Detrás de las grandes corporaciones de la industria alimentaria, a menudo se esconde una receta familiar que cambió el rumbo de una generación. En el occidente de México, el apellido Ibarra no solo es sinónimo de tradición en las mesas de los hogares, sino que representa uno de los casos de éxito empresarial más fascinantes de Jalisco.
Su esposa cocinaba un chocolate casero exquisito en Jalisco, comenzó a venderlo y creó que una compañía que los convirtió en millonarios con ventas a todo México y Estados Unidos
Lo que comenzó como un obsequio para familiares y amigos en 1925, se transformó en la primera marca mexicana de chocolate de mesa en conquistar el mercado estadounidense. Esta es la historia de la familia Gómez Ruiz.
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Conoce la historia de una de las empresas chocolateras más importantes de México.
El imperio que hoy conocemos como Chocolate Ibarra nació de la conjunción de dos talentos: la sazón inigualable de una receta casera y la audaz visión comercial de un agricultor convertido en empresario.
El origen de Chocolate Ibarra: de la cocina al mercado
La historia se remonta a finales del siglo XIX. Don Camilo Gómez Ibarra, nacido en 1879, dedicó su juventud a la agricultura, una labor que forjó su carácter y su instinto para los negocios y el comercio. En 1899, contrajo matrimonio con Doña María Ruiz, sentando las bases de la familia que revolucionaría la industria cacaotera de la región.
El verdadero punto de inflexión ocurrió en 1925. Doña María comenzó a elaborar de manera artesanal un chocolate de mesa para regalar a sus familiares y amistades cercanas.
El éxito fue tan rotundo y la aceptación tan generalizada, que el matrimonio detectó de inmediato una oportunidad de negocio insuperable. La calidad, el aroma y el sabor del producto casero tenían el potencial para competir en el mercado abierto. Fue en ese momento cuando decidieron dar el salto a la comercialización formal.
La industrialización del sabor de Chocolate Ibarra
Don Camilo entendió que para escalar el negocio no bastaba con la producción manual, pero tenía una regla de oro: la industrialización no debía sacrificar el concepto de un chocolate 100% natural y mexicano.
En 1930, la empresa invirtió capital en la compra de maquinaria especializada. Este movimiento estratégico les permitió multiplicar su volumen de producción para satisfacer la creciente demanda, logrando que sus tablillas de chocolate llegaran a todos los rincones y hogares de Jalisco.
Para sostener este crecimiento exponencial, la compañía integró a la segunda generación familiar. Sus hijos Guillermo, Gustavo y Ernesto se sumaron a la operación, inyectando nueva energía a la empresa.
Cruzando fronteras: el hito de 1948 para Chocolate Ibarra
El mercado nacional pronto quedó pequeño para la ambición de la familia Gómez Ruiz. En 1948, Don Camilo logró un acuerdo que marcaría un hito en la historia del comercio exterior del país: cerró la primera exportación de su chocolate de mesa a los Estados Unidos.
Este movimiento estratégico convirtió a la naciente compañía jalisciense en la primera marca de chocolate mexicano en venderse de manera oficial fuera de las fronteras del país, abriendo el camino para la exportación de productos nostálgicos.
Chocolate Ibarra: el legado de un visionario
Don Camilo falleció en 1955 a la edad de 76 años, pero dejó cimentadas las bases de una de las corporaciones alimentarias más importantes del occidente de la República.
Desde aquellos primeros bloques de cacao amasados en la cocina de Doña María hasta las líneas de producción actuales, la compañía se mantiene como el estandarte del chocolate genuino por excelencia, conservando la tradición que la convirtió en un negocio millonario y en un símbolo de orgullo nacional.
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