Aunque la cooperativa ha expandido su infraestructura con plantas en diferentes estados de la República, sus raíces permanecen en las plantas históricas de la Ciudad de México.

Su catálogo se distingue por:

  • Bebidas sin gas: Elaboradas con pulpa natural de frutas como mango, guayaba, fresa, uva y manzana, entre otras.
  • Línea de refrescos: Bebidas carbonatadas con sabores tradicionales.

Para mantener este nivel de producción, la empresa procesa anualmente unas 20 mil toneladas de fruta y 24 mil de azúcar. Cabe destacar que, desde 2005, Pascual Boing cuenta con una certificación que garantiza que sus procesos están libres de insumos transgénicos, cumpliendo con los estándares solicitados en su momento por organizaciones como Greenpeace.

El Movimiento Obrero de Pascual Boing y la transformación a cooperativa

La empresa fue fundada originalmente por Rafael Víctor Jiménez Zamudio. En sus inicios, el negocio se centraba en paletas y agua purificada, hasta que eventualmente evolucionó hacia los refrescos. Con el tiempo, la fábrica se mudó a la colonia Tránsito, donde alcanzó su auge publicitario.

Fue en esta etapa donde nacieron personajes que se quedaron en la memoria colectiva:

  • El Pato Pascual: Ligado al famoso eslogan “Fruta en su refresco”.
  • Lulú: La imagen que dio rostro al refresco del mismo nombre.
  • Mexi-Cola: Un intento de competir en el mercado de las colas que, a pesar de tener el respaldo del ídolo del boxeo Raúl “Ratón” Macías, salió de circulación rápidamente debido a conflictos operativos y de competencia.

La transformación definitiva ocurrió tras la crisis económica de 1982. Ante la negativa del dueño de cumplir con los aumentos salariales decretados por el gobierno, los trabajadores iniciaron una disputa legal y social. Con el apoyo del líder social Demetrio Vallejo, los obreros ganaron el litigio tras la declaración de quiebra del patrón. Al final, fueron los propios trabajadores quienes compraron los activos, dando vida a la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual S.C.L.

Aunque el grupo logró rescatar la maquinaria y la marca, la propiedad de los terrenos originales —que incluían valiosos pozos de agua— quedó en manos de la familia del fundador. Esto generó un conflicto de arrendamiento que se agudizó a finales de los 80, llevando a la cooperativa a expandirse y adquirir antiguas instalaciones de Canada Dry en el norte de la ciudad para asegurar su operación.

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