En un momento de reconfiguración política en América Latina, la presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, enviaron una señal clara de coordinación política y económica al fortalecer la relación bilateral mediante un acuerdo estratégico entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petrobras.
Mientras la derecha avanza en América Latina, Claudia Sheinbaum y Lula fortalecen el bloque de izquierda: acuerdo por el petróleo y defensa de la soberanía
El entendimiento entre México y Brasil va más allá de la energía: refleja un intento por consolidar un eje progresista en la región.
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Claudia Sheibaum y Lula consolidan el bloque México-Brasil.
El Memorando de Entendimiento (MoU) entre ambas compañías estatales petroleras consiste en acordar proyectos conjuntos en exploración, producción, refinación, petroquímica y fertilizantes. La firma se produjo en Río de Janeiro sin la participación de los mendatarios, pero los mismos ya habían hablado por teléfono la semana pasada, en donde también analizaron el contexto regional.
La alianza representa un movimiento relevante para México: Petrobras es considerada una de las compañías con mayor experiencia mundial en exploración de aguas profundas y ultraprofundas, un conocimiento que podría resultar estratégico para el desarrollo de nuevos yacimientos en el Golfo de México.
La presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, subrayó que la cooperación permitirá aprovechar la experiencia tecnológica brasileña tanto en exploración offshore como en el desarrollo de campos maduros, además de fortalecer procesos industriales de alto valor agregado.
Para Pemex, que enfrenta el desafío de incrementar producción sin elevar significativamente sus costos de extracción, el intercambio tecnológico puede representar una oportunidad para modernizar parte de sus operaciones sin depender exclusivamente de proveedores privados internacionales.
Sheinbaum-Lula: una alianza con fuerte contenido político
Aunque el acuerdo energético es el elemento más visible, el contenido político de la conversación fue igualmente significativo. Sheinbaum y Lula, en su último contacto telefónico, reiteraron su rechazo a cualquier forma de injerencia extranjera en los asuntos internos de los países latinoamericanos y defendieron principios como la soberanía nacional, la autodeterminación y la democracia.
En ese mismo sentido, ambos gobiernos coincidieron en respaldar la candidatura de Michelle Bachelet para la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas y expresaron nuevamente su apoyo a Cuba frente a las presiones internacionales.
Se trata de posiciones que históricamente han formado parte del discurso diplomático de los gobiernos progresistas de la región y que ahora vuelven a colocarse en el centro de la relación entre México y Brasil.
Un contrapeso progresista frente a una región que gira hacia la derecha
El acercamiento ocurre en un escenario político distinto al que predominó hace apenas algunos años. Mientras durante la denominada "segunda ola progresista" coincidieron gobiernos de izquierda en buena parte de América Latina, el panorama comenzó a modificarse con el regreso de administraciones de centroderecha y derecha en varios países.
En Colombia, los resultados provisorios de las elecciones del pasado fin de semana posicionan a Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, como le nuevo presidente: le ganó la batalla electoral al senador de izquierda Iván Cepeda, el canddiato de Gustavo Petro, actual mandataria cafetero y un hombre cercano a las ideas de Sheinbaum.
En cuanto a otros países de la región, el panorama es similiar: Argentina es gobernada por Javier Milei desde diciembre de 2023, Ecuador eligió a Daniel Noboa y José Antonio Kast preside Chile, entre otros casos. En ese contexto, México y Brasil aparecen como los dos gobiernos progresistas con mayor peso económico y demográfico de América Latina, lo que convierte su coordinación en un elemento de relevancia regional.
La cooperación entre Pemex y Petrobras también refleja una visión compartida sobre el papel estratégico de las empresas estatales de energía. Mientras varios países latinoamericanos han impulsado esquemas de mayor apertura al capital privado, tanto México como Brasil mantienen la idea de fortalecer a sus compañías nacionales como instrumentos de desarrollo económico, seguridad energética y política industrial.
La coincidencia resulta especialmente relevante en un contexto internacional marcado por la volatilidad de los precios del petróleo, la transición energética y la competencia global por nuevas fuentes de suministro.
¿Puede surgir un nuevo eje progresista?
Aunque todavía es prematuro hablar de un bloque regional formal, la coordinación entre Sheinbaum y Lula muestra la intención de construir posiciones comunes en temas energéticos, diplomáticos y económicos. México aporta el peso de la segunda economía latinoamericana y su estrecha relación comercial con Estados Unidos; Brasil, por su parte, mantiene liderazgo regional en producción industrial, agrícola y energética.
La combinación de ambos países podría convertirse en uno de los principales polos de influencia política de América Latina durante los próximos años, especialmente si la tendencia electoral continúa favoreciendo a gobiernos de derecha en otras naciones de la región.
Más allá del convenio entre Pemex y Petrobras, el mensaje político parece claro: frente a un continente cada vez más dividido ideológicamente, Ciudad de México (CDMX) y Brasilia buscan consolidar una agenda propia basada en la cooperación estatal, la soberanía energética y una mayor coordinación diplomática.
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