Existe un mito persistente en el imaginario colectivo empresarial que vincula directamente a Carlos Slim Helú como el dueño original de la famosa marca mexicana de refrescos Jarritos. Sin embargo, la historia real es muy distinta y responde a una frecuente confusión entre dos empresas con nombres similares. Aunque el magnate efectivamente adquirió una embotelladora en su juventud, esa operación comercial no implicaba la propiedad de la icónica bebida de sabor tamarindo que conquistó las mesas del país y del extranjero.
El origen de este malentendido se remonta a 1965, cuando un joven Carlos Slim Helú de apenas 25 años decidió dar sus primeros pasos en el sector industrial. En aquel momento, el inversionista participaba principalmente en la bolsa de valores analizando bonos y acciones, pero buscaba una experiencia directa en la operación fabril. Fue así como adquirió la Embotelladora Jarritos del Sur, una planta ubicada en el estado de Morelos que atravesaba serios problemas financieros.
La adquisición de esta fábrica en Morelos sirvió como un verdadero laboratorio de aprendizaje práctico para Carlos Slim Helú. La transacción se realizó en sociedad: el futuro magnate compró el 40 por ciento de las acciones, su hermano adquirió otro 40 por ciento y un tercer inversionista conservó el 20 por ciento restante. Administrar esa embotelladora le enseñó a resolver conflictos laborales, negociar con proveedores y optimizar las cadenas de distribución en rutas locales.
La famosa marca de refrescos nacida en Guadalajara no perteneció a la embotelladora adquirida por el empresario.
Carlos Slim Helú y el origen de la confusión con la embotelladora Jarritos
La clave para resolver la confusión que envuelve a Carlos Slim Helú radica en distinguir entre la embotelladora regional que él administró y la marca nacional de refrescos. La emblemática bebida Jarritos fue creada en Guadalajara en 1950 por el químico Francisco "El Güero" Hill Juárez, quien formuló el refresco de tamarindo inspirado en las aguas frescas tradicionales. Esa firma creció de manera independiente hasta exportarse masivamente a mercados como Estados Unidos (EE. UU.).
Por su parte, la empresa en la que invirtió Carlos Slim Helú era una embotelladora local denominada Jarritos del Sur. Aunque compartían la palabra "Jarritos" en su denominación comercial, se trataba de dos entidades corporativas completamente independientes en su estructura legal y en sus líneas de productos. El magnate nunca fue dueño ni productor de la receta original concebida por el químico tapatío.
Las lecciones de administración y diversificación aprendidas en su juventud sentaron las bases para la creación de Grupo Carso.
Pese a no ser el dueño de la marca estelar, los retos operativos que Carlos Slim Helú enfrentó en la planta de Morelos resultaron fundamentales para su futuro. Superar la escasez de insumos y mantener a flote una fábrica con problemas le enseñó la importancia de la diversificación, una lección que aplicaría años más tarde al fundar gigantes como Grupo Carso (GC) e Institución de Banca Múltiple (Grupo Financiero Inbursa).