El sector de la comida tradicional en la CDMX alberga historias de crecimiento comercial basadas en el trabajo constante y la preferencia del público. En la escena local, la transición de los puestos ambulantes a grandes establecimientos formales representa un fenómeno recurrente dentro de la cultura gastronómica de la capital.
Quién es Toño, el hombre que empezó vendiendo quesadillas en una banqueta en Clavería y luego lo trsnaformó en un imperio de antojitos en CDMX
La historia de emprendimiento de un comerciante que convirtió un pequeño puesto de la vía pública en una de las cadenas gastronómicas más populares de la capital.
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Quién es Toño, el hombre que empezó vendiendo quesadillas en una banqueta en Clavería y luego lo trsnaformó en un imperio de antojitos en CDMX.
En la zona de la alcaldía Azcapotzalco inició un proyecto culinario enfocado en platillos típicos que rápidamente captó la atención de los vecinos del rumbo. Lo que comenzó como una opción de comida rápida sobre la vía pública se transformó de manera progresiva en un modelo de negocio altamente eficiente y escalable.
En este contexto, el restaurante conocido como “La Casa de Toño” logró la distinción por ser una de las cadenas más reconocidas que ofrecen un variado menú de antojitos.
Esta es la historia del dueño de La Casa de Toño
La historia de "La Casa de Toño" comenzó por iniciativa de Marco Antonio Campos. Casi al mismo tiempo que decidió lanzarse al mundo de los antojitos mexicanos, Marco Antonio comenzó sus estudios en Derecho en una universidad de la capital. Fue en 1978 cuando, junto al esposo de una prima, puso su primer puesto de quesadillas sobre la banqueta de la calle Floresta, una zona muy conocida de la colonia Clavería, en la alcaldía Azcapotzalco.
De acuerdo con el sitio web oficial del restaurante, la empresa reconoce sus orígenes: "Fundamos la casa empezando con un puesto de quesadillas y antojitos en la colonia Clavería de la CDMX. A lo largo de los años hemos ido creciendo de boca en boca gracias a ti, hasta convertirnos en la cadena restaurantera más famosa de la CDMX".
Sin embargo, esa primera sociedad duró apenas un instante. Según contó Miguel Prado, director financiero de la marca, a la revista Forbes, el socio que aportó el dinero para el anafre y los ingredientes decidió retirarse casi de inmediato. Lejos de desanimarse, Toño tomó las riendas en solitario y mantuvo a flot el puesto callejero, ganándose a la clientela con la calidad de su propuesta. Prado destaca que la calidez y la velocidad en la atención siempre fueron el sello distintivo de Toño, valores que más tarde transmitió a todo su equipo.
Esa cercanía con la gente fue clave desde el principio. Aunque en un inicio bautizó el puesto como "Las dos poblanas" en homenaje a su madre y a su abuela (quienes preparaban la comida), los clientes habituales simplemente decían que iban a "La Casa de Toño", nombre que terminó por quedarse.
Su impecable forma de trabajar también le valió el respeto de los proveedores en la Central de Abastos. Marco Antonio solía pagar de contado cada insumo que compraba, rechazando cualquier tipo de crédito para no endeudar su negocio.
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