En el plan perfecto de Dios, el matrimonio entre un hombre y una mujer ocupa un lugar fundamental. Así lo confirma la Biblia: " Quien prohíbe casarse no es ordenado por Dios, porque el matrimonio lo decretó Dios para el hombre" (D. y C. 49:15). Desde el principio de los tiempos, esta unión sagrada ha sido una ley del Evangelio, establecida para perdurar eternamente, trascendiendo los límites de la vida terrenal.
En el Jardín del Edén, antes de la existencia de la muerte, Dios unió a Adán y Eva en matrimonio eterno. Esta pareja ejemplar transmitió las enseñanzas sobre esta unión sagrada a sus descendientes. Sin embargo, con el paso del tiempo, la iniquidad corrompió el corazón de la humanidad, lo que llevó a la retirada de la tierra de la autoridad para efectuar esta sagrada ordenanza.
Matrimonio eterno: los beneficios según la Biblia
Como Santos de los Últimos Días, nuestra visión se extiende más allá de lo terrenal, enfocándonos en la eternidad. No nos conformamos con lo pasajero, sino que buscamos bendiciones duraderas, y el matrimonio eterno las ofrece en abundancia.
Entre las bendiciones del matrimonio eterno se encuentra la certeza de que nuestro matrimonio puede trascender la muerte, nos impulsa a esforzarnos por una relación feliz y duradera. La muerte solo nos separa temporalmente; nada, excepto nuestra propia desobediencia, puede romper este vínculo eterno.
Además, saber que nuestros lazos familiares continuarán en la eternidad nos motiva a ser mejores padres. Nos inspira a instruir a nuestros hijos con paciencia, amor y dedicación, creando un hogar armonioso y lleno de felicidad. Al contraer matrimonio por la senda divina, nos hacemos acreedores a la constante compañía del Espíritu Santo en nuestro hogar, siempre que nos mantengamos dignos de su presencia.
Casamiento, matrimonio
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La influencia de la perspectiva eterna:
- Una visión eterna del matrimonio y la familia transforma nuestra manera de vivirlos:
- Fortalece el compromiso: La certeza de un futuro eterno juntos nos motiva a superar desafíos y fortalecer el vínculo matrimonial.
- Aumenta la paciencia y el amor: Saber que nuestros seres queridos estarán con nosotros para siempre nos inspira a ser más pacientes, comprensivos y amorosos en nuestras interacciones diarias.
- Eleva la crianza de los hijos: Educamos a nuestros hijos con la eternidad en mente, inculcándoles valores duraderos y preparándolos para un futuro glorioso junto a ellos.
El matrimonio eterno es esencial para la exaltación, según la Biblia
Comprender que el matrimonio entre un hombre y una mujer es una creación divina reviste una importancia fundamental para la exaltación. Esto es porque el matrimonio eterno es un requisito indispensable para alcanzar la más alta gloria celestial. Junto a otros principios y ordenanzas como la fe, el arrepentimiento, el bautismo y la recepción del Espíritu Santo, forma parte del camino hacia la divinidad.
Mientras que muchos en el mundo ven el matrimonio como una mera costumbre social o un acuerdo legal para la convivencia, para los miembros de la Iglesia representa un significado mucho más profundo. Esta unión sagrada, considerada la relación más elevada entre un hombre y una mujer, ejerce una influencia determinante en la felicidad tanto en la vida presente como en la eternidad.
Casamiento, matrimonio
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La ley del matrimonio eterno, otorgada por nuestro Padre Celestial, nos brinda la oportunidad de progresar y llegar a ser como Él. El Señor lo expresó con claridad: "En la gloria celestial hay tres cielos o grados; y para alcanzar el más alto, el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio [es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio]; y si no lo hace, no puede alcanzarlo" (D. y C. 131:1–3).
La importancia de casarse en una Iglesia, según la Biblia
Para los Santos de los Últimos Días, el matrimonio no es solo una unión terrenal, sino un compromiso sagrado que se extiende a la eternidad. Esta visión celestial debe ser la meta de todo miembro fiel, incluyendo aquellos que ya se han casado por civil.
Alcanzar este anhelo eterno requiere una preparación profunda, basada en la meditación y la oración ferviente. Solo aquellos que viven de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia y demuestran una vida digna son considerados aptos para entrar en el templo sagrado (D. y C. 97:15-17).
La decisión de casarse en el templo no es un acto impulsivo, sino un proceso cuidadosamente planificado. Se requiere ser miembro activo y digno de la Iglesia por al menos un año antes de iniciar el proceso. Los hombres deben poseer el Sacerdocio de Melquisedec.
El presidente de rama o el obispo realizará entrevistas para evaluar la dignidad del futuro matrimonio. En caso de no cumplir con los requisitos, se ofrecerá guía y apoyo para alcanzar la preparación necesaria. Si se considera digno, el presidente de rama o el obispo extenderá una recomendación para entrar al templo. Antes de la ceremonia, el presidente de estaca o de misión también realizará una entrevista final para confirmar la dignidad de la pareja.
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