23 de octubre 2026 - 15:00

Nació en Nuevo León, se ganó la vida como lustrador de zapatos y convenció a su padre en comprar un molino de maíz que cambió su vida: creó uno de los imperios alimenticios más poderosos de México

Conoce la historia de este joven que comenzó a hacer negocios de muy joven en Nuevo León, y que consiguió establecerse como una de las fortunas más reconocidas. Checa quién es.

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Nació en Nuevo León, se ganó la vida como lustrador de zapatos y convenció a su padre en comprar un molino de maíz que cambió su vida: creó uno de los imperios alimenticios.

Roberto González Barrera pasó de lustrar zapatos durante su infancia a fundar Gruma, una de las empresas más importantes del mundo en la producción de harina de maíz y tortillas. Originario de Cerralvo, Nuevo León, el empresario convenció a su padre de comprar un molino de maíz que se convirtió en el punto de partida de Maseca, una marca que transformó la industria de uno de los alimentos fundamentales de México.

La historia de González Barrera comenzó lejos de las grandes oficinas empresariales. A los 11 años dejó la escuela para trabajar en una tienda de abarrotes de su familia y, con el paso del tiempo, diversificó sus actividades comerciales hasta encontrar una oportunidad de negocio en la producción industrial de harina de maíz.

En 1948, después de convencer a su padre, Roberto M. González Gutiérrez, ambos compraron un molino por 75 mil pesos y lo trasladaron a su localidad natal. La iniciativa sentó las bases de una compañía que décadas después se expandiría a distintos mercados internacionales y consolidaría a González Barrera como una de las figuras más destacadas del empresariado mexicano.

Esta es la historia de Roberto González Barrera, fundador de Gruma

De lustrar zapatos a convertirse en empresario

Roberto González Barrera nació el 1 de septiembre de 1930 en Cerralvo, Nuevo León. Desde pequeño comenzó a trabajar para contribuir a la economía familiar: primero se dedicó a lustrar zapatos y después se incorporó a la tienda de abarrotes que su padre tenía en la localidad, donde también comercializaban productos lácteos.

Su trayectoria no se limitó a los negocios familiares. Más adelante trabajó como conductor en una planta de Petróleos Mexicanos (Pemex), en Veracruz, y participó en un emprendimiento relacionado con una plantación de coco. Aunque aquella actividad le permitió reunir capital, una enfermedad de malaria lo llevó a regresar a Nuevo León, donde decidió desarrollar nuevos proyectos junto a su padre.

El molino de maíz que dio origen a Maseca

La decisión que cambió su vida llegó en 1948, cuando González Barrera logró convencer a su padre de invertir en un molino de maíz por 75 mil pesos. Ambos trasladaron la maquinaria a Cerralvo y comenzaron a desarrollar un negocio centrado en la producción de harina de maíz para elaborar tortillas, con la intención de convertir una actividad tradicional en una industria de mayor escala.

El inicio no estuvo exento de dificultades. Para poner en marcha el proyecto, padre e hijo tuvieron que vender sus otros negocios y, cuando se quedaron sin recursos suficientes, recibieron un préstamo del entonces gobernador de Nuevo León, Bonifacio Salinas Leal, a cambio de una participación accionaria. Aquel respaldo financiero les permitió continuar con la iniciativa que posteriormente daría origen a uno de los principales grupos alimenticios del país.

La empresa comenzó a operar formalmente en 1949 bajo el nombre de Molinos Azteca, antecedente de Gruma. Según la historia corporativa de la compañía, su primera planta producía alrededor de 150 toneladas mensuales de harina de maíz nixtamalizada y contaba con 45 trabajadores distribuidos en tres turnos.

Cómo creció el imperio alimenticio de Gruma

Durante la década de 1950, la empresa perfeccionó sus procesos de producción y desarrolló Maseca, nombre que surgió de la combinación de los conceptos de masa y seca. El producto permitió conservar la harina de maíz durante más tiempo y simplificó la preparación de la masa para tortillas, al requerir únicamente la mezcla con agua.

La expansión continuó durante las décadas siguientes con la apertura de nuevas plantas en México. En los años setenta, la compañía comenzó su internacionalización con operaciones en Costa Rica y posteriormente ingresó al mercado estadounidense, donde amplió su presencia mediante nuevas instalaciones y adquisiciones. La producción de harina de maíz y tortillas dejó de ser un negocio regional para convertirse en una actividad con alcance internacional.

En 1972, González Barrera organizó la compañía bajo la estructura corporativa de Gruma. Bajo su dirección, el grupo amplió sus operaciones y diversificó su presencia en el sector alimenticio, con productos que llegaron a distintos mercados de América, Europa, Asia y Oceanía.

Roberto González Barrera también lideró Banorte

Además de su trayectoria en la industria alimenticia, González Barrera construyó una carrera relevante en el sector financiero mexicano. Fue presidente del Consejo de Administración de Gruma y encabezó el Grupo Financiero Banorte, donde ocupó la presidencia desde 1992 hasta 2011 y posteriormente fue reconocido como presidente vitalicio de su consejo.

Su ascenso empresarial también estuvo acompañado de cuestionamientos por sus vínculos con figuras políticas y por episodios relacionados con su entorno de negocios. Su trayectoria incluyó controversias públicas, entre ellas su negativa a declarar en 2005 en un proceso judicial relacionado con Raúl Salinas de Gortari, según la información recogida en su biografía.

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